Hay algo misterioso en Edipo que embelesa así pasen siglos y milenios. Un mito imperdurable que extiende sin límites sus trágicas consecuencias. El Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk (Estambul, 1952) elige una reflexión de Nietzsche incluida en El nacimiento de la tragedia para darle carta de presentación a su maravillosa nueva novela, La mujer del pelo rojo (Literatura Random House). “¡Edipo, asesino de su padre, de su madre; Edipo, solucionador del enigma de la Esfinge! ¿Qué nos dice la misteriosa trinidad de estos actos fatales? Hay una antiquísima creencia popular, especialmente persa, según la cual un mago sabio solo puede nacer de un incesto”.

Pamuk siempre ha vivido entre dos mundos, en claro paralelismo a la ciudad en la que nació, Estambul, megalópolis situada entre dos continentes que ensambla a duras penas en sus calles dos culturas y sociedades condenadas a entenderse pese a un efecto centrífugo creciente de imprevisibles consecuencias.

La mujer del pelo rojo se remonta al mito de Edipo y su versión oriental de Rostam y Sohrab para abordar con un primor exquisito la historia del joven adolescente Cem Bey y de una treintañera actriz de teatro ambulante que lo enamora hasta el tuétano desde el primer instante en que cruzó su mirada con la de esa misteriosa mujer del pelo rojo. En una ciudad convulsa a mediados de los años ochenta del pasado siglo, el joven protagonista decide buscarse la vida de aprendiz trabajando a las órdenes de un experto pocero, contratado para buscar agua en una llanura estéril a las afueras de Estambul.

En medio de la relación cuasi paternofilial que entablan ambos surge como un rayo el perdido enamoramiento que el joven sufre gracias a la misteriosa mujer del pelo rojo. Esta trama argumental en apariencia sencilla y sin supuestas ambiciones esconde entre sus líneas una honda reflexión sobre dos culturas, con mucho más en común de lo que creen, que asumen el mito de Edipo de forma paralela, en un intento de entrelazar orígenes, mitos y concluir que los temas universales no entienden de culturas, banderas ni patrias. Están ahí para disfrutarlos globalmente en una verdadera y sincera hermandad.

Su trama argumental en apariencia sencilla y sin supuestas ambiciones esconde entre sus líneas una honda reflexión sobre dos culturas que asumen el mito de Edipo de forma paralela

Pamuk ha demostrado en su ya fecunda carrera narrativa y ensayística, la de un futuro arquitecto que cambió definitivamente su destino para entregarse en cuerpo y alma a la literatura, que la tensión narrativa de la que magistralmente hace gala no es producto de la casualidad, sino de una inteligente estructuración de sus novelas a modo de falsos thrillers en los que la intriga se mantiene de principio a fin aunque los temas tratados sean bien distintos. Así lo demuestra en novelas como El castillo blanco, que le sirvió para situarse en el foco mediático mundial tras los elogios recibidos nada más y nada menos que por John Updike. O también en El libro negro, La vida nueva, Me llamo Rojo o Nieve.

El parricidio y el incesto, esos delitos ancestrales que ponen en jaque las civilizaciones desde la noche de los tiempos, son abordadas por Pamuk con una soberbia sutileza, y sobre todo mucha valentía. Pero en contra de lo que cabría pensar a priori, el escritor turco no tiene en ningún momento un afán moralizante con el que rematar su novela. Todo lo contrario, abre puertas y ventanas para que nos descubramos ante el espejo y veamos que así somos todos, vivamos en el siglo V antes de Cristo o en el XX, en España, Estados Unidos, Irán o Turquía. Nadie está a salvo de Edipo y de la larguísima sombra que aún desprende tanto tiempo transcurrido.

 

La mujer del pelo rojo
Orhan Pamuk
Literatura Random House
281 páginas
21,90 €

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