Es este un artículo “plagado” de artículos. Espero que los sufridos lectores sepan perdonar mi ansia por comunicar mis inquietudes, tal vez algo atropelladas dado el carácter tan visceral de la situación. No obstante, iremos profundizando en los distintos aspectos en posteriores escritos.

No se podía imaginar Pedro Sánchez que el desalojo del dictador, asesino y genocida Francisco Franco de su mausoleo, con las víctimas enterradas a sus pies en un ejemplo del más cruel, avieso y truculento homenaje que se haya visto jamás, podía dar lugar de nuevo al enfrentamiento y al odio en este país. Yo, sin embargo, sí que lo tenía claro (lamento decirlo así…) y hubiera hecho las cosas de otra manera, nunca por Decreto Ley. Yo habría buscado el consenso al final de la legislatura, y de no haberlo encontrado, habría hecho ver a la ciudadanía durante la campaña electoral quién sí, y quién no, quiere hacer justicia con las víctimas del franquismo. En política no es suficiente con estar seguro de tener razón, te la tiene que dar la mayoría del pueblo, o si no, el asunto sólo lleva al enfrentamiento entre españoles y españolas. Los socialistas no somos así. Eso es propio de radicales, y creo que debemos aprender algo de todo esto.

Como no podía ser de otra manera, los neofascistas (y me atrevo a llamarlos así porque son ellos lo que han empezado hablando de “rojerío” y de comunistas y socialistas como Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri o Largo Caballero, en términos de “asesinos”) tertulianos del programa de televisión La Sexta Noche, han cobrado su sueldo extra por cargar cotidianamente contra Psoe y Podemos, y les ha dado ahora por sacarse de la chistera falsedades y crímenes que, por cierto, ocurridos de manera organizada y sistemática en el bando nacional donde se dieron en relación de 10 a 1 con respecto a la zona republicana, no parecen darles tanto asco. Y es que no hay dos Españas enfrentadas una mitad contra la otra, sino un 10 por ciento de salvajes criminales enfrentados a un 90 por ciento de población pacífica y atemorizada. No hay un revanchismo por parte de los perdedores, sino un sentimiento de “trabajo sin terminar” que tienen los que asesinaron a “medio mundo” durante y después de la guerra. Era evidente que con el asunto de Franco no se iba a soliviantar la izquierda, en su infinita mayoría pacífica, sino la derecha montaraz y salvaje que tenemos en este desdichado país. Yo mismo, hace 80 años, estaría en una fosa común.

Anoche sábado oí muchos disparates sobre lo que fue el episodio más lamentable que se dio en la zona republicana durante la guerra civil: los asesinatos en Paracuellos del Jarama. Fueron muchos, unos 2400 que se dice pronto, pero no los 10000 que se le salían por la boca envueltos en espumarajos al señor Inda. Y fueron cometidos en unas condiciones que a continuación explicaremos, por quienes no eran sino una extensión del terror estalinista, nada que ver con Santiago Carrillo, a pesar de los ojos inyectados en sangre del anterior contertulio.

La guerra civil, por parte del bando de los traidores, fue en palabras del General Mola, un “exterminio masivo de todos aquellos que no piensen como nosotros”. Las matanzas llevadas a cabo sobre todos aquellos que cometieron el crimen de defenderse (tenían un cardenal en el hombro por el retroceso del fusil…), el crimen de tener preparación cultural y poder organizarse, en definitiva, de todos aquellos que no pensasen “como nosotros” y pudieran representar un problema, equivalió en la práctica al diezmo de la población, además de los que murieron en combate (milicianos mal armados, mal dirigidos, y mal organizados) contra las curtidas tropas africanas de Franco. Cayeron como moscas, y a los que quedaron, los fusilaron. El genocidio llevado a cabo en Andalucía y Extremadura, causa pavor aún hoy en día. Con estos antecedentes, y con la amenaza radiofónica de que la capital sería “diezmada” (matarían a 1 de cada 10 personas…) fue como se produjo el asedio de Madrid, en unas condiciones tan frágiles para la defensa, que el gobierno huyó a Valencia, dejando la ciudad en manos de un grupo de valientes (comunistas, fundamentalmente). En estas condiciones es como Santiago Carrillo, con unos bisoños 21 años es nombrado Consejero de Orden Público. La situación era de bombardeos continuos desde la Casa de Campo, y de tiros en las calles sobre la población civil por parte de francotiradores fascistas desde las ventanas. Estaba fresco el recuerdo del asalto al Cuartel de la Montaña en donde unas tropas defensoras fascistas, ya rendidas y después de haber izado la bandera blanca, ametrallaron a traición a los milicianos indefensos que venían a detenerlos. Murieron decenas. Con estos ejemplos y las noticias que llegaban de las terribles atrocidades producidas en las zonas ocupadas por los rebeldes, es como se tomó la decisión del traslado de presos (antes de que Carrillo fuera nombrado para cargo alguno), en especial de la cárcel Modelo para evitar que fueran liberados y pasaran a integrar un fortalecido frente desde dentro de Madrid, que sería ya insalvable. Así fue como Segundo Serrano Poncela, director General de Seguridad, y Agapito García Atadell, jefe de las Milicias de Investigación Criminal, organizaron el traslado de los presos, con la intención, por parte de Agapito de acabar con ellos en un trayecto del camino. Decisión tomada, repito, en un ambiente de caos, terror, y venganzas. La prueba de la implicación directa de García Atadell, es que los convoyes donde él no iba llegaron sanos y salvos a su destino. Santiago Carrillo nada sabía de la organización de esos traslados, cosa que se hizo antes de tomar él posesión de su cargo, aunque sí de los traslados en sí mismos. Cuando fue informado de los primeros asesinatos y fue consciente de la gravedad del asunto (no olvidemos que tenía 21 años, ninguna experiencia, y estaba sometido a una situación límite de amenazadas constantes por los del mismo bando que ahora estaban siendo trasladados), cesó de su cargo a Segundo Serrano Poncela y los sustituyó por Melchor Rodríguez García, llamado El Ángel Rojo. Fue un agente de la Komintern, Mijail Koltsov, conocido como Miguel Martínez y los soviéticos Alexander Orlov y Losif Grigulévich, los que ejercieron la autoridad moral y “tiraron” de experiencia estalinista para acabar “por lo sano” con lo que pensaban era una amenaza latente. Ni Santiago Carrillo, ni Largo Caballero, tuvieron nada que ver. Fueron unas ejecuciones de corte estalinista llevadas a cabo bajo el “orden moral” y el auspicio de asesores (y espías) de Stalin, que ejercieron en esos infernales meses de finales del 36 una influencia nefasta de la que el Gobierno de la República en seguida se deshizo. No es sólo que Santiago Carrillo no ordenó ningún traslado o firmó ninguna sentencia, es que cuando se asentó en el cargo acabó con las ejecuciones y los “paseos”. Gracias a él los muertos no llegaron a los 10000 que dice el Sr. Inda. Espero que los contertulios de la facciosa derecha que sufrimos en este país se informen mejor antes de generar crispación y odio entre españoles. Y todo esto lo digo desde la más absoluta repulsa que cualquier crimen me produce.

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2 Comentarios

  1. La República, se constituyó ilegalmente.
    La derecha tuvo mayor número de votos.
    En Paracuellos, hay más de 6000 inocentes asesinados.
    Después en Torrejon y alrededores, hay más de 4000.

  2. No me cansare de repetir una y otra vez:
    En una guerra,sea esta de la indole que sea,todos los bandos matan.
    La guerra civil española acabo el 1 de abril de 1939 y es a partir de esta fecha cuando las matanzas del bando vencedor se convierte en atrocidad,en genocidio de una parte de la poblacion ya sin armas,ya no hay dos bandos en guerra,solo un bando vencedor elimiminando y asesinando y ademas despojando y robando sus pertenencias a los del bando perdedor todo ello con la connivencia y participacion activa de la iglesia catolica.
    El satrapa franco murio en noviembre de 1975 y estuvo firmando penas de muerte,con Parkinson y todo,hasta septiembre de 1975,pocos dias despues se le reventaron las tripas

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