Foto: Alaa Badarneh.

Mientras la Organización de las Naciones Unidas y sus obligaciones de velar por los derechos humanos de toda la población mundial miraban para otro lado, la ocupación israelí ha dejado en los territorios palestinos cerca de un centenar de muertos mientras las protestas continúan y las prácticas del ejército israelí para combatir a los manifestantes se vuelven cada vez más desmesuradas.

Según los últimos tratados internacionales que se han firmado bajo el ojo eventualmente crítico de la ONU, el empleo de armas como puede ser el gas pimienta sólo está permitido concretamente en este territorio (ya que cada país cuenta con una legislación diferente al respecto) siempre que sea en condiciones de control de manifestantes y no en un contexto de guerra civil. Evidentemente, la lingüística avala a los israelíes que han decidido que esto no debe considerarse una guerra a pesar de que, por menos, la lucha de los republicanos con tenedores contra la ocupación franquista ya recibía tal consideración. Pero dejando atrás una semántica que nunca está del lado de los perdedores, el gas pimienta no es la única arma contra la que se combaten las piedras lanzadas desde las filas palestinas. El nuevo juguete con el que se entretienen los israelíes se llaman balas dum dum que no sólo provocan el efecto inmediato de un disparo normal sino que al entrar en el organismo se deshace en pequeños proyectiles se esparcen por todos los órganos adyacentes, provocando las muerte en casi la totalidad de los disparos. Sin olvidarnos, por supuesto, de las maravillosas balas que te matan los nervios e impiden el movimiento en la zona afectada.

Todo un armamento prohibido de forma clara por los tratados internacionales. Hola cascos azules de las Naciones Unidas ¿Estáis ahí? ¿O es que tener que escalar tantos peldaños para conseguir el sí a una intervención os impide desarrollar operaciones para salvar personas? Una organización paradójica en sí misma que fue creada bajo las circunstancias que se sucedieron tras la segunda guerra mundial y su consiguiente orden subyacente que establecía a EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido como principales potencias y, por lo tanto, con derecho a veto de las resoluciones que quisieran llevarse a cabo y que se desarrollan también en la actualidad. Porque sí, el orden mundial cambia, las relaciones entre países también (los que les lleva a vetarse entre ellos como si estuvieran en el patio del colegio) pero la ONU y sus acciones se mantienen en estado de hibernación.

Mientras todo esto es pasado por alto no sólo por los políticos a nivel internacional sino también por todo ciudadano estándar que no se encuentre en Oriente Próximo, Hamás, el brazo armado del gobierno palestino que se encarga de la Franja de Gaza empieza con los preparativos para la tercera Intifada, sin olvidar que la primera (1987-1993) dejó 1374 palestinos muertos frente a 93 israelíes y la segunda (2000-2005) dio como resultado 5516 desde las filas palestinas y 1063 israelíes.

Evidentemente, con respecto al grupo Hamás, las consideraciones son muy variadas en la comunidad internacional, en la que algunos países como Estados Unidos, Israel (era evidente que su percepción no iba a ser otra), Japón, Canadá o Australia lo tildan de grupo terrorista mientras que otros se mantienen al margen, aunque desde el 2014 el Tribunal de Justicia Europeo ordenó retirarlo de la lista de grupos terroristas a la espera del examen del Consejo de la Unión Europea. En cuanto a sus ideales, que se desarrollan bajo el nacionalismo palestino, el islamismo y el sunismo, dan a su gobierno unas ligeras pinceladas de radicalismo frente al estatismo del gobierno de Fatah en Cisjordania, que ha dejado no sólo a una población entera desprotegida frente a las incursiones israelíes, sino que su apoyo financiero a los campos de concentración que se están gestando en toda Palestina sigue quedándose por el camino. Sinceramente no sé que es peor, si un gobierno que responde con bombas o un gobierno que no responde.

A pesar de la falta de movimientos en el tablero por parte de gobiernos y organizaciones, los civiles palestinos siguen siendo masacrados y arrestados por manifestarse en las guerras de otros que a su vez se desarrollan otro tablero muy diferente: el de los grandes despachos donde los intereses económicos siguen superando en prioridad a las muertes y donde los gobiernos deciden el curso de los países según los recursos que puedan aportar al mercado internacional. Israel tiene petróleo, Israel nos interesa que sobreviva, lo que se traduce en un auge de exportación de armas a la zona.

Los conflictos ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman y aumentan su grado, dirigiéndose hacia aquellos países que no cuentan con nada con lo que defenderse. Batallas fáciles que llevan a victorias fáciles donde nadie defiende los derechos humanos y estos humanos a su vez siguen siendo números a los que nadie presta atención.

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Periodista. Comprometida con la información. Sobre todo con “esos muertos que no interesan a nadie”. Colabora con Columna Cero y con la Fundación PorCausa Actualmente, cubriendo la situación de Palestina para informar de manera directa de lo que allí sucede.

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