ComparteEl 6° informe de gobierno del presidente está marcado por la crueldad y la impunidad, Peña Nieto se impuso en las elecciones gracias al dinero de empresas como OHL y Odebrecht, a las que cumplió con generosas concesiones y millonarios contratos.

Entre los sobornos está su casa, la llamada casa blanca. Revelación que tuvo la censura como consecuencia, Carmen Aristegui fue sacada de la radio por incomodar, así como le molestó la resistencia de los ejidatarios al aeropuerto siendo gobernador, ordenó reprimir al extremo del ataque sexual contra las mujeres de San Salvador Atenco para escarmiento del pueblo.

Ayotzinapa es el crimen de lesa humanidad que lo acompañará más allá de la vida, la historia de México habrá de comprenderse a través de este aterrador suceso, sólo comparable con los campos de exterminio del fascismo o las masacres del porfiriato contra indígenas.

El gobierno más corrupto y más violento de la historia es el de Enrique Peña Nieto, un presidente que aniquiló los restos del Estado social de derecho que quedaban, un gobernante que a punta de metralla intentó implementar la privatización de la educación y a base de corrupción entregó la explotación petrolera.

Llegó el final de esta pesadilla, México resistió el embate de los grandes intereses, México aguantó la crueldad de la identidad entre crimen y Estado, soportó a la oligarquía que hoy intenta preservar privilegios, una poderosa minoría que le apuesta a la simulación, que piensa que los pobres deben pagar los impuestos que dejan de recaudarse gracias a la evasión de sus fortunas.

Las más de 150 mil ejecuciones, las más de 20 mil desapariciones, los más de 7 mil feminicidios, los cerca de 200 periodistas asesinados por el ejercicio de su profesión, o los más de 10 millones de mexicanos que trataron de encontrarse la vida en Estados Unidos son el saldo de esta administración de la muerte.

Suena ligera la simple expresión de cifras, pero detrás hay millones de mexicanos que sufren la ausencia de sus seres queridos, un pueblo que está cercenado sin sus jóvenes y mujeres que debían estar haciendo realidad sus sueños.

Además de esta crisis humanitaria la economía quedó hecha trizas, duplicó la deuda, más de 10 billones de pesos, equivalente prácticamente a la mitad del Producto Interno Bruto, ese es el remedo de Estado que entregará a López Obrador.

Pese a esta realidad el presidente sostiene con mentira que redujo la pobreza, cuando la única evidencia de combate a la pobreza sería el hecho de que el 99 por ciento de las víctimas caídas durante su sexenio eran pobres.

Otra mentira es su vocación democrática frente a las elecciones, que si no fueron objeto de fraude es por la contundencia de los 30 millones de votos obtenidos por Andrés Manuel López Obrador.

Esa asombrosa votación es la expresión del dolor que pesa sobre las familias que perdieron a sus hijos, se comprende cuando se sabe que los menos de 90 pesos al día que es el salario mínimo no alcanzan ni para ir a trabajar, es dolor y pobreza su legado.

El colmo es la impunidad, los juicios a los exgobernadores resultaron ser lo que siempre murmuró la opinión pública, simples detenciones espectaculares, la peor expresión de la justicia, la justicia simulada, eso son los juicios contra Elba Esther Gordillo, contra Guillermo Padrés, contra Javier Duarte y Roberto Borge.

La realidad pudo haber sido aún peor, peor era que impusiera a José Antonio Meade o que hubiera hecho su candidato a Ricardo Anaya, no lo hizo, no por convicción democrática, no lo hizo porque el veredicto de las urnas fue contundente, el pueblo acudió a la cita con la historia y en esa medida hoy vive la esperanza.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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