Era la gran esperanza blanca del Partido Popular, un ‘mirlo blanco’ con el que afrontar un futuro limpio de corrupción, pero la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, les ha pinchado el globo. Un informe en el que vinculan a la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, con un posible delito de cohecho y otro de prevaricación, la ha dejado a los pies de los caballos, aunque el juez Eloy Velasco, instructor del caso Púnica, no ha apreciado indicios de delito suficientes como para imputar a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero el ruido ya estaba en el ambiente y las miradas de sospecha se han vuelto contra ella.

En el caso que la salpica aparece un turbio personaje que es la salsa de todos los guisos de corrupción en Madrid: Arturo Fernández, el gran beneficiario, a través de su empresa Cantoblanco, de todas las adjudicaciones de restauración y benefactor de la Fundación Fundescam, con la que el PP, presuntamente, financiaba campañas electorales de Esperanza Aguirre e incluso del propio Mariano Rajoy.

El caso es que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil remitió al juez Eloy Velasco un documento sobre la presunta implicación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, en las supuestas irregularidades en la adjudicación del contrato de comedor y cafetería de la Asamblea de Madrid, cuando ella era vicepresienta del parlamento regional, al Grupo Cantoblanco del empresario Arturo Fernández, imputado en el caso Púnica por aportar fondos a la caja B del PP madrileño. La cuestión es buscar las razones por las que se ha filtrado ese informe remitido al juez y quién lo ha hecho circular en los medios de comunicación.

Desde el primer momento se ha apuntado al llamado “fuego amigo”; esto es, de las propias filas del PP donde Cifuentes tiene suficientes adversarios como para que sea posible. En primer lugar se apuntó a la vicepresidente Soraya Sáez de Santamaría como promotora de la filtración, por considerarse que Cifuentes es persona de confianza de la secretaria general, María Dolores de Cospedal quien, según cuentan, mantiene un pulso soterrado con la vicepresidenta por el control y el poder en el Partido Popular. Finalmente todas las miradas y los dedos acusadores se han girado a la ex presienta de la Comunidad y del PP madrileño, Esperanza Aguirre. Y ahí empiezan a encajar más las fichas.

Sea quien fuere el o la que haya filtrado el informe, hasta ahora sin consecuencias judiciales, lo que ha conseguido es que todos se pregunten: ¿Pero tú también Cristina?

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