La candidatura de Patxi López es vista desde fuera como un intento de Pérez Rubalcaba de poner los huevos en distintas cestas. En el momento en que se lanzó su candidatura, que contaba con el aval del ex-secretario general y de algún que otro dirigente territorial como José María Barreda, se pretendía que fuese un muro de contención contra el dimisionario Sánchez. Se le animó, pese a sus dudas, a lanzarse a la carrera electoral del PSOE para intentar recoger el descontento de las bases menos radicalizadas. Pero a la par, algunos dirigentes, también querían que fuese el contrapeso de Susana Díaz y la potente federación andaluza. El taimado Alfredo Pérez Rubalcaba quería jugar sobre seguro esta vez y, aunque diese su apoyo en el acto de apertura de la trianera, sabía que tenía una bala en recámara ante el arrollador movimiento sanchista.

La pretensión de generar una bicefalia en el PSOE con López como secretario general y Díaz como candidata se vio pronto descartada por el impulso que cogía el dirigente de la posverdad Pedro Sánchez. Así López se quedó compuesto y sin cargo antes de tiempo. Díaz hubo de dar el paso, pero las huestes rubalcabistas no dejaron a López en la estacada, les viene bien tenerlo como comodín ya que los votos en primarias serán muy distintos a las delegaciones congresuales. Ahí reside la esperanza de López y sus gentes para seguir en el momio del cargo público. Si no desparece el PSOE antes. Sigue contando, eso sí, como una Tercera Vía (muerta) que recibe el apoyo de los medios afines, en especial el grupo Prisa. El hijo del histórico Lalo López Albizu se encuentra en un callejón sin salida y con una ideología indefinida y carpetovetónica. Sólo por el cargo debería ser su eslogan porque posibilidades reales jamás tuvo.

Mentiras, traiciones y unión de los socialistas

Al menos no ha tenido la ocurrencia López de titular su libro como Miquel Iceta, La Tercera Vía, pero sí se reclama como la tercera vía del socialismo español. Recordando a la época donde Prieto, Besteiro y Largo Caballero representaban esas tres vías. Prieto la más liberal, Largo Caballero la más revolucionaria y Besteiro una mezcolanza marxista de ambas posiciones. Parece ser que quiere ser el Besteiro actual, con mucha menos preparación y cabeza sin duda (mintió en su currículo y no ha terminado la carrera), pero al fin y al cabo sus propuestas no son más que un recuerdo de una socialdemocracia que fracasó en los años noventa.

Se queja López de haber estado acompañando a la derecha y haberles apoyado “para poner parches a las políticas de derechas”. Y tiene razón, lo que no vale es decirlo ahora que no sirve de nada y no se tiene poder. Quiere un PSOE que sea de izquierdas (sin saber lo que eso puede significar) y radical (de ir a la raíz de las cosas, no vayan a pensar que López se va a dejar melena y va a salir a la calle así como así). “Menos despachos, menos burbujas, menos encierros y más calle, que para eso hemos recuperado la libertad” manifestó, pero él no ha salido de un despacho oficial desde 1987. Eso sí, le ha dado tiempo para inventar un nuevo concepto que hará cambiar todos los libros de Ciencia Política: “la libre identidad nacional”. Que es algo así como lo que dicen de los de Bilbao, que nacen donde quieren. Cada cual podrá elegir la nacionalidad con la que se encuentre más a gusto, pero con una pequeña trampa, siendo español porque la unidad de España es lo primero.

Nada más comenzar la carrera electoral afirmó que el término traición debía quedar desterrado en el vocabulario del PSOE, que lo principal era la fraternidad interna. Algo que ha manifestado hasta fechas recientes: “No puede haber oposición interna, eso nos lleva al desastre, lo primero es recuperar los valores, la cultura de esta partido, la lealtad, la fraternidad, en tiempos de conflictos el partido tenía fortaleza, y este enfrentamiento actual es un debilitamiento para el PSOE, no se puede estar clasificando en etiquetas a los compañeros, estas no son unas Primarias para ver quien se carga a Pedro Sánchez o a Susana”. La unidad como carencia de oposición interna, algo que se contradice con lo que afirmó el día que se presentó en Fuenlabrada: “No entiendo el PSOE como un partido de Pensamiento Único, donde uno manda y los demás obedecen”. ¿Puede explicar López como conseguir los uno y lo otro siendo contradicciones? Imposible. Pero claro lo que explica López es que, salvo que manden los suyos, en la tradición estalinista de César Luena, el partido debe ser abierto. Si es él y sus amigos, todos callados y “prietas las filas”. Es la única explicación que cabe a tamaña paradoja intelectual.

Pero es normal que a López y su equipo de trabajo los llamen traidores las huestes odiadoras de Sánchez. Fue López quien animó a Sánchez a dejar el escaño. Fue López el que tras decir No es No se abstuvo en la votación de Rajoy como presidente. Fueron Luena y Óscar López quienes apoyaron a su amigo hasta que tenían que jugarse las lentejas y optaron por la abstención. Es que en el equipo de López están casi todos aquellos a los que apoyó Sánchez y que le dejaron en la estacada nada más dimitir de secretario general. Claro que también fueron los que ahora reclaman democracia pero callaban cuando se disolvía la federación madrileña, o cuando se ponía en gestora también a Galicia o La Rioja, o cuando se amenazaba a Andalucía con hacerles lo mismo que habían hecho a Madrid, o cuando se le decía a algunos barones que cuidadito con lo que iban diciendo. Los mamporreros de Sánchez están junto a Patxi López y eso no se puede negar.

Mala gestión y el olor de corrupción

Cada vez que se le acusa de haber sido el primero en llevar a cabo la gran coalición en Euskadi, salta de su asiento y afirma que lo hizo para acabar con la deriva independentista de Ibarretxe y con ETA. En la lucha contra ETA estaban todos los demócratas y de eso no hay la más menor duda, pero elegir entre la opción de la cárcel y el palo del PP y la del diálogo de parte del PSE, del PNV y de personalidades como Gorka Landáburu (que sí se la jugó de verdad) hay una diferencia. Que Juan José Ibarretxe había dado un paso hacia la independencia, con gran debate y proliferación de protestas dentro del propio PNV, es obvio. Que tras la imposibilidad de HB y demás plataformas etarras de participar en las elecciones, eso fuera posible es más que dudoso. Es una decisión que tomó, más errada que acertada, pero la tomó. Lo sangrante de la decisión fue ponerse a los pies del PP aznarista, de las fuerzas del mal. Con los actuales dirigentes todavía hubiese tenido un pase, pero en aquella época estaban los hijos del odio de Mayor Oreja y las gentes de UPYD (más rancios que los del PP) apoyando. Dejó el proyecto vasquista del PSE que tanto rédito electoral le dio en las elecciones municipales por el proyecto nacional-católico.

Y todo ello mintiendo. Se negó una y otra vez en campaña que fuese a haber un pacto con el PP y UPYD. Y a las primeras de cambio lo hubo. Así ha dejado al PSE que no lo levanta ya casi nadie. Ya perdió casi seis puntos en las municipales de 2011 y él fue lanzado lejos del parlamento vasco en 2012. A penas tres años de gobierno donde todo lo vasco fue lentamente laminado. Como el apoyo a las publicaciones en euskera de medios no nacionalistas, por ejemplo. Contrató a 1.000 personas en lo público pero mandó al resto al ostracismo y la pobreza. Y, además, como se denunció en Diario 16 la corrupción sobrevoló durante su mandato.

El caso Iurbentia es, junto a su cuñado Gil, una mancha en el expediente de López. Tras una serie de tejemanejes con empresas públicas y sus terrenos que se utiliza para que OHL (sí la misma de todos los casos de corrupción) dé un pelotazo urbanístico, la empresa Iurbentia de promoción urbanística acaba entrando en quiebra por la supuesta desviación de fondos de Jabyer Fernández, gran amigo de López e impulsado por él para ocupar el cargo en Iurbentia.  El proyecto Puerta de Bilbao que se pensaba llevar a cabo en Barakaldo, feudo y casa de López, y llenar de rascacielos la ciudad quebró llevándose consigo los ahorros de muchas personas, socialistas entre ellos, que habían aportado parte de sus ahorros a la empresa como pequeños accionistas. López intermedió para salvar a su amigo Fernández de los pleitos con los bancos a los que se debía dinero, pero nada hizo con los pequeños accionistas. A 25.000 euros por cabeza muchas personas fueron engañadas y más con informes falsos que el partido en Vizcaya apoyaba.

Pero no acaba aquí la historia pues su cuñado Melchor Gil fue colocado en Iberinco (filial de Iberdrola) mientras ocupaba, además, el cargo de vicesecretario general de PSE en Vizcaya. Y él al mando del PSE obviamente. A esto debe referirse López cuando habla del PSOE como una familia a la que no hay que hacer daño. Ni daño, ni causar quebranto económico como se ha hecho en Iurbentia utilizando los resortes del poder del partido para convencer a pequeños inversores de un proyecto fantasma potenciado por la diputación foral y el PNV. Igual Patxi estaba buscando otra salida profesional como la de Jon Josu Imaz y Petronor/Repsol.

Ahora ataca a Susana Díaz al afirmar que no puede haber un secretario general a medio tiempo. También ataca a Pablo Iglesias por la moción de censura. Otro día ataca a Rajoy por la corrupción, la misma que se sabía el día que se abstuvo. Otro día pide perdón por haberse abstenido. Pero lo que es claro es que siendo un candidato de ficción y aupado por las fuerzas oscuras de cierta parte del aparato, López está demostrando que carece de un discurso propio y firme. No es que los otros dos candidatos sean una maravilla, pero al menos saben lo que tienen que decir. Estar en tierra de nadie para sacar tajada se le puede volver en contra a López porque, al final, igual ni Díaz ni Sánchez le darán árnica. Y seguramente en Euskadi no querrán que vuelva. Mal dilema el de alguien que siempre está dando volantazos para ajustarse a su conveniencia. Y lo peor de todo es que quienes le acompañan en el proyecto son todos aquellos que fueron el brazo armado de Sánchez.

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