“Lo llevo en la sangre, me tira”. El Premio Nobel de Literatura colombiano, hijo del telegrafista de Aracataca que nos hizo comprender que conocer el hielo era una experiencia tan maravillosa en la mente del coronel Aureliano Buendía como la mágica Macondo cuando estaba frente al pelotón de fusilamiento, no quiso nunca ser recordado como escritor. Él era periodista, se sentía periodista, vivía el periodismo, lo amaba… “Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista, aunque se vea poco”, no se cansaba de repetir. Nadie duda a estas alturas que en su literatura había periodismo a raudales, del mejor posible, como lo demostró con obras maestras universales del pasado siglo XX como Cuando era feliz e indocumentado, Relato de un náufrago, La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile o Noticia de un secuestro. Pero también en Crónica de una muerte anunciada o en el bellísimo cuento largo de 1972 La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, por poner varios ejemplos.

Ni siquiera Cien años de soledad, su aclamada obra maestra universal, cercenó sus ansias de que lo conocieran como periodista antes que como escritor

Ni siquiera Cien años de soledad, su obra cumbre, su aclamada obra maestra universal, una de las mejores de todos los tiempos, cercenó sus ansias de que lo conocieran como periodista antes que como escritor o novelista. De ahí que subrayara lo de “lo llevo en la sangre” cuando le preguntaban por lo que él rubricó como “el mejor oficio del mundo”.

En el prólogo a la antología de la obra periodística presentada ahora por Literatura Random House con el título El escándalo del siglo, Jon Lee Anderson asegura que “esta hipérbole [“el mejor oficio del mundo”] fue inspirada por un sentimiento de respeto y afecto hacia una profesión que hizo suya al mismo tiempo que daba los primeros pasos como escritor”.

Con el periodismo se ganó su primer sustento, aunque su padre se empeñó muy pronto en que estudiara Derecho como la mejor manera de que se hiciera un hombre de provecho, eso que desean todos los padres para sus hijos. Evidentemente, erró el enfoque y por supuesto el tiro. Ya entonces, allá por 1947, vio publicados sus primeros cuentos en el diario El Espectador. El resto es ya historia.

Los cincuenta textos periodísticos aquí seleccionados, escritos entre 1950 y 1987, forman parte de los cinco tomos en los que Jacques Gilard compiló su monumental Obra periodística. Gilard apunta que “el periodismo de García Márquez fue principalmente una escuela de estilo, y constituyó el aprendizaje de una retórica original”. Afortunadamente, nadie pudo llegarle a la suela de sus zapatos, aunque lo intentara una y mil veces. Otros más inteligentes ni se atreven a hacerlo.

Como botón de muestra de su genialidad periodística, el comienzo del reportaje que da título a este volumen y subtitulado magistralmente así: “Muerta, Wilma Montesi pasea por el mundo”, escrito desde Roma sobre la muerte de una joven italiana, que le da pie al colombiano para retratar a las élites políticas y artísticas del país. “La noche del jueves 9 de abril de 1953 el carpintero Rodolfo Montesi esperaba en su casa el regreso de su hija Wilma. El carpintero vivía con su esposa, Petti María; con su hijo Sergio, de diecisiete años, y con otra hija soltera, Wanda, de veinticinco años, en el número 76 de la vía Tagliamento, en Roma. Es una enorme casa de tres pisos, de principios de siglo, con 400 departamentos construidos en torno a un hermoso patio circular, lleno de flores y con una pequeña fuente en el centro. Sólo hay una entrada al edificio: un portón gigantesco con arcos de vidrios rotos y polvorientos. Al lado izquierdo del portón de ingreso al edificio está el cuarto de la portera, y encima de la portería, una imagen del Corazón de Jesús, alumbrado por una bombilla eléctrica. Desde las seis de la mañana hasta las once de la noche la portera controla rigurosamente la entrada al edificio”.

Tan sencillo, tan directo, tan concreto, tan detallista… Tan genial. Consejo para aprendices de periodismo: No intenten imitarlo jamás, nunca será igual. Aprendan de Gabo, léanlo, pero no quieran ir más allá. Ejerzan “el mejor oficio del mundo” como les dicte el corazón y la cabeza.

 

El escándalo del siglo
Gabriel García Márquez
Prólogo de Jon Lee Anderson
Literatura Random House
368 páginas
18.90 €

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