El tribunal condena al PP a pagar una multa por financiación ilegal. Pedro Sánchez se lanza a la yugular de los populares exigiendo una moción de censura que, de triunfar, le colocaría al frente del gobierno y, tras unos meses (no nos habla de fechas), con el reino oxigenado, convocaría elecciones, cosa que pareciera a algunos usual con las aguas tempestuosas, pero de triunfar la moción, lo lógico sería convocarlas ya, algo que a mi partido, el PSOE, no le conviene: las orejas del lobo ártico (el animal más agresivo del planeta) de Ciudadanos asoman en lontananza con una pauta que no una afirmación, todas las encuestas salvo la última le conceden una victoria en las próximas elecciones generales. Rivera contesta que de moción un huevo cocido y una leche, que a las urnas hoy. ¿O es, como suele suceder en las justas donde la caballerosidad brilla por su ausencia y las armaduras se abollan poco a poco, que Ciudadanos juega al despiste esperando los resultados de las próximas municipales y autonómicas para, con las urnas a rebosar de votos naranjas, pegar la puntilla al gobierno, acorralado en los burladeros del 7, donde el respetable vocifera y abuchea? Pero, el inri a modo de mofa y befa, de lo contrario resultaría increíble, tal y como ha sucedido, es que el PSOE, necesitando el apoyo del PNV cuando, al echar el órdago, pronunció más alto que claro que no aceptaría propuestas dirigidas a lesionar la unidad de España, se quedó solo. Pues en esas, claro, el PNV pidió contraprestaciones en el sentido opuesto. Podemos (decía Mola de Franco: Franquito a lo suyito a lo suyito) se regocija con sonrisa de tintorera, alabando a Sánchez, pensando que en la futura moción y tal vez gobierno a pachas luego, éste les concederá el paraíso. Mientras tanto, como debe ser, el 155 sigue vigente por la obtusa cerrazón del nuevo, de ideas viejas, President, que se niega a jugar fuera del fangal. Si el juez sacase de prisión a Junqueras otro gallo cantaría las mañanitas y el tsunami catalán sería reconducido hacia las olas calmas de mare nostrum.

En el país de los ciegos el tuerto es el rey. Y el tuerto, reunidos los corsarios en la mesa con las copas a rebosar de mala uva, se llama Pedro Sánchez. Salga o no la moción, que quizás no, jugada tan traviesa y travesera, siguiendo por el mismo camino, le pudiera garantizar al PSOE quedar en buen lugar en la pole de la campaña de las próximas generales. Este Sánchez, que tira con cordita, hay que admitirlo, es muy astuto, parece perro viejo, y, al menos en lo que acontece, ganará el puesto de salida previo a la bajada de banderín. La carrera se antoja apasionada, con curvas más cerradas que las entrañas de un político corrupto, conociendo que la escudería naranja tiene los mejores vehículos, no por proyecto (liberal con la patita escondida tendente a la escuela de Chicago), si no por las simpatías que concierta entre los otrora aficionados de los demás pilotos, al presente abandonados a su suerte, menos Pedro Sánchez y Rajoy, correoso como pocos (al loro con el gallego). La popular Andrea Levy, menudo pivón y buena cabeza política, ha sido la primera en pedir disculpas a la platea por los desmanes de su partido. Imitarla, el propio Rajoy y a continuación sus subordinados, sería un ejercicio de luminaria democrática. Ojalá ocurra por pura sensatez.

Siguiendo con el país de los ciegos se repite el curioso relato de Benjamin Button, personaje del novelista Fitzgerald, luego llevado al celuloide, de un hombre que en vez de envejecer, rejuvenece, cayendo en una contradicción anti natura. Resulta de juiciosos que una pareja con gemelos a punto de alumbrar, a un coste altísimo en sus bolsillos, pretenda mudarse a un solaz de tranquilidad. Empero, hay excepciones y, al igual que Benjamin Button, la contradicción anti natura asoma con desparpajo en la pareja de líderes y futuros papás Iglesias/Montero. No hace demasiado, Iglesias, corriendo cual zagal, la coleta al viento, al lado de Ana Rosa Quintana, declaraba que jamás se trasladaría a un chalet de las afueras, uno de los gravosos, rodeado de la alta burguesía que le está robando el trigo y hasta la moral a nuestros conciudadanos. El asunto es que la bromita del nuevo palacio de invierno (allí se escudará el zar de sus muchos detractores), le ha costado, junto con su pareja, la oronda cifra de 615.00 euros. El que suscribe se gastaría esa cantidad en una casa de ganarla, aunque nunca proclamándose el adalid de los desamparados y de las clases trabajadoras y de las medias e insultando a todo al que discorde con él. A Iglesias, como a cualquier buen marxista leninista, le ha cegado el poder; lo peor del asunto es que sus Engels somos los contribuyentes.

En el país de los ciegos una pareja contra un full puede ganar, el trampantojo de la realidad está a la orden del día, la discordia política que no el pacto es la norma.

Al cabo, a muchos se les ha ido la teja y con ella los tornillos que la sujetaban. ¿Quién nos cubrirá del temporal? Habremos de escondernos bajo el chaparral que desbrozará el tormentón. Parece que España se hunde y que nadie tiene la visión de salvarla, entre los políticos de todo signo y condición, amachambrados a sus poltronas. Que venga Dios y lo vea.

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