-Me iría ahora mismo hasta Barcelona -solía decir cuando alguien le preguntaba si estaba cansado de conducir.

Mi papá. Francisco Puebla González-Briz.

-Te quiero mucho -le dice mi hermano en el pequeño, pero al final muy entrañable cuarto en la quinta planta, paliativos, de La Paz, y él, mi padre, mi papá, responde:

-Como la trucha al trucho.

Han sido unos días magníficos, los días en los que mi padre se estaba muriendo, con una elegancia, un savoir faire que dejaba enamorado, que hacía que hasta las enfermeras de paliativos, tan acostumbradas a la tragedia del morir, le besaran y dijeran piropos, coquetearan con él.

-Qué bonitos ojos tiene usted. Dígame ¿cómo se encuentra hoy, don Francisco?

-Muy bien -siempre respondía muy bien, aunque se estuviese muriendo (y en verdad se estaba muriendo).

Muy bien, y conseguía dibujar un amago de sonrisa bajo el bigote que jamás le abandonó, para a continuación añadir:

-Y mucho mejor desde que estás tú conmigo aquí.

Pasaba largas horas dormido o inconsciente, sin fuerzas para articular siquiera una palabra, pero cuando volvía a despertar, a esa vida cortísima que le quedaba ya, ni una sola vez dejó de comportarse como el gentleman más impecable que he visto jamás. Y es extraño para mí estar afirmando esto, porque hasta esos días en la primera habitación, entrando a la izquierda, de la zona de paliativos, quinta planta de La Paz, nunca me había fijado especialmente en esa calidad superior. Gentleman era mi tío Luis Cerezo, o mi impagable amigo Javier Vassallo, o Luis Alberto de Cuenca, pero ¿mi padre? Aunque ahora, cuando escribo, comprendo que sí: el modo en que movía los dedos para ayudar a cualquiera a ponerse el abrigo, ese cortesía de la que jamás le vi abdicar de dejar en la puerta de su casa a quien fuera que llevase en su coche. Y llevó a medio mundo, mi padre, mi papá, en su coche, porque le encantaba conducir; hubo un tiempo que tenía hasta cinco coches a la vez, cuatro de ellos Seat 1500, que alquilaba y con los que enredaba hasta niveles difíciles de imaginar.

Fue ahí cuando dejó de luchar.

-Estás flojo, papá.

-Es que ya no me interesa nada.

Y no le interesaba ya nada porque habían decidido por él que debía dejar de conducir, a mí también me daba cierto miedo que llevase a mi hijo, aunque hasta el último viaje me senté junto a mi padre. Conducía maravillosamente bien, como si el coche fuese parte de él.

-Tienes noventa y dos años, Paco.

-¿Y qué? Yo me siento bien.

Se sentía bien, muy bien. Aunque quizá lo decía del mismo modo que en el hospital cuando le preguntaban Charo o María o Tamara, las enfermeras, y él respondía bien, muy bien.

-Tu padre no se da cuenta de la edad que tiene, se cree que tiene cincuenta años como mucho -nos decía mi madre.

Y él se encogía de hombros. ¿Y qué?

Han sido días maravillosos, que naturalmente jamás olvidaré mientras yo viva, los de la quinta planta en La Paz. Cada noche acudía a leerle -Tom Sawyer, Huckleberry Finn, Salgari- y a acompañarlo y mimarlo, acariciarle el pelo, las manos y hasta las rodillas que quedaban desnudas bajo ese camisón impertinente que te obligan a ponerte en los hospitales en la época actual.

-Te quiero -me confesó una noche, poco antes de que llegase el magnífico Ismael Jader Mora, su ángel de la guardia durante el oscurecer.

-Y yo soy la persona que más te quiere del mundo -respondí; aunque eso él ya lo sabía, un día se lo había soplado Max, mi hijo, cuando apenas tenía cinco o seis años:

-A ti quien más te quiere en el mundo es tu hijo, que es mi papá.

Mi papá, mi padre. Lloré la noche que sonó el teléfono e Ismael dijo que convenía que fuese. Lloré y sollocé; también cuando hablé sobre él, para él, acariciando con toda la magia de la que soy capaz la urna de madera que contenía sus cenizas, delante de familiares y amigos en el cementerio.

Y ahora, me sobra hombría para confesarlo, estoy llorando otra vez, mientras escribo. Mi padre, mi papá.

Mi papá.

La única persona del mundo que, en los momentos verdaderamente importantes, no me falló jamás.

-Te estoy complicando la vida -se disculpó el gentleman una de las noches de La Paz, y a mí me faltaron reflejos para responder. Pero lo hago ahora:

-Me estás dando las más bellas horas de mi vida, papá.

Y aún tengo que añadir que el día siguiente a su muerte, cuando me hundía y hasta me costaba respirar, lo sentí dentro de mí, mirándome y diciéndome con la mirada que ya estaba bien, que nunca habíamos sido un padre y un hijo de grandes conversaciones, y que pasábamos a veces meses sin vernos ni hablar.

-Pues como si estuviéramos en uno de esos periodos.

Y enseguida me recuperé, y sonreí. No he vuelto a llorar hasta hoy, aunque quizá lo haga otra vez en su funeral el próximo lunes veintitrés de julio en la Iglesia del Espíritu Santo, donde se casó con mi madre, y a la que cada diecisiete de junio acudíamos para celebrar el aniversario. Sé que le incomodará un poco si subo al púlpito y se me mojan los ojos delante de todo el mundo cuando hable de él. Porque él era un gentleman y jamás se habría permitido una debilidad así.

Mi papá.

Nadie puede comprender lo que se siente en un momento así, hasta que no le sucede a él.

Mi papá, mi padre, mientras yo viva, vivirá conmigo, porque hay una parte de mí que es él, ante todo y sobre todo: él.

Nota: este pequeño texto está dedicado a Lola Frutos y Montse Artero, mi mujer y mi cuñada, que se comportaron con mi padre, Francisco Puebla González-Briz, durante esos últimos y maravillosos días, como las hijas que él nunca llegó a tener.

 

(Mecanografía: MDF)

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31 Comentarios

  1. Recuerdo una vez que estábamos en tu casa de la calle Silva y tu padre apareció con un paquete de bricks de leche, baje con él las escaleras y se empeñó en llevarme hasta mi casa. Un caballero.

  2. Precioso y sentido artículo Javier, seguro que tu padre lo muestra por ahí donde con ese orgullo de decir “mitad es de mi hijo”. Lamento mucho la irremediable perdida y te envío por haberlo tenido a tu lado hasta esta edad nuestra, yo desgraciadamente lo perdí sin haber cumplido la mitad de la edad que tenemos ahora. Más de media vida recordándolo es mucho tiempo. Me encantaría poder acompañaros el lunes y darte (daros) un fortísimo abrazo. Desgraciadamente este lunes estaré fuera y me será imposible acompañaros, aunque ten por seguro que estaréis presentes en mi memoria. A la espera de poder hacerlo personalmente recibe ese abrazo de este amigo que tanto te aprecia y por favor hazlo extensivo a tu hermano Eduardo

  3. Hola. Muy bonito lo q escribió. Os deseo mucho ánimo, no será fácil lo q estáis viviendo. Desde fuera de miraba y palpaba el amor q todos vosotros sentían x Don Francisco, y el se fue sabiéndolo q es lo más importante…una familia de revista….!!!! Siempre q veo el libro q m regalo inmediatamente lo relaciono con aquélla habitación y en ella, el señor d ojos azules q daba gusto cuidarlo aún cuando estaba d los nervios el día q había tenido mucha visita. Pero lo arreglaba con una simple mirada y un rose d su mano en mi brazo, esa era una d las maneras d agradecer lo poco q yo podía y hacía x el. Fue un placer haber conocido y cuidado al ( señor de ojos azules) así era como le llamaba yo cuando hablaba d el, desde el cariño x supuesto.

  4. Hola Javi siento mucho lo de tu padre, pero como lo cuentas sé que ha muerto rodeado del cariño de los suyos. Me acuerdo de él perfectamente y efectivamente era todo un caballero.

  5. Querido Javier: Lo acabo de leer. Mi más sentido pésame. En momentos así no se qué más decir. El texto es precioso y me ha emocionado. Un saludo.

  6. Grande y bueno. En todos los sentidos. Siento y comparto tu dolor. Mi padre hace 35 años que dejó de cinducir. Ahora quizá ambos estén con sus coches aquellos por las carreteras del otro lado, donde los mapas se hacen con papel de cebolla. Te quiero, amigo. Un abrazo muy grande

    • Gracias jesús, me encanta lo de los mapas hechos con papel de cebolla, y seguro que ambos, sí, están conduciendo. En algún momento se cruzarán y sabrán que tú y yo somos sus hijos. Todo mi afecto

  7. Hola Capi: Acabo de leer tu artículo, te envío mucho cariño,un abrazo y fuerzas para superar este mal momento, por cierto, preciosas palabras, estoy segura que tu papi dónde esté ahora mismo estará con esa sonrisa suya de la foto, que por cierto vaya ojazos tenía 🙂

  8. Leído. Muy bonito. No me puedo imaginar lo que es pasar por esto pero creo que poder escribir algo así debe ayudar.
    Un abrazo fuerte

  9. Mi más sincero pésame que me gustaría transmitieras a tu madre.
    Vecinos de tantos años en Los Arroyos …
    Fue todo un caballero, amable y con una sonrisa siempre presente.
    Dejará su huella y siempre te acompañará
    Un beso fuerte,Javier

  10. Mi más sincero pésame que me gustaría transmitieras a tu madre.
    Vecinos de tantos años en Los Arroyos …
    Fue todo un caballero, amable y con una sonrisa siempre presente.
    Dejará su huella y siempre te acompañará
    Un beso fuerte,Javier

  11. Querido Javi,
    Ayer supe que tu padre ha fallecido. Y de pronto, lo recordé como el vecino elegante, de mediana edad, risueños ojos azules, sonrisa perpetua y amabilidad infinita. Y volví a una de las miles de veces en que coincidíamos y me dedicaba uno de aquellos comentarios que siempre me arrancaban una sonrisa o una risa.
    Yo era muy vergonzosa, pero él rompía la barrera con su naturalidad líquida, que se colaba hasta el escondite más recóndito de la timidez.
    Su recuerdo me devolvió a tiempos muy felices de infancia y adolescencia, a toda la buena gente que coincidió en mi vida, tan cerca…
    Ese es y será siempre para mí, tu padre, Paco.
    No he podido estar para despedirle, pero quiero mandaros todo mi cariño a toda la familia, pero en especial a tu madre, a la que siempre he adorado y admirado. Y a ti, amigo.
    No sé cuándo tendré la oportunidad de darte un beso y un abrazo, pero necesitaba compartir este entrañable recuerdo contigo. Y decirte que la vecina, la misma tímida muchacha a la que hacía reír tu padre, sigue en la puerta contigua, a tu lado.
    Un beso.

  12. Querido Javi,
    Ayer supe que tu padre ha fallecido. Y de pronto, lo recordé como el vecino elegante, de mediana edad, risueños ojos azules, sonrisa perpetua y amabilidad infinita. Y volví a una de las miles de veces en que coincidimos y me dedicó uno de aquwllos comentarios que siempre me arrancaban una sonrisa o una risa.
    Yo era muy vergonzosa, pero él sabís romper la barrera con su naturalidad líquida que se colaba hasta el más recóndito escondite de la timidez.
    Su recuerdo me devolvió a tiempos muy felices de infancia y adolescencia, a toda la buena gente que coincidió en mi vida, tan cerca.
    Ese es y será siempre tu padre para mí, Paco.
    No he podido estar para despedirle, pero quiero mandaros mi cariño, el de los míos. A toda la familia, pero en especial a tu madre, a la que siempre he adorado y admirado. Y a ti, amigo.
    No sé cuándo tendré la oportunidad de darte un beso y un abrazo, será ya el lunes.
    Pero quería compartir este entrañable recuerdo contigo. Y decirte que la vecina, la misma tímida muchacha a la que hacía reír tu padre, sigue en la puerta contigua, a tu lado.
    Un beso.

  13. No importa la edad que se tenga. Siempre se siente uno huérfano cuando se pierde la referencia en quien mirarse, el consejo complice, el amor incondicional.
    Nos quedan sin embargo los momentos felices y la certeza de que seguirá siendo parte de nuestro pensamiento.
    Un abrazo a todos

  14. Texto fantástico Javier. O teu Pai foi e será sempre uma referência “Top” para toda a Família Portuguesa e Espanhola. Amanhã se Deus quiser lá estaremos para lhe prestar a nossa sentida e sincera homenagem. Bem hajas Tio Paco e descansa em paz.

  15. Lo siento en el alma. cuando un padre muere (mi madre l hizo demasiado pronto para todos, incluida ella misma) parte dl mundo de l infancia se cierra en una especie d caja d olor, supongo q para conservar bien ese aroma dl mundo q compartimos y ya no existe piu. Para mí fue así. Un abrazo muy fuerte. JC

  16. Lo siento en el alma. cuando un padre muere (mi madre l hizo demasiado pronto para todos, incluida ella misma) parte dl mundo de l infancia se cierra en una especie d caja d olor, supongo q para conservar bien ese aroma dl mundo q compartimos y ya no existe piu. Para mí fue así. Un abrazo muy fuerte.

  17. Querido Javier, cuanto lo siento, no encuentro palabras por las que pueda consolarte, pero desde la amistad, te envio mi mas sentido pesame. Un abrazo muy fuerte. Animo Javier

  18. lNo tengo palavras para describir al Tio Paco, me quedo con todos Los momentos divertidos e familiares passados con ellos , hablo de ellos porque son ellos Paco e Mercedes, mi tio era el gran amigo de mi madre, adorable e siempre disponível y mi tia Mercedes la mas simpática e carinhosa, lá union de ellos fue El máximo esplendor de un Amor con letra grande, Amor e respecto mutuo que siempre senti. Lloro por no poder estar en el último momento para decir adios, pero FELIZ porque porfin mi madre tendra una feliz companhia en el cielo. beso especial a todos y ya nos veremos.

    Francisco Puebla, Sobrino de sangre e corazon

  19. Amigo mio, siento mucho tu pérdida. Tienes razón en tu artículo: ha sido tan caballero que te ha acompañado hasta más allá de la mitad del camino. No está nada mal. Se ha ido un hombre muy mayor, lentamente, os ha dado a todos la oportunidad de quererle y arroparle hasta el final, y ha dejado una familia que le quiere. A mi no se me ocurre un final mejor. Un fuerte abrazo querido amigo

  20. Texto fantástico Javier. Tu Padre foi e será sempre uma referência “Top” para toda a Família Portuguesa e Espanhola. Amanhã se Deus quiser lá estaremos para lhe prestar a nossa sentida e sincera homenagem.
    Bem hajas Tio Paco.

  21. Qué difícil es encontrar las palabras para poder llegar hasta donde querría.
    Lo siento, lo siento, lo siento muchísimo querido amigo.
    Cariño y mi amistad son solo palabras, pero llevan dentro todo lo que en este tiempo tan duro para ti puedo darte.
    El está orgulloso de un hijo como tu.
    Yo también.

  22. Querido Javier,

    Es una suerte despedirse de quien se va con los deberes hechos, con la vida cumplida, con la mirada azul.

    Mi madre dejó de respirar hace ya casi treinta años, cuando vivíamos en N.Y.; desde entonces no he dejado de contar con su compañía, como antes. Solo que ya no podemos levantar el teléfono, y hablar.

    Te deseo que sientas esa cercanía en la aparente distancia!

    Un abrazo,
    Antonio

  23. Ahora sólo puede sentirme tú, creer más que nunca que la “muerte” no existe.. y secar mis lágrimas.

    Un beso para tu padre que en ti existe.

  24. Me hubiese gustado estar contigo, desconocía la situación. De cualquier manera mis sentimientos al igual que mi respeto, alma conciencia y sentimientos, siempre están contigo.
    Tus alegrías son las mías y tus penas son mis penas porque nuestra amistad es inquebrantable.
    Un fuerte abrazo fraternal.

  25. Tu padre te seguirá ayudando de forma invisible, aunque no lo creas. Genéticamente por supuest que sigue vivo en ti. Pero lo más bonito es que sin darte cuenta de repente haces cosas que hacía tu padre… beber el café mirando hacia la ventana o leer después de cenar, por ponerte un ejemplo; cosas que tú antes no hacías… esto es la magia de la vida. Ánimo.

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