El título de esta nota no es más que una definición más de “coherencia” y en este caso coherencia política.

La compra del chalet por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero puede abordarse desde múltiples aristas. Se puede evaluar el préstamo que obtuvieron para realizar la compra y en qué condiciones fue otorgado, y cotejar entonces el aspecto financiero; se puede evaluar el lugar en donde se ubica el predio y contemplar así el aspecto inmobiliario; se puede morigerar la cuestión ética de la compra, que en cierto modo engloba a las anteriores.

Ambos políticos obtuvieron un crédito de € 540.000 a 30 años para poder comprar su vivienda en Galapagar lo que los compromete a pagar, según sus propias palabras, alrededor de € 800 mensuales cada uno.

Para ser claros, hasta donde sabemos el dinero que se utiliza para la compra es bien habido y tienen todo el derecho de querer vivir donde quieran o puedan, puesto que con su dinero pueden hacer lo que les plazca. El problema es cuando uno hace de la ética una bandera y como al descuido la arría.

No es ético acusar a otros colegas por la política que están dispuestos a adoptar. Lo que es malo para otros también es malo para uno. No es que la ideología matice ciertas situaciones. Y mientras los líderes de PODEMOS pretenden representar a los desplazados de las políticas de la casta, terminan siendo parte de lo que critican. No pretendemos que para defender los derechos de los que menos tienen tengan que vivir como uno de ellos, pero cierto es que no es ético el pretender hablar de moralidad cuando no se la practica.

Se preguntaba Pablo Iglesias unos años atrás ‘¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta € 600.000 en un ático de lujo?’, y podríamos preguntarle a Pablo Iglesias hoy ‘¿Entregarías la política económica del país a quien se gasta € 600.000 en un chalet?’ El problema de fondo no es en qué se gasta el dinero sino el dinero que se gasta.

La cuestión es sencilla. Es saber si se está dispuesto a vivir de acuerdo a como se propugna que se debe vivir. Parece un trabalenguas pero es claro. ¿Iglesias y Montero están dispuestos a vivir como ellos exigen que deben vivir sus colegas? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Por estos días esta situación parece un ideal difícil de alcanzar, puesto que no abundan los ejemplos y nos hemos desengañados con muchos de quienes creíamos que podían serlo, pero cuando se recurre a la historia hay espejos donde mirarse. No muchos, lamentablemente, pero los hay. El ex Presidente argentino Arturo Umberto Illia es quizás el mejor de ellos.

Asumió la Presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1963 por un período de 6 años, pero fue depuesto por las Fuerzas Armadas el 28 de junio de 1966, dando inicio a uno de las épocas más oscuras de la historia nacional y dejando atrás un período que el Nobel en Química Luis Leloir definió como ‘una brevísima edad de oro en las artes, la ciencia y la cultura’.

Al llegar al gobierno, el Doctor Illia tenía su casa en la ciudad de Cruz del Eje, que le había sido obsequiada por sus vecinos, sus útiles de consultorio puesto que era médico, un automóvil, y un depósito bancario de 300.000 pesos. Mientras ocupó la Presidencia su mujer debió ser tratada médicamente por padecer cáncer, el Presidente Illia afrontó los gastos del tratamiento de su esposa con su patrimonio sin utilizar un solo centavo de los fondos reservados de Presidencia de los que disponía.

Esto llevó a que cuando el 29 de junio de 1966 se presentó en Casa de Gobierno para rendir cuentas de su patrimonio ante el Escribano General de Gobierno, éste certificó que el Presidente Arturo Illia seguía teniendo la casa, pero había perdido el automóvil y el saldo del banco. Declaró como toda pertenencia 2 trajes grises, 1 traje negro, 2 sacos sport, 3 camperas, 4 pullovers, 8 camisas de vestir, 4 camisas de manga corta, 10 pares de medias, 3 pares de zapatos negros, 1 par de chinelas, 1 deshabillé, 1 salida de baño, 8 juegos de ropa interior, 10 corbatas, 3 pijamas, 1 par de anteojos negros y un portafolios.

Y más cercano en el tiempo, y al pensamiento que dicen defender Iglesias y Montero, está el ejemplo de José ‘Pepe’ Mujica. En su opinión ‘La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor; a los que les gusta la plata, bien lejos de la política’, por eso aboga ‘por una manera personal de vivir con sobriedad’. Y su ejemplo de vida así lo prueba, siguiendo viviendo donde vivió siempre, siempre que no estuvo preso, con el mismo auto que tuvo siempre, y con las mismas ideas y el mismo accionar que tuvo siempre.

Como se ve, se pueden hacer las cosas de otra manera, sólo hay que estar dispuesto a pensar lo que se hace, hacer lo que se dice y decir lo que se piensa.

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