Me acerco hasta tu lecho. Se hace tarde y tu tez pálida ilumina la noche. Un escalofrío paraliza mi cuerpo, pero mi cariño es mucho más grande que mi miedo. Me aproximo aún más y con tibieza te cojo de la mano. Espero unos instantes, y al fin me fundo contigo en un abrazo. El amor es tan grande que el calor da voz a tu silencio. Con el alma rota escucho una vez más lo mucho que me quieres.

Llega la noche, nos falta el aire. Abro la ventana para respirar. La luna ha venido a verte, eso sí, recortada por la silueta del edificio de enfrente. Ha sido un día intenso, triste y largo. Te miro, cojo tu mano, te beso. Duerme, estoy contigo. Deja que el mundo descanse mientras tu y yo, juntas como siempre, luchamos codo con codo con la muerte. Es increíble, tu sufrimiento me hace más fuerte. Tranquila, lo conseguiremos, superaremos esto Tita. Nuestro amor será capaz de cruzar fronteras y universos.

Tu respiración es más pausada ahora. Has de marcharte, lo sé, sería egoísta no dejarte hacerlo, pero ¡qué inmensa tristeza! ¡que dolor tan grande! Parece que me hundiera en un pozo interminable.

Amanece, no he dormido nada, tú sin embargo no despiertas. Llegó el momento de la despedida. ¡Cuántas veces a lo largo de estos años hemos llorado al separarnos! Y ahora te digo adiós para siempre, aunque siempre seguiré pensando en ti.

Has sido buena, generosa y estoy muy orgullosa de ti. Gracias por tu cariño, tu energía y por enseñarme a caminar con paso firme por la vida.

Estoy bien, no sufras, sé que tu grandeza te abrirá las puertas de la felicidad eterna.

 

DEP

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