Tras las elecciones andaluzas cualquier cosa puede suceder en la convulsa política española. Un tripartito de las derechas (PP y C’s con el apoyo de Vox) para desbancar al PSOE es más que factible y todos en Andalucía trabajan ya con esa hipótesis, que solo se truncaría si Juanma  Moreno Bonilla, el candidato popular, y Juan Marín, por la formación naranja, se enfrascan en una lucha personalista por ser presidente de la Junta.

Pero mientras se van entretejiendo las alianzas en Andalucía, el engendro, el monstruito de Vox, seguirá creciendo en el resto del país, alimentado por la desesperación y la rabia de miles de españoles que votan contra el sistema con espuma en la boca, por el miedo al migrante, por la desafección a Europa, por el odio a los independentistas catalanes y por la admiración que muchos sienten hacia chulos supremacistas con licencia para matar como Donald Trump o Matteo Salvini.

La mala situación económica de la comunidad autónoma andaluza ha sido uno de los principales factores del ascenso del partido de Santiago Abascal. No hay informe alguno en el que Andalucía no aparezca como una de las regiones más atrasadas de Europa. Uno de cada tres andaluces es pobre y algunas ciudades soportan un paro estructural cercano al 30 por ciento. Es el caldo de cultivo perfecto para el demagogo populista de la derecha que promete el paraíso en la Tierra. “Si nos ha ido mal con el susanismo, probemos con la extrema derecha. Peor no puede irnos”, aseguraba un votante desencantado tras depositar su voto en la urna. El hambre es el mejor acelerante del fascismo y los sucesivos gobiernos de España tienen una gran responsabilidad en este punto por haber abandonado a su gente cuando la crisis arreciaba. Hitler fue apoyado por millones de alemanes desahuciados y si Trump está hoy sentado en la Casa Blanca es gracias a los desarrapados de la América profunda que ya no creen en la democracia.

La segunda causa determinante en el auge de Vox ha sido su discurso abiertamente xenófobo, que ha terminado calando en miles de andaluces. “Si no tengo trabajo es porque me lo quita el inmigrante” o “hay dinero para los de fuera pero no para los españoles” son eslóganes que se graban fácilmente en las mentes más crédulas dispuestas a dejarse manipular por los cantos de sirena del caudillo de turno. Sin embargo, los datos demuestran que el mito del inmigrante como culpable de todo no se corresponde con la realidad, ya que en el municipio almeriense de El Ejido, uno de los que soportan mayor tasa de inmigración, el paro es de un 12 por ciento cuando la media en Andalucía es del 22. Una vez más, construir una mentira es más sencillo que desmontarla.

La tercera clave del éxito ha sido sin duda la reacción visceral contra el procés, que en Andalucía Vox ha llevado hasta el límite, alimentando la catalanofobia y el “a por ellos oé”. En este caso el fake ampliamente difundido en redes sociales por el partido de Abascal ha sido que Pedro Sánchez pacta con los independentistas parar romper España. Una mentira más que se asienta, eso sí, sobre una verdad que suele ocultarse: que los soberanistas, en su deriva radical de los últimos seis años y con sus discursos antiespañolistas, han resucitado el fantasma del viejo fascismo franquista, que durante casi 40 años de democracia solo fue un mal recuerdo del pasado para la inmensa mayoría de la sociedad española. Hoy, lamentablemente, Franco está más vivo que nunca y España es un poco más facha. Esa victoria habrá que apuntarla en el haber de Carles Puigdemont. Aunque a él, confortablemente instalado en Waterloo, seguramente le dará igual.

Otras cuestiones han influido decisivamente en el auge de la extrema derecha, como el hecho de la gran abstención, ya que solo ha votado el 58 por ciento del censo electoral, cuatro puntos menos que en 2015. Buena parte de la izquierda se ha quedado en casa (probablemente para castigar al susanismo) y siempre que eso ocurre gana la derecha  permanentemente movilizada, aunque en este caso diversificada en una carta con tres menús a elegir.

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2 Comentarios

  1. Con todos mis respetos, atribuir el ascenso del fascismo en España a Carles Puigdemont, es un liberalidad del autor del artículo. Los medios de comunicación Españoles han influido y mucho en sacar a la izquierda del poder en Andalucia. Los catalanes están (estamos) hartos del trato recibido y seguimos sin ver en la España a la que hoy pertenecemos, ningún signo de afecto, comprensión y reconocimiento hacía nosotros. Seguimos sintiendo justamente lo contrario y su artículo, en lugar de culpar a la catalanofobia vocerada durante los últimos años por los medios de comunicación afectos al gobierno de España, carga contra quien debería estar de presidente del gobierno de Cataluña. La democracia es votar y aceptar lo que digan los votantes, y si la persona que Usted menciona está en Waterloo, calificandolo como “confortablemente instalado”, está Usted también alimentando la catalanofobia.

    • Estoy de acuerdo con Xavier Elias. El autor explica tres motivos por los que la ultra derecha fascista adquiere seguidores. Y en uno de ellos, no se puede retener y abunda en él. Así que, finalmente, el auge de la ultra-derecha en Andalucía es culpa de Puigdemont. Un poco flojo como argumento, no?
      Y como análisis político en una publicación medianamente seria, se hunde en el tópico muy avanzado intelectualmente del “a por ellos”.

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