Apenas han pasado tres días desde la derrota de Soraya SS en el Congreso del Partido Popular cuando, casualmente, se ha incrementado la información en contra de Pablo Casado y su currículum académico. Las casualidades jamás son casuales. En política mucho menos, sobre todo porque quien probablemente tenga en su poder cientos de miles de informes con los trapos sucios de miles de rivales o de personas influyentes de todos los sectores, no iba a dejar de hacer uso de los mismos para lograr el resultado que la democracia orgánica del PP no le concedió.

Resulta «casual» que el currículum académico del presidente electo del Partido Popular fuera filtrado cuando apenas faltaban unos días para que saliera la sentencia de la Gürtel que provocó la moción de censura de Pedro Sánchez y justo cuando el caso de Cristina Cifuentes metía presión para que abandonara su cargo de presidenta de la Comunidad de Madrid —como no dimitió hubo que echar mano de toda la artillería con un vídeo que por ley debía estar destruido—. Precisamente, Pablo Casado y Cifuentes, los dos rivales a los que más se temía desde el entorno de Soraya Sáenz de Santamaría.

También resulta «casual» cómo la Justicia ha acelerado sus procesos para llamar a declarar o a imputar a personas que presuntamente tienen alguna relación con Pablo Casado, mientras que en casos en los que hay más de un millón y medio de damnificados por la presunta estafa más grande de la historia de España va a ritmo de tortuga y siquiera se ha llamado a declarar a ninguna de las personas relacionadas, ya sean imputados, ya sean testigos.

Quien recibía los elogios en su despacho de Moncloa, a la que personas que ya han sido fichadas por el Santander —queda a la espera saber si antes del mes de septiembre Soraya SS tendrá ya su despacho preparado en Boadilla del Monte— llamaban «presidenta» en la intimidad, algo similar a lo que ocurría en el Palacio del Pardo cuando se dio orden de referirse a Carmencita Franco y a Alfonso de Borbón como «altezas», no ha digerido bien su derrota. Tanto ella como su entorno esperaban que el poder de su información determinara el sentido del voto de los compromisarios. Sin embargo, como ya escribimos en este medio, la ideología pudo a los dosieres y las personas que saben perfectamente que un partido político no se gobierna desde el acoso sino transmitiendo a los ciudadanos unos valores ideológicos.

No obstante, hay que fijarse bien en las fotos para comprobar que, tras conocerse la victoria de Pablo Casado, la expresión de Soraya SS estaba enmarcada en una sonrisa nada forzada, al contrario, parecía absolutamente natural. ¿Qué podían tener preparado para estar tan tranquila? Lo estamos viendo en la campaña de estos días.

Las relaciones de Soraya SS con el Santander también pueden estar influyendo en la creación de un problema de Estado por el currículum de Pablo Casado. Lo mismo que al resto del IBEX35 que hubiesen estado más tranquilos con una presidenta del Partido Popular absolutamente afín a sus intereses. No hay más que ver que, por ejemplo, una de sus más adictas seguidoras fue Fátima Báñez, la mujer que desde su ministerio ha legislado para lograr que los beneficios empresariales se disparen mientras que los salarios y las condiciones laborales de la clase trabajadora se depauperaba a niveles más propios de un país que inicia su desarrollo que de la cuarta economía de la Eurozona.

Por otro lado, esas élites económicas y empresariales saben que el proyecto de su patrocinado Albert Rivera está muerto con Casado al frente del principal partido conservador porque mucho del voto de derecha de este país que se marchó del PP por la corrupción y por la gestión del gobierno de Rajoy, retornará por encarnar el palentino los valores principales del conservadurismo español, se esté o no de acuerdo con dichos planteamientos que, por otro lado, son muy importantes para la salud de una democracia madura.

Los poderes económicos y financieros de este país tenían mucho interés en que la candidatura de Soraya SS y de su equipo fuera la que se hiciera con la presidencia del partido representativo de la derecha española porque desde el IBEX35 y otros benefactores internacionales de Albert Rivera ya se podría estar preparando un proyecto político pensado para las próximas elecciones generales con la unificación de los dos partidos conservadores, tal y como se lleva solicitando desde algunos sectores de la política nacional. Por esta razón, es más que probable que esa estrategia política llevara también a una especie de simbiosis diabólica entre algunos de los más cercanos a Soraya —o, tal vez, ella misma— a la hora de compartir información para destruir a rivales presentes y futuros. Hay que recordar el hecho de que Pablo Casado era la persona invitada por el Club Bilderberg y, a última hora, fue cambiado por Soraya Sáenz de Santamaría. Ana Botín, Albert Rivera, Juan Luis Cebrián y la propia ex vicepresidenta estuvieron juntos y los resultados de esa reunión tras la victoria del palentino ya los estamos viendo. Las élites ya tenían candidatos, pero la democracia pudo nuevamente con los intereses de los poderosos. Ahora sólo queda saber si no sacarán una apisonadora destructiva para, una vez más, hacerse con lo que el pueblo les negó.

Es muy peligroso dejar el futuro de la democracia en manos de quien cree que un dosier puede transformar una decisión libre del pueblo. En este caso podríamos, incluso, pensar que esos informes pudieran llegar a repercutir en la acción de la Justicia si existieran dosieres de algún miembro de la judicatura o la fiscalía e influyeran, inevitablemente, en una decisión que favoreciera a las dictaduras privadas que suelen apoyar a quienes, a falta de recursos políticos, recurren a este tipo de prácticas.

La política es la ciencia que se mide por los hechos y cuando una formación se traiciona a sí misma, como ya ha ocurrido en algún partido progresista, el resultado es que el pueblo huye de él. En Pablo Casado confluyen todas las corrientes ideológicas que abraza el ideario del Partido Popular y, por esta razón, ganó el Congreso. De momento Pablo Casado no tiene hechos que demuestren su capacidad de gestión, pero, lo que queda muy claro es que un tema privado, un tema de currículum académico, no es causa para desarrollar una brillante labor al frente del PP. Un máster, una licenciatura o un doctorado no son más que papeles cuando hablamos de gestión política porque, ahí, lo prioritario son los hechos. ¿Para qué le sirve una licenciatura, un máster, un curso de posgrado o un doctorado a un político? Para nada. Grandes líderes de la historia que cambiaron la realidad política y social no han tenido un título universitario como, por ejemplo, George Washington, Lula Da Silva, Marcelino Camacho o Lech Wałęsa. Otros que sí lo tuvieron o lo tienen fueron un desastre en su gestión como, por ejemplo, George W. Bush, Robert Mugabe, Neville Chamberlain o Matteo Salvini tuvieron o tienen, al menos, un título universitario. Al político le avalan su gestión y sus hechos y, de momento, de eso no disponemos de más datos respecto a Pablo Casado porque aún no le ha dado tiempo.

Las personas autoritarias, sus posibles aliados y sus entornos, tanto en la política como en la empresa o en la gran banca no aceptan las derrotas porque piensan que desde su autoritarismo disponen de la verdad absoluta. Ese hecho hace que intenten revolverse ante su capitulación utilizando todos los medios posibles para recuperar lo que ya creían que era suyo por derecho.

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