Mal sabor de boca se me quedaría si solo una persona que lea este artículo se quedara con la idea de que es machista. Nada más lejos de mi intención. He esperado a que pasara el Gran Premio de Jerez para referirme a una polémica tan artificial como oportunista.

Ustedes ya sabrán lo ocurrido. Una concejala de Jerez, con mucho más ánimo que se hable de ella que buscando la mejora en la vida de los ciudadanos que la votaron, salió en diversos medios diciendo que habían pedido que desaparecieran las azafatas del padock  de este Gran Premio por considerarlo sexista y una perjudicial utilización de la figura de la mujer.

Naturalmente, al final las azafatas estuvieron donde llevan décadas haciéndolo.  Desde siempre he estado en contra de que clubs o patrocinadores obligasen, por ejemplo, a las jugadoras de vóley-playa a vestirse de la forma más sexy posible.

Los uniformes deportivos no deben conocer de sexos. Para hombres y mujeres los mismos, salvo los que las cuestiones morfológicas así lo exijan como es el caso del boxeo.  En el deporte lo único importante es el rendimiento deportivo y nadie puede fijarse, ni exigir, cuestiones que no tienen que nada qué ver y que sí son sexistas.

Pero una cosa no quita  la otra. En casi todos los eventos deportivos  (principalmente en los del motor, ciclismo y boxeo) de siempre hemos visto a jóvenes chicas que participan en ellos. En unos de manera más importante que otros. Como en ciclismo donde no solo están en el podio sino que se encargan de otras labores antes de cada etapa.

Puede que algunas de esas chicas no tengan otro objetivo en sus vidas, pero está claro que la mayoría de esas jóvenes o bien son modelos profesionales que se publicitan en estos acontecimientos o chicas que están estudiando o trabajando y con estos trabajos consiguen un dinero suplementario. Y todas estas señoritas, de mujer florero no tienen nadie. Aunque, eso lo reconozco, algunos patrocinadores, sobre todo en el boxeo americano,  deberían ser más cuidadosos con las vestimentas  elegidas por ellos.

Las propias azafatas han salido en los medios defendiendo su labor. Curioso que haya sido en Jerez, con las cifras del paro femenino muy altas, donde haya saltado esta, ya digo, artificial polémica. Son puestos de trabajo que no estamos en condiciones  de eliminar. Ni en Jerez ni en ninguna localidad española.  Ojalá los problemas de la mujer, violencia y discriminaciones varias y graves, desaparecieran sin las azafatas en los eventos deportivos.

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