Estimada Irene, estimado Pablo:

No me escandaliza que os hayáis comprado un chalet mastodóntico. No formo parte de ninguna tendencia puritana que fiscaliza cada paso de los representantes públicos. No os culpo tampoco si ahora no sentís tanta aversión a lo que antaño llamabais casta. Todo el mundo tiene derecho a cambiar.

No creo que la gente de izquierdas deba vivir en condiciones de indignidad. Tampoco relaciono la dignidad con pomposas atribuciones patrimoniales. No creo que el confort, ni siquiera en su cepa hortera, impida tener sensibilidad social. No sé si sois unos privilegiados. Tal vez, simplemente, dos malos actores.

Sí creo en la coherencia personal e ideológica. He ahí el principal problema. El que aparece cuando los hechos desmienten las palabras. Cuando tantas lecciones pasadas parecen ahora una burda parodia, una broma inverosímil. Cuando la escenificación pomposa y altisonante que acompañaba a la moralina se revela como una pésima pantomima.

Pablo, no espero de la izquierda voto de pobreza o reportajes forzados en un piso de Vallecas, ni camisas compradas en el Alcampo o sermones anticapitalistas mientras se bebe coca-cola. Espero un relato político creíble y coherencia ideológica. También personal. Coherencia y honradez. No pido mucho.

Creo, Irene, que la casa y la hipoteca son meras anécdotas. Me preocupa que siga habiendo ejecuciones hipotecarias trufadas de cláusulas abusivas – nada que ver con vuestras apetecibles condiciones crediticias – y lanzamientos derivados de las mismas, promovidos por fondos buitre o por empresas dedicadas a la pura especulación inmobiliaria. Muchos ciudadanos bienintencionados que os votaron siguen pasándolo mal. La desigualdad es real en nuestro país, no es un eslogan, no es una pose. Sé de lo que hablo. Y vosotros, se supone, también. Lo saben y sufren, Pablo, tus (ex) vecinos. La mal llamada economía colaborativa devora trabajos dignamente remunerados y consolida condiciones laborales más propias del capitalismo decimonónico, sin la menor tuición ni derechos, fuente de una casuística escalofriante. Proliferan los sueldos de miseria, el fraude fiscal, los fraudes laborales, las privatizaciones. Y mientras tanto, ¿qué estáis haciendo, Irene?

El problema, Pablo, es que primero jugasteis a ser transversales y, nada más echar mezquinas cuentas electoralistas, os echasteis en brazos de los nacionalistas identitarios. ¿Os suena el etnicista Torra? Aún seguís sin descubrir el Mediterráneo ante vuestros ojos: son nuestra extrema derecha, nuestros Trumps provincianos, nuestros racistas locales. Y mientras sonreíais cómplices y complacientes cuando se trataba de levantar una frontera entre conciudadanos, os olvidabais de los de abajo. ¿Acaso desconocíais el oneroso recargo, en términos de igualdad, que la ruptura de España acarrearía para los más débiles? Quisisteis mirar hacia otro lado, estar en misa y repicando. Y abrazar la reaccionaria categoría de identidad, como si lo de la clase social oliese a naftalina. A naftalina siempre ha apestado eso de izquierda nacionalista, el oxímoron perfecto, la forma suprema de ser y parecer reaccionarios. ¿Qué hay de los parados, de los precarios, de los falsos autónomos, de los explotados? De los que necesitaban y necesitan, como el aire que exigimos trece veces por minuto, por decirlo con Celaya, una respuesta social. No tanta pose vacua, tanta incoherencia, tanta complicidad con las causas que disuelven la izquierda como azucarillo en vaso de agua.  Cuando pasó la tormenta, llegó la incómoda calma, con su cruda realidad. Débiles con los fuertes, fuertes con los débiles.

No, Irene, la casa y la hipoteca no son el fondo, sólo la superficie. Lo grave es que habéis dilapidado la esperanza. El 15-M no fue pose ni vacío, menos aún una consulta teledirigida para socializar el bochorno. Fue una reivindicación de ciudadanía, no la oscilación constante entre identidad y esperpento.

Por cierto, no me he presentado y aprovecho la ocasión. Soy Guillermo del Valle, abogado de la Asociación de Vecinos del que era tu barrio, Pablo: Fontarrón. Y me he permitido escribirte, escribiros, porque me duele, en verdad, todo lo que está pasando. Huelga decir que soy de izquierdas y por eso, precisamente por eso, no voto a Podemos.

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Nací en Madrid en noviembre de 1989. Me licencié en Derecho en 2011 por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Práctica Jurídica por la EPJ de la Universidad Complutense de Madrid en el año 2013. Desde hace más de cinco años me dedico al ejercicio libre de la abogacía en las jurisdicciones civil, penal y social, así como en el Turno de Oficio. Curso estudios de Ciencias Políticas en la UNED. Formé parte del Consejo de Dirección de Unión Progreso y Democracia. En la actualidad, soy portavoz adjunto de Plataforma Ahora y su responsable de ideas políticas. Creo firmemente en un proyecto destinado a recuperar una izquierda igualitaria y transformadora, alejada de toda tentación identitaria o nacionalista. Estoy convencido de que la izquierda debe plantear de forma decidida soluciones alternativas a los procesos de desregulación neoliberal, pero para ello es imprescindible que se desembarace de toda alianza con el nacionalismo, fuerza reaccionaria y en las antípodas de los valores más elementales de la izquierda.

9 Comentarios

  1. Para matar esperanzas mejor estan los que pagan este articulo : el pasoe…
    que va de izdas pero siempre votó aun con Sanchez con el PP
    El articulo es PPropaganda de derechas : sensacionalista emotiva y visceral y sin argumentos,
    ¿ se cree que por decir “incoherencia ” ya lo ha explicado todo ? eeenga ya !

  2. Es una falacia bastante burda la que consiste en inferir que de una crítica a las incoherencias de los dirigentes de Podemos se sigue el abrazo acrítico a las políticas del PP, Cs o PSOE. Basta con leer y revisar el artículo. Hablo de incoherencias, sí. Como también hablo de las políticas neoliberales a las que Podemos debería dar contundente respuesta, en vez de dedicarse en cuerpo y alma a la escenificación, al postureo, a la permanente contradicción, y, sí, también a la complicidad con los nacionalistas.

    Por cierto, no cobro un céntimo por los artículos que publico en Diario 16. Estaría bien no rebajar el nivel del debate a la difamación, o al exabrupto nervioso, cuando se critica a una determinada élite dirigente, a lo que antaño llamábamos casta. Cuando las críticas molestan tanto, igual es que no estamos preparados para la discrepancia y la libertad de opinión, y necesitamos el aplauso y la alabanza perpetua. Pero eso tiene poco de democrático… así que disculpen por anticipado si no participo de la hagiografía perpetua que me exigen.

  3. Y si se es de izquierdas y no se vota a Podemos, a quién se vota? Es para saber qué opciones tengo en las próximas elecciones 🤤

  4. Y dale con el etnicista Torra! Por qué no se lee primero lo que ha escrito y se entera del contexto, en vez de repetir como un lorito las consignas del PSOE?

  5. ¿El pecado es una hipoteca de 300.000€ cada mienbro de la pareja y a 30 años?¿Votamos mejor a susanita diaz?

  6. Felicidades. No se podría decir mejor. Y se lo dice alguien que no pertenece a ningún partido y que no mira la política con la bufanda de forofo futbolístico puesta. Para los que establecen como únicas alternativas de izquierda el Psoe y Podemos (inocentemente?)…Existen alternativas como ahora plataforma y Upyd que seguirán siendo minoritarias mientras la gente de izquierdas se conforme con la papilla de la tele y no quiera mirar más allá. De nuevo mis más sinceras felicitaciones.

  7. Guillermo, le felicito por su cabal postura y su coherente y activa biografía. A esos pijoprogres postureros, ni caso.

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