Este 28 de Julio,  el Perú  cumplió  dos siglos de independencia política, pero atravesando  una crisis generalizada de corrupción pública – privada y el inminente peligro de sufrir una quiebra del Estado de derecho, porque su estructura constitucional no da para más.

Las múltiples  revelaciones   de  escándalos financieros en diferentes instancias de  la administración nacional, no encuentran  respuestas del poder  político, en tanto  crece la indignación en calles y plazas.

Este desencuentro se debe a que el presidente de la República, Martín  Vizcarra, si bien goza del apoyo ciudadano, no pertenece a ningún partido político formal, tampoco del parlamento, cuya  mayoría tiene el control del poder judicial, cuyas últimas revelaciones dejan una bomba de tiempo para el frágil  Estado.

Sin embargo, la ciudadanía espera, con mucha reserva, la propuesta de reforma judicial elaborada por una comisión especial que el Jefe de Estado designó hace dos semanas.

Pero las marchas pacíficas en calles y plazas  exigen la  renovación  profunda del Estado, demanda que comienza a ser violentada por agentes de  mafias descubiertas  que han hecho del país un botín del narcotráfico, del presupuesto nacional,  de la infinita evasión de impuestos, entre otros delitos.

Según Transparencia Internacional  “para luchar contra la corrupción no hay fórmulas mágicas. Necesitas las instituciones, la información, una Justicia independiente, profesional y honrada.

Este 28 de Julio, la  ciudadanía peruana remarca que es urgente enfrentar tres grandes desafíos: pobreza, competitividad e integración. El Perú es parte de la problemática Latinoamérica,  que necesita afianzar la estabilidad económica. La Región tiene 220 millones de personas que viven en la pobreza, y casi la mitad de ellas son indigentes. Un 40 por ciento de los ingresos nacionales son apropiados por el 10 por ciento de la población más rica.

La pobreza y desigualdad son dos variables que han golpeado históricamente a los países que forman América, con una estructura de poder oligárquica fraguada en el marco del colonialismo y cuya herencia ha perdurado.

Frente a la falta de oportunidades del mundo rural, las consecuencias de un éxodo descontrolado en busca de mejoras en las condiciones de vida se dejaron notar en un entorno urbano incapaz de absorber el drástico crecimiento poblacional.

La industrialización del modelo productivo, dependiente de la inversión extranjera, comenzó a desarrollarse en los años setenta, pero pronto se estancó en la medida en que los precios de las materias primas comenzaron a caer y el modelo fue incapaz de cubrir la amplia demanda de empleo.

Las investigaciones históricas más recientes revelan que en América Latina y sobre todo en el Perú,  la Independencia no fue el resultado de un conflicto entre metrópoli y colonia sino principalmente la consecuencia de una pugna en Europa entre metrópolis competidoras por el dominio universal.

Según el historiador Heraclio Bonilla y el antropólogo José Matos Mar las masas populares estuvieron ausentes porque en el proceso de la Independencia no entraron en juego sus intereses. Fue un conflicto de minorías para minorías.

Jan Lust, economista holandés, explica que en el Perú las elecciones presidenciales de 1990 marcaron un punto de inflexión en su historia política, económica y social. Apenas once días después de su toma de posesión, el presidente Alberto Fujimori puso el país en un rumbo neoliberal.

La corrupción de este régimen a lo largo de casi tres décadas ha mantenido una administración dadivosa con el capital privado y una enmarañada red de corrupción local, regional, nacional articulada con el exterior.

La debilidad actual de la izquierda socialista podría atribuirse a la convergencia de una variedad de factores que se remonta a los años ochenta y noventa.

-¿Qué hace falta para que el Estado peruano represente a todos los peruanos y peruanas, especialmente a las poblaciones marginadas? -Existe un abuso del poder en beneficio privado, según Transparencia Internacional.

“Depender sólo del crecimiento económico para enfrentar el problema de la pobreza en América Latina difícilmente permitirá conseguir el objetivo planteado para esta década, otorgando a la Educación el espacio indispensable”, advierten centenas de estudios de la Región. El país vive indignando porque millones de personas sienten el desgobierno ante el legalismo absorbente, triquiñuelas de las que se valen diferentes líderes de partidos que siguen viviendo de las planillas del  Estado.

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