La masacre en la discoteca Pulse de Orlando el 12 de junio de 2016 ha dejado 49 víctimas mortales más el atacante que también resultó muerto, 53 personas heridas y un número indeterminado de personas psicológicamente traumatizadas. Es posible que el número de víctimas mortales siga aumentando ya que muchos de los heridos siguen hospitalizados. El atentado también ha puesto de relieve una vez más la manera en que el colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero) sigue siendo objeto de diversas formas de violencia, en ocasiones formas extremas y mortales. Constituye la mayor masacre por disparos en la historia norteamericana moderna y el mayor incidente de violencia contra el colectivo LGBT en la historia de los Estados Unidos. Los sucesos también han hecho reaparecer el debate sobre las masacres, la venta de armas, los atentados yihadistas en Estados Unidos y también el miedo al extranjero, al musulmán, al inmigrante, al otro.

Omar Mateen, un norteamericano de 29 años de origen afgano ha sido identificado por la policía como el perpetrador de la masacre. A pesar de la falta de perspectiva histórica y de que la información recogida por la policía y por los periodistas se va vertiendo en los medios de manera progresiva el perfil de Omar resulta contradictorio y controvertido; trabajos de seguridad, incluyendo guardia de prisiones, familiaridad con las armas, licencia personal de armas, musulmán, un antiguo compañero de trabajo lo ha descrito como una persona “desquiciada e inestable” que “a menudo ha hablado de matar gente y que ha manifestado su odio hacia gays, negros, mujeres y judíos”. Otros compañeros de trabajo han manifestado que Omar era una persona “violenta por naturaleza, intolerante hacia cualquier tipo de persona y que había dicho que en algún momento iba a matar a mucha gente”. Su exmujer también ha dicho que era violento y que estaba “mentalmente enfermo. Esa es la única explicación que puedo dar” y afirma que mientras estuvo con él no le vio apoyar ninguna forma de terrorismo. Otros testimonios indican que Omar podría ser homosexual o incluso podría vivir una homosexualidad traumática finalmente resuelta en forma de homofobia extrema.

Orlando-2Su relación con el islam resulta lógica ya que sus padres proceden de un país musulmán. También existen testimonios y evidencias de que en diversas ocasiones ha manifestado simpatía por al-Qaeda o Hezbollah. En una llamada hecha al teléfono de urgencias el mismo día de la masacre declaró su lealtad a ISIS. En un posible acto de oportunismo político ISIS ha reivindicado el atentado como propio.

La policía, al igual que sus familiares y entorno, dirige también la hipótesis hacia el campo de lo psicológico más que hacia el de lo político. El jefe de policía de Orlando ha dicho que se trata de un ‘lone wolf’ (lobo solitario), el sheriff del condado lo ha catalogado de ‘domestic terror incident‘ (incidente de terror doméstico). El director del FBI ha dicho que no hay ningún indicio de que formara parte de una red o de que formara parte de una operación dirigida desde fuera de los Estados Unidos y que por lo tanto se trataba de un individuo radicalizado a través de internet. Otros expertos en seguridad han dicho que ISIS puede haber inspirado el ataque pero sin conexión, sin entrenamiento y sin instrucción y que ISIS no tiene por qué saber de la existencia de Omar Mateen antes de la masacre ya que se trata de un lobo solitario auto-radicalizado.

Masacres

A pesar de que Omar Mateen  declarara su lealtad al Estado Islámico y que éste reclamara el acto la masacre de Orlando se integra dentro de una serie de masacres en aumento en los Estados Unidos. El presidente Obama, después de la masacre de San Bernardino en diciembre de 2015, dijo que en los Estados Unidos hay “una pauta de masacres que no tiene paralelismo en ningún otro lugar del mundo”. La página web Mass Shooting Tracker arroja estadísticas que afirman que en cinco de cada seis días se producen masacres. Es decir en 1000 de cada 1260 días. En el fin de semana de la masacre de Orlando otras cinco masacres han ocurrido en los Estados Unidos. Un total de 670 personas han muerto y 613 heridas en tiroteos múltiples en los Estados Unidos desde 1982. Esto se inserta en una media de unas 10000 víctimas por armas de fuego al año entre homicidios, suicidios, disparos accidentales, acción policial y tiroteos múltiples. Estados Unidos tiene el ratio más elevado de suicidios por cada 100000 habitantes y también el ratio más elevado de suicidios con arma de fuego. A sangre fría (1966) de Truman Capote, Bowling for Columbine (2002) de Michael Moore o Un día de furia (1993) de Joel Schumacher son ejemplos insertados en el arte de la lacra de los tiroteos múltiples y los asesinatos múltiples en los Estados Unidos. El último ejemplo describe con todo lujo de detalles el llamado síndrome Amok que consiste en una explosión de violencia extrema e indiscriminada, generalmente llevada a cabo por un único individuo hasta que es inmovilizado, abatido o comete suicidio. Este síndrome estudiado por el psiquiatra Joseph Westermeyer puede ser de gran utilidad para comprender el caso de Orlando.

De manera lógica, la masacre por tiroteo múltiple también ha reactivado la polémica sobre la venta de armas en Estados Unidos. Ya el 1 de octubre del 2015 después de la matanza de Oregón el presidente Obama afirmó de forma lúcida que “hay un arma para cada hombre, mujer y niño en América” y que

“Yo pediría a las agencias de noticias (…) que calcularan el número de americanos que han muerto en ataques terroristas en la pasada década y el número de americanos que han muerto por la violencia de las armas de fuego y que los mostraran el uno junto al otro en las noticias. (…) Gastamos más de un trillón de dólares y pasamos un sinfín de leyes, y destinamos agencias enteras en prevenir ataques terroristas en nuestro territorio, y de manera acertada. Sin embargo, tenemos un congreso que de manera rotunda nos bloquea cualquier intento de recoger información sobre cómo podríamos reducir las muertes por armas de fuego. Cómo puede ser esto?”

Quizá la respuesta recaiga en el poder del lobby de las armas y en el del complejo militar industrial que expande una cultura militarista desplegada en guerras constantes en los cinco continentes y en una normalización del uso y posesión de las armas que convierte a los Estados Unidos en la mayor gun society del mundo.

Instrumentalización política

Aunque la globalización permite conexiones identitarias en lugares distantes, la masacre de Orlando, más que una consecuencia de la dimensión global de los conflictos de Siria e Irak o de la guerra de Afganistán parece un producto puro de la sociedad norteamericana. Un producto que en un mundo globalizado puede aferrarse a elementos que sean funcionales a su trastorno. El perfil contradictorio, incluso paradójico, de Omar Mateen declarando su lealtad a una organización que no sabe que él existe, homosexual y homofóbico, de origen inmigrante y racista al mismo tiempo contrasta con la instrumentalización política oportunista que Donald Trump y otros actores, incluso ISIS, están haciendo del acontecimiento con el objetivo de ganar elecciones sembrando el miedo, ganar notoriedad, cerrar fronteras o activar el complejo militar industrial bombardeando en algún lugar.

OrlandoPara comprender la estrategia del miedo llevada a cabo por Donald Trump quizá tengamos que diferenciar entre cultura del terror y cultura del miedo, en la primera el poder ejerce la violencia y siembre el terror  entre sus súbditos; el poder es el foco del terror, en la segunda el poder difunde el miedo hacia sus enemigos y se erige como el protector del pueblo.

Las afirmaciones de Donald Trump a raíz de la masacre reiterando las propuestas de prohibir la inmigración musulmana a los Estados Unidos y aumentándola a las áreas del mundo en las que hay una historia de terrorismo contra los Estados Unidos son las últimas de una larga serie de propuestas de rechazo como la inmediata expulsión de los inmigrantes ilegales o la construcción de un muro en la frontera entre México y los Estados Unidos o de acusaciones contra refugiados, musulmanes, latinoamericanos, emigrantes, extranjeros, etc…. Trump no está solo en esto. El presidente de Hungría Viktor Orbán, el presidente de la república checa Miloš Zeman, el político conservador británico Nigel Farage, el político conservador Holandés Geert Wilders, la política conservadora francesa Marine Le Pen, etc… utilizan expresiones y afirmaciones similares en una estrategia de difusión del miedo para erigirse en garantes de la seguridad, la ley y el orden y fidelizar o ganar un electorado asustado por cualquier peligro real, percibido o inventado.

En el caso de Donald Trump la instrumentalización política consiste en aplicar un marco de análisis geopolítico a una situación que requiere marcos de análisis sociológicos y psicológicos. Trump difunde el miedo entre los votantes y se erige como protector del pueblo. El hecho de que el perpetrador de la matanza sea musulmán y declare su lealtad al Estado Islámico así como el contexto de entrada de refugiados en Europa y los atentados de Bruselas le permite aplicar este marco. Si el perpetrador no fuera musulmán Trump no podría aplicarlo y cualquier referencia a la matanza le hubiera llevado a reclamar mayor seguridad policial o incluso mayor facilidad de acceso a las armas entrando en una espiral sin fin ya que él es un firme defensor de la tenencia de armas. Su objetivo, sin embargo, es difundir el miedo y erigirse en garante de la seguridad y para ello aprovecha la oportunidad que la masacre le ofrece.

La masacre de Orlando, aunque se confirme la hipótesis yihadista, no debe eclipsar la pandemia que la sociedad estadounidense sufre a causa, entre otras cosas, de la gran disponibilidad de armas de fuego. Las masacres como la de Orlando, Columbine o San Bernardino no van a parar aunque se niegue la entrada a los musulmanes, a los latinos, o aunque se expulse a los inmigrantes ilegales. Tiene que ver con ellos tanto como con el resto de la sociedad norteamericana. Las muertes por armas de fuego no van a parar mientras se siga fomentando una cultura militarista, armamentística, mientras las armas sean uno de los grandes negocios, mientras estén fácilmente disponibles y mientras se difunda con gran éxito una cultura del miedo que refuerce el culto a las armas.

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