El arte del siglo XXI no tiene límites. Muchos artistas ya han salido del cuadro o de su zona de confort para crear sus obras al aire libre. Para ellos el mundo es en sí el taller, la escultura o el lienzo. La obra de arte, la herramienta con la que compartir lo expresado con otras personas. Es el caso de Ella y Pitr, conocidos como “Les Papiers Peintres”, una pareja de creadores franceses que pintan grandes obras y también obras grandes. Dentro de las viviendas y también fuera. Así, literalmente.

Pintan lienzos, paredes, pisos y techos. Viven y trabajan en Saint-Étienne donde tienen su taller. Hacen Street Art o arte urbano con el que logran revitalizar diversos espacios públicos y acercar el arte a la gente. Ellos se definen como dos perros callejeros, que observan, miran todo a su alrededor y rescatan a través del Street Art espacios urbanos “abandonados, grises o vacíos”. También defienden la idea de que el espacio público es de todos y de que la vida es un desequilibrio permanente,

Sus primeros dibujos los realizaron por Saint-Étienne, cuyos muros tienen para ellos una magia especial. “Son bonitos, tienen una historia, son testigos del pasado”, explicó el dúo vía email a The Huffington Post. “St. Étienne es una ciudad vieja, solía haber muchas minas de carbón y es fácil encontrar edificios abandonados donde podemos trabajar”.

Consideran que el arte urbano tiene un sentido político. Es decir, crean un accidente en la calle para que la gente reaccione. “La gente trabaja y viaja y camina por la ciudad que está en constante movimiento y de pronto se encuentran con este pedacito de arte, con esta foto o mural que pone su mente en movimiento. Y eso es lo que queremos hacer, llevar eso a toda esa gente”, declararon hace algunos años a The Clinic.

Hasta la fecha, sus intervenciones han sido de tres tipos: interiores y exteriores, y estas últimas de pequeña y gran escala. Las de pequeña escala buscan la interacción del espectador en el espacio urbano. Con ellas empezaron su periplo creativo en 2010. Se componían de unos cuadros de papel, pintados con tinta china, que después se pegaban en las paredes de las ciudades para que los espectadores se hicieran selfies con ellos. “Fue la idea de tener una especie de retrato de nuestro tiempo y jugar con nuestro público, con el que no podemos tener contacto normalmente. Pero es solo un juego, no es realmente una parte de nuestro trabajo”, aseguraron.

La intervención interior llegó en 2012 con Anamorphoses (‘Anamorfosis’) o el engaño visual de una única perspectiva. La propia palabra nos revela el secreto de la creación. La anamorfosis es aquella pintura o dibujo que ofrece a la vista una imagen deforme y confusa, o regular y acabada, según desde donde se la mire. Y en efecto, esta serie utiliza espacios abandonados para crear ilusiones ópticas en tres dimensiones, combinando la pintura con la propia arquitectura del edificio. Las coloridas imágenes varían dependiendo del ángulo de observación. Al añadir marcos a las pinturas, las personas que pasean parecen introducirse dentro de retratos.

También desde 2013 comenzaron a pintar en los techos de las fábricas, en edificios, aeropuertos y enormes campos de fútbol. Se trata de personajes colosales que parecen sacados de algún cómic, libro infantil o graffiti. Únicamente pueden ser contemplados desde el aire o a muchos metros de distancia. Llevan pintados más de cuarenta. Sus tamaños oscilan entre los 400 metros cuadrados y los 21.000. Destaca la pieza titulada Lilith and Olaf, considerada la más grande del mundo y que fue pintada en el techo de un edificio de la compañía de construcción Block Berge Bygg, con motivo de la inauguración de la 15ª edición del festival NuArt, celebrado en Noruega. El más reciente es el mural Le Naufrage de Bienvenu, con el que abordan la gravedad de la crisis global de los refugiados. Sus lienzos se exponen en la Gallery Feuvre de París.

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