«Pedro Sánchez está dando el tiro de gracia al PSOE»

José Antonio Gómez, escritor y analista político

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El ensayista, novelista, analista político y colaborador de Diario16 José Antonio Gómez conoce las tripas de la política española en general y del socialismo español en particular como la palma de su mano, y pocas veces yerra el tiro en sus vaticinios sobre los bandazos de este partido centenario que está a las puertas de sentarse en el diván del psicoanalista en forma de congreso para conocer quién es, qué quiere y hacia dónde va. En esta entrevista, Gómez evidencia que sabe enlazar con maestría su actividad literaria y su visión de la situación política actual. El hombre que marchitó a la rosa es buena muestra de ello.


¿Cómo ve la situación política en España después del 26-J?

Como ha ocurrido a lo largo de la historia, España siempre ha ido por detrás en los movimientos políticos y el momento actual no es una excepción. La situación actual es muy complicada porque demuestra que nuestros políticos no están preparados para llevar a efecto lo que los españoles decidieron en las urnas, tal y como sucedió el 20-D. Durante la Transición se dio mucho poder a los partidos respecto a las personas para lograr una estabilidad política necesaria para afianzar el sistema democrático. Sin embargo, los diferentes gobiernos no dieron los pasos que habría que haber dado a la hora de ir ajustando los pilares de nuestro sistema a la evolución de los tiempos. Partimos de una base cimentada en los años 70 cuando la realidad es muy diferente y las necesidades de los españoles son muy diferentes.

Pero, de cara a la investidura de gobierno y de evitar nuevas elecciones, ¿cómo lo ve?

Veo muy complicado que no gobierne Mariano Rajoy y eso es consecuencia de la falta de coherencia y de la carencia de liderazgo de algunos en la anterior legislatura.

¿De quién?

La izquierda tuvo un comportamiento bochornoso durante la anterior legislatura. Por un lado, Podemos tuvo una actitud obstruccionista de cara a la negociación poniendo encima de la mesa líneas rojas que sabían perfectamente que el Partido Socialista no podía aceptar. La principal, el referéndum de autodeterminación de Catalunya. Hubo otras pero también hubo una bisoñez en ciertos comportamientos como, por ejemplo, la actitud frentista de Pablo Manuel Iglesias en los plenos de investidura o el poner condiciones en el reparto de las carteras ministeriales. Por otro lado, Pedro Sánchez, al utilizar los plazos de la investidura para su beneficio personal a nivel interno, cometió un error que paralizó cualquier posibilidad de pacto: su acuerdo con Ciudadanos. Que el socialismo español se juntara con la derecha ultraliberal, con la franquicia del Tea Party en España, le ha hecho más daño que el beneficio que un político o un líder inteligente podría haber sacado de haber dado los pasos coherentes que los ciudadanos pidieron en las urnas. De todos modos, es lo que siempre ha ocurrido con el progresismo español: se está más pendiente de machacar a quien debería ser el aliado natural que en buscar soluciones para la gente. Le eterna lucha por la hegemonía de la izquierda.

Entonces, ¿descarta tajantemente que vaya a haber unas terceras elecciones?

No se puede descartar, pero tengo la intuición de que alguien del PSOE se desmarcará y se abstendrá de manera activa o pasiva.

Sin embargo, el PSOE sigue afirmando que no apoyará la investidura de Mariano Rajoy…

Ese es el discurso oficial y me parece bien que se vote en contra del Partido Popular. No obstante, dentro del propio Partido Socialista hay quizá más presión para ser parte de los apoyos al PP que la que existe desde fuera. Uno de los errores que ha cometido el PSOE en estos años de democracia ha sido el separarse de su base electoral, de la gente de la calle. Los años en el poder provocan que el contacto constante con las élites económicas, políticas o empresariales hacen que el bien de España se vea desde la visión de éstos y se perciba una realidad distorsionada por cifras y datos. Un ejemplo de esta actitud la vimos en la «oposición responsable» de Rubalcaba, algo que hizo mucho daño a quienes debían ser la prioridad de los socialistas. Un PSOE que dignificara la palabra socialista hubiera salido a la calle a estar con las víctimas de esta crisis y se habría puesto en la vanguardia de las reivindicaciones del verano de 2012. Un PSOE digno hubiera presentado una moción de censura el mismo día en que Rajoy presentó los recortes al Estado del Bienestar en julio de 2012. Algunos dirigentes socialistas, como Tomás Gómez, sí que lo entendieron y estuvieron presentes, a título personal, en todas y cada una de las movilizaciones contra los recortes del PP. Otros continuaron con la «oposición responsable». Ahora mismo Pedro Sánchez está sufriendo más presiones por parte de quienes han estado mucho tiempo en el poder para que facilite el acceso a la presidencia a Rajoy. Sólo espero que, por una vez, sea coherente con sus palabras.

Usted se autodefine como socialista pero es muy crítico con Pedro Sánchez…

Una cosa no excluye a la otra. Se puede ser socialista y no estar de acuerdo con el secretario general. Pedro Sánchez es lo peor que le ha pasado al socialismo español y los resultados están ahí. Como todos los líderes débiles ha implantado un régimen de «o conmigo o contra mí». En el PSOE actual no se permite la crítica y las purgas que se han hecho y se están haciendo hacia militantes y pequeños dirigentes críticos con la Ejecutiva Federal son una muestra de ello. El PSOE de Pedro Sánchez basó toda su estrategia electoral en la figura del candidato, otro ejemplo más de la deriva personalista que se está llevando. Y, todo esto, ha llevado al Partido Socialista a convertirse en un partido bisagra.

Según su opinión, ¿qué errores ha cometido el PSOE para estar donde está?

¿Tenemos todo el día? (ríe). El PSOE de Pedro Sánchez ha cometido demasiados errores, sobre todo a nivel de estrategia electoral. Tanto el 20-D como el 26-J, Sánchez tuvo a su disposición un programa electoral muy potente, incompleto en algunos aspectos, pero muy potente en general, sobre todo porque era viable y con el que se podrían afrontar los retos del país desde un punto de vista progresista. Sin embargo, se decidió apostar por una campaña de cariz personalista donde lo que primaba por encima de todo era la imagen del candidato por encima de las propuestas y, evidentemente, esto trajo como consecuencia que el 20-D el PSOE tuviera los peores resultados de su historia. En ese momento Pedro Sánchez tuvo que presentar su dimisión como secretario general y asumir sus responsabilidades pero una persona con el ego tan subido no asume los fracasos como propios y afirmó sin ningún tipo de vergüenza que se habían obtenido unos resultados históricos. Ni un ápice de autocrítica, nada, y lo peor de todo fue que su «guardia pretoriana» le aplaudiera el gesto. Durante la ronda de pactos Pedro Sánchez cometió un error tras otro. Parecía la versión beta de un software. Sin embargo, todo tenía una clara intencionalidad: mantenerse en la Secretaría General a costa de lo que fuera, a costa de incumplir con lo establecido en los Estatutos con el único fin de mantenerse el protagonismo en las portadas de la prensa. Por eso se lió la manta a la cabeza y se postuló como candidato a la Presidencia con sólo 90 escaños. Fracasó nuevamente, porque Pedro Sánchez es el Señor de los Fracasos. Pactó de manera vergonzosa con la derecha ultraliberal de Ciudadanos porque a menos de una semana de la sesión de investidura no tenía ni un escaño más que los suyos y necesitaba presentarse ante los ciudadanos con una imagen de hombre de Estado, de estadista, cosa que, evidentemente, no es ni lo será en su vida. El rechazo a esa investidura se quiso utilizar como argumento electoral para el 26-J. En el PSOE de Pedro Sánchez había muchísimo miedo a que la coalición Unidos Podemos les superara, el famoso sorpasso, y por eso intentaron culpabilizar al partido de Iglesias de la repetición electoral con la idea de que así harían volver a muchos votantes socialistas desencantados sin darse cuenta de que ese desencanto tiene raíces mucho más profundas. Con un programa electoral tan potente como el que tenía el PSOE poner como único argumento el mantra de que el «señor Iglesias no quiso investir a Pedro Sánchez» fue otro error garrafal que hizo que muchos miles de votantes socialistas se quedaran en casa, es decir, que el intento de recuperar votos se transformó en una excusa maravillosa para que la gente se abstuviera. Se salvó el sorpasso, sí, pero se volvió a romper el suelo electoral mientras el PP subía. ¿Debió dimitir Sánchez la misma noche del 26-J? Evidentemente, sí. El PSOE fue siempre un partido de gobierno y Pedro Sánchez lo ha convertido en un partido bisagra.

¿Cree que Pedro Sánchez intentará presentarse a la investidura si Mariano Rajoy fracasa en su primer intento?

Me da mucho miedo que lo intente. Los líderes débiles no aceptan los fracasos como propios y Pedro Sánchez es un líder débil que se cree fuerte. Como ya he dicho hay mucha presión para que los socialistas se abstengan y permitan un gobierno de Rajoy pero también hay mucha presión interna por parte de los «pedristas» para que se busquen alianzas imposibles con tal de llevar a Sánchez a la Moncloa. Él mismo lo dejó caer en su comparecencia tras la reunión con el presidente en funciones. El «a día de hoy» y el «PSOE estará siempre en la solución» no eran mensajes destinados a calmar a quienes les presionan para la abstención sino que era la expresión de la voluntad de intentar presentarse a la investidura si Rajoy fracasa.

Portada

En su libro El líder que marchitó a la rosa, un fantástico ensayo sobre la figura de Pedro Sánchez, hace una exposición de todo lo malo que el actual secretario general está haciendo al partido. ¿Ha hecho algo bueno?

Claro que sí, y en el libro dedico un capítulo entero a ello. Me gustó mucho cómo empezó su mandato con medidas y con iniciativas que intentaban acercar el proyecto socialista a la gente. Sin embargo, eso sólo duró hasta que se inició la precampaña para las municipales y autonómicas. A partir de ahí se inició la implantación en el PSOE de un régimen autoritario con intervenciones sobre federaciones o agrupaciones que no aceptaban lo que se les quería imponer desde Ferraz. El caso de Madrid y de Tomás Gómez es un ejemplo claro de ello. Esto generó mucho desapego interno. Hay un dato esclarecedor: desde que Sánchez es secretario general el PSOE ha perdido a un 10% de su militancia. Pedro Sánchez se está cargando el proyecto socialista, le está dando el tiro de gracia.

Hablemos de su actividad como escritor. A día de hoy ha publicado ocho libros si contamos los tres recopilatorios de artículos en prensa, casi todos de temática política. ¿Por qué esa preponderancia de la política sobre el resto de temas?

Siempre me ha gustado la política. Nunca entendí el desapego o la falta de interés de este país hacia lo que ocurre en los círculos políticos.

Sin embargo, en sus ensayos es muy crítico y no se casa con nadie…

Es cierto. Creo que la misión de todo aquel que pone sus pensamientos sobre un papel, o sobre una página de un procesador de textos, es ser crítico con lo que le rodea para, a través de esa crítica, mejorar el mundo en que vivimos. Con la crítica constructiva se logra que la gente descubra cosas de las que desconoce su existencia y ese descubrimiento puede hacer que se genere un cuestionamiento que lleve a un proceso de mejorar el mundo que nos rodea.

Su primer ensayo, Gobernar es repartir dolor, es una crítica frontal a las políticas del Partido Popular. ¿Qué le hizo ser tan claro en su análisis?

Se llegó a decir en alguna crítica en prensa que era un libro despiadado. Evidentemente, las políticas económicas y políticas que adoptó el Gobierno de Mariano Rajoy, con la excusa de la situación económica, fueron medidas que iban en contra del interés general de la ciudadanía española y me vi en la obligación de escribir sobre ello. Reforma laboral, LOMCE, Ley Mordaza, rescate bancario y un largo etc., son leyes que van en contra de las necesidades reales de los españoles. Las consecuencias las estamos viendo y no son muy halagüeñas para el futuro de este país. La reforma laboral, por ejemplo, permitió que las empresas salvaran sus cuentas de resultados a través de despidos masivos y de reconfigurar sus plantillas con empleos más precarios, lo que está afectando a la Seguridad Social y al Sistema de Pensiones. El título del libro es una frase que pronunció Alberto Ruiz Gallardón, entonces ministro de Justicia, y que resume a la perfección lo que han sido estos cuatro años de gobierno autoritario del PP. Lo peor de todo fue la pasividad del pueblo español ante lo que le estaban imponiendo desde el Gobierno. Tal vez esa fue otra de las razones que me llevaron a escribir este ensayo, intentar que alguien se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo y realizara algún movimiento de masas que parara la ofensiva neoliberal. Hay una frase de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que hubiera legitimado cualquier movimiento del pueblo en contra de esas medidas. Me la sé de memoria y dice: «Cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia en designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad». Los españoles aguantamos el chaparrón, aguantamos el dolor que nos produjo el gobierno del PP y ahora sufrimos sus consecuencias.

Su siguiente ensayo, Regeneración, es un análisis claro de las necesidades regenerativas de la democracia española y, sobre todo, una sucesión de propuestas en todos y cada uno de los temas que ahí se tratan. ¿España necesita regenerar o reiniciar su democracia?

Hay que valorar mucho lo que se hizo en la Transición. Sin embargo, se ha llegado a un nivel de sacralización tan enorme de ese periodo que parece que no es necesario reformar nada. España tiene que modernizar su democracia para adaptarla a los tiempos que vivimos y a las necesidades actuales de la ciudadanía. No tiene nada que ver el periodo en que se aprobó la Constitución con la actualidad. La España de finales de los 70 no se parece en nada a la actual y las leyes tienen que ser un reflejo de la realidad. Hay que reformarlo todo, Jefatura del Estado incluida, para que nuestra democracia devuelva la ilusión a los españoles, la misma ilusión que tuvieron los españoles que vivieron la Transición.

Vamos a su faceta como novelista. Hasta ahora ha publicado dos novelas que de una manera u otra también tienen temática política y crítica social. ¿Por qué incluir en la ficción temática real?

El hecho de escribir ficción no evade la responsabilidad del novelista de estar con los pies en el suelo y, si su argumento se lo permite, incluir sus pensamientos sobre cualquier temática en la novela.

¿Nos equivocamos al afirmar que Josaphat es una crítica frontal a la religión católica?

Sí, se equivocan. La intención al escribir Josaphat era la de dar a entender que el fanatismo es la antítesis del fenómeno religioso. Lo estamos viendo con lo que está ocurriendo con el islam. Hubo un tiempo en que lo mismo que están haciendo ahora los yihadistas lo hicieron los cristianos y los católicos. Lo malo es cuando ese fanatismo o ese modo intransigente de interpretar la religión son practicados por sus dirigentes y se convierte en la línea de acción oficial. En la Iglesia Católica, desde el asesinato de Juan Pablo I, se ha producido un proceso de involución y de separación de la sociedad. Los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI son prueba de ello. El Papa polaco parecía muy simpático pero era un intransigente. Se llegó a decir de él que fue un Papa que llenaba estadios pero que vaciaba iglesias. Por algo será.

Portada EL FUTURO NOS ESPERA

En su última novela, El futuro nos espera, lleva la acción a la España actual y plantea la hipótesis de que se produzca un golpe de Estado con la idea de implantar un régimen totalitario.

Es un hecho que se podría llegar a dar. Pero la idea que subyace en toda la novela es la de que la unión de todos, independientemente de su ideología, puede acabar con las tentaciones autoritarias, del tipo que sea.

Hay quien ha llegado a decir que ese gobierno estaba inspirado en el del Partido Popular…

No fue mi intención. Si hubiera vivido en la Rusia actual seguramente el gobierno que da el golpe de Estado hubiese sido de corte estalinista. Aquí vivimos cuarenta años de franquismo y lo normal es que ese intento de imponer un régimen autoritario viniera por parte de nostálgicos del franquismo. Nada que ver con el Partido Popular.

 

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1 Comentario

  1. No es cierto lo que dice de líneas rojas puestas por Podemos,es mentira.Podemos dijo claramente que discutirían de todo,fue Sánchez y el Psoe quienes pactaron con Ciudadanos sabiendo que hacía imposible cualquier acuerdo con Podemos.

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