En España no está permitida la gestación subrogada y sin embargo, cada año llegan a España unos 1000 bebes procedentes de otros países en los que si se practica este método. Un procedimiento que para representantes feministas de 18 países es una forma de “explotación reproductiva de las mujeres” dónde el caballo vencedor es el capitalismo. Por ello, un total de 250 organizaciones de mujeres se han sumado a la campaña internacional lanzada la semana pasada por las ONG españoles para exigir la prohibición de los vientres de alquiler.

A través de un comunicado se dirigen a los jefes de Estado y de Gobierno que participan en la asamblea general del próximo jueves de la ONU para que incluyan como punto del día la posibilidad de prohibir globalmente la maternidad subrogada. La Red Estatal Contra el Alquiler de Vientres considera que este procedimiento “convierte a los recién nacidos en objeto de transacción contractual y comercial”.

Deseos frente a derechos

La exmagistrada Elena Rábade, como representante del partido feminista de España, firma en nombre de la Red Estatal contra los Vientres de Alquiler por que, a su juicio, “los deseos tienen que tener un límite frente a los derechos de los demás”, en declaraciones a Diario 16.

“El deseo de ser padre o madre de niños/as que posean el material genético propio no es un

derecho ni un derecho humano. Los deseos no son automáticamente derechos”. Por un lado, el deseo de convertirse en padres “menoscaba el derecho fundamental de las mujeres a la filiación” y, por otro lado, en el caso de los menores “vulnera el derecho de estos a conocer su origen” tal y como recoge el comunicado.

Altruismo vs Capitalismo

Son muchas las personas que consideran esta opción para cumplir su sueño de ser padres. Sus mayores defensores alegan que se trata de una actividad altruista y que las gestantes se ofrecen porque quieren ayudar a estas parejas. Sin embargo, esta situación no es igual en todos los países y aunque existan casos de mujeres que se prestan con el único interés de ayudar, cualquier actividad que implica dinero tiene el riesgo de ser corrompida.

La precariedad empuja a muchas mujeres a aceptar su vientre como moneda de cambio. Desde la RECAV denuncian que la subrogación “altruista” no existe puesto “que exige la firma previa de un contrato, la renuncia a derechos fundamentales y que establece compensaciones económicas”.

Rábade nos lo explica con mayor detalle y asegura que “siempre vas a oír hablar de la cantidad de dinero que se han dejado”. Una cantidad que, además, “la mujer gestante se lleva aproximadamente un 10%, el resto se reparte entre agencias, abogados y psicólogos para convencerlas a ellas que no creen vinculación con el feto”.

Y es que el vínculo de una madre con su feto es innegable y viceversa. Un video, parte de una campaña china para promover la donación de órganos pone de manifiesto el imborrable vínculo entre un bebe recién nacido y el corazón de su madre que fue donado a un hombre tras ella fallecer en el parto.

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