Curiosa la lucha obrera llevada a cabo en “La Naval” vizcaína de los años sesenta. Los socialistas de “la margen izquierda de la Ría” se convirtieron, años más tarde, en los padres de una casta que ha controlado el PSE y ha tenido gran influencia en el PSOE. De ese núcleo de luchadores, Ramón Rubial, Nicolás Redondo y Eduardo López Albizu, “Lalo”, salieron sus “cachorros”, los hijos de estos dos últimos. Uno de ellos, Nicolás Redondo Terreros, retirado de la vida política y próximo a postulados de centro-derecha.  Además de consejero de FCC, es colaborador en programas radiofónicos dirigidos por periodistas claramente situados a la derecha. Y no se compromete más, dicen sus más allegados, por respeto a las ideas que su padre, el histórico dirigente ugetista Nicolás Redondo Urbieta, con el cual, al parecer, todavía mantiene serias broncas cuando debaten.

“Lalo” era mucho menos vehemente. Su hijo, Patxi,  dice mantener su ideario. Dentro del partido lo ha sido todo. Lideró la ejecutiva vizcaína, históricamente enfrentada a la guipuzcoana. De ahí saltó a la nacional hasta convertirse en el secretario general. De la mano de Pedro Sánchez entró en la ejecutiva federal. Y ahora pretende llegar a lo máximo, a secretario general del PSOE

Ha pactado con todos, desde Ramón Jauregui, el secretario general del partido en Guipúzcoa, en los tiempos en que una gestora tuvo que hacerse cargo del PSE al dimitir Nicolás Redondo Terreros, pasando por una Rosa Díez con un pie en el partido y el otro en un proyecto que luego se llamaría UP y D, hasta  con el partido popular para echar a  Juan José Ibarretxe de Ajuria Enea y gobernar, eso sí en solitario, durante cuatro años.

De esa época sale tal vez su mejor activo. Logró pacificar Euskadi. Y no en lo que al terrorismo de ETA se refiere, que eso es otra cosa, sino porque logró suavizar, y bastante, los enfrentamientos sociales entre soberanistas y constitucionalistas. Dos bloques antagónicos que a punto estuvieron de llevar al enfrentamiento armado a la ciudadanía en lo que Nicolás Redondo Terreros, llegó a calificar como “bosnización del País Vasco”.

Patxi López, con un proyecto “progresista, autonomista y vasquista”, centró su política “en las cosas que preocupan a todos los vascos”. Logró un acuerdo entre empresarios y sindicatos y modernizó las estructuras autonómicas “olvidando” el proyecto soberanista que los dirigentes nacionalistas Ibarretxe y Arzallus querían sacar adelante a toda costa. Una política cuyos frutos se recogen ahora, con un PNV y un gobierno, el de Urkullu, menos radicalizados. Incluso el mundo abertzale parece haber cambiado centrándose más en los problemas de la ciudadanía.

En el “lado oscuro” de Patxi López, lo de siempre. Sospechas de corrupción, de ser partícipe de alguna irregularidad urbanística que, muy probablemente, saldrá a la luz en estos cuatro meses de campaña de elecciones primarias para hacerse con la secretaría general.

Porque Patxi López no se conforma con haber llegado a presidente del Congreso de los Diputados, en un mandato que algunos califican de controvertido, sino que quiere más.

En la crisis de los socialistas, López siempre ha intentado jugar un papel contemporizador  muy ambiguo. Sus declaraciones públicas criticando las actuaciones de la Gestora del PSOE no se corresponden con los hechos. Partidario del no a Rajoy, se abstuvo en la votación manteniendo la disciplina. En principio,  mostró su fidelidad a Pedro Sánchez para, posteriormente, apartarse de él, mostrando, últimamente, una ambigüedad calculada. Ambigüedad que hace pensar a más de uno si su verdadera pretensión es cortar una hipotética vuelta de Pedro Sánchez. Su discurso, en su comparecencia ante los medios de comunicación para anunciar su presentación, parece ir en ese sentido. Pretende “unir”, “reconstruir” y que el PSOE “represente una izquierda exigente”. Suena igual a lo que ha dicho Sánchez en sus comparecencias de las últimas semanas.

No obstante, todavía se mantiene la incógnita de lo que va a pasar. Puede ser, a pesar de todo, que Sánchez insista en presentarse. Entonces, es evidente que el sector crítico acabará por dividirse, lo         que beneficiará a los oficialistas. La presentación de López, entonces, no habrá servido para nada, según sus partidarios que, al menos de momento, se encuentran entre los críticos. Y es que, en esto del asalto al poder en el PSOE, parece evidenciar la teoría de que “tres son multitud”.

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1 Comentario

  1. Eso, suponiendo que Ken siga desaparecido. No tengo muchas esperanzas en este personaje tan falto de valor, pero empezar a despejar dudas, presentar una candidatura sin perdida de tiempo y rodearse de los que votaron no sería una buena forma de demostrar que me equivoco. Empezar a plantear una unión de izquierdas para una posible moción de censura al PP. Lo mismo hasta salva al partido… Como mínimo lo aligeraría de trepas y miserables

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