(FILES) This file picture dated May 2, 2009 shows former leader of the banned Basque political party Batasuna, Arnaldo Otegi giving a press conference in the northern Spanish Basque city of San Sebastian. A Spanish court sentenced on March 2, 2010 the leader of the banned Basque separatist party Batasuna, Arnaldo Otegi, to two years in jail after being convicted on charges of glorifying terrorism. AFP PHOTO / A. ARRIZURIETA

3 mayo 2004
(Cambio16, número 1691)

El líder de la izquierda abertzale en Euskal Herria Arnaldo Otegi, portavoz parlamentario del grupo Sozialista Abertzaleak (SA), en el Parlamento vasco, no suele efectuar declaraciones a los medios de comunicación del Estado español. En una entrevista exclusiva concedida a CAMBIO16 ha hecho manifestaciones sorprendentes, al menos para la mayoría de los ciudadanos españoles que desconocen la realidad de Euskadi y las raíces del denominado conflicto vasco. Desde luego, y esto es algo que está fuera de toda duda, su opinión es una opinión autorizada y su influencia es determinante en el proceso de paz, en el ya largo camino para la normalización de la convivencia ciudadana en el País Vasco en el que muchos se han dejado la vida y otros nos dejamos día a día la piel.
Afirma Otegi que la opinión pública española no sabe que los concejales de la izquierda abertzale en Euskadi, cuando tratan temas sociales o incluso algunos de perspectiva nacional, se entienden mejor con los concejales socialistas del PSE-EE que con los nacionalistas del PNV. Dicho así, choca muchísimo, pero su análisis es contundente: se siente más cómodo con las tesis del presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, que interpreta como un guión ajustado para el inicio del diálogo y la negociación política, que con el plan Ibarretxe, un proyecto unilateral que el lehendakari y el PNV se han empeñado en imponer a todos los vascos por vía parlamentaria y cuyos apoyos se resquebrajan cada día más. Los otros dos miembros del Gobierno tripartito vasco –Eusko Alkartasuna y Ezker Batua– ya no comulgan como antes con el trágala de Ibarretxe y, como la izquierda abertzale, apuestan más por la vía catalana para la reforma estatutaria que con las aspiraciones soberanistas de un PNV que aún no se ha dado cuenta de que ha cambiado sustancialmente el escenario político. Otegi lo sabe y por eso no tiene reparos en decir que en su planteamiento vería con buenos ojos un Parlamento vasco a cuatro territorios —incluido Navarra— con los socialistas en Ajuria Enea que otro a tres con el PNV en el Gobierno.
Ítem más. Otegi no tiene reparos en reconocer que lo que la derecha española siempre ha considerado fundamental —los símbolos— tiene una importancia relativa. Tras dos décadas de Gobierno del PNV, a la izquierda abertzale no le gusta ni el himno del PNV, ni la policía del PNV y, si me apuran, ni la bandera que representó a Euskadi en 1936 —ellos prefieren la navarra—. Tampoco acepta que el lehendakari tenga que humillarse en invocar a Dios ante el roble de Guernica para jurar su cargo. En esa tesitura, sólo dos obstáculos se interponen en el diálogo y la negociación: que se reconozca la capacidad de decidir del pueblo vasco —su autodeterminación— y que se respete lo que el pueblo vasco decida –referéndum–. Sólo eso. Lo demás son aspectos secundarios. Estoy convencido de que con un lehendakari socialista habríamos avanzado notablemente en el proceso de paz. Zapatero ya ha dado algunos pasos y ha protagonizado algunos gestos: la vía catalana se abre camino en Euskadi mientras que el ministro de Justicia se propone desmontar el entramado jurídico-político con el que el PP pretendía asfixiar la voluntad de un pueblo. Sigamos por ese camino.

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