Desde los hombres de “Kibish” hace ya más de 195.000 años, el “homo sapiens” no ha dejado de afrontar el mundo en el que vive con la única intención de comprenderlo y dominarlo, enfocado siempre en observar y descubrir los cambios acontecidos a lo largo de su historia y de su presente. Un deseo que apenas le ha dejado percibir como él mismo ha ido cambiando notablemente, adaptándose y evolucionando, mientras observaba su mundo.

Quizá los aspectos que han permitido al hombre realizar los mayores cambios a lo largo de su historia hayan sido el conocimiento científico (para manejarse con su mundo), el social (para relacionarse con los demás) y el espiritual (para conocerse interiormente, desde el arte a la religión). Si observamos en detalle, apenas podemos revelar unos pocos momentos concretos a lo largo de la historia global de la humanidad en los que estos tres conocimientos han crecido y se han desarrollado de forma notable y conjunta. Quizá el más claro ejemplo sea el del Renacimiento, donde incluso el ser humano se permitió aunar en un único individuo como autor “todo el conocimiento del mundo”. El célebre Leonardo da Vinci, por ejemplo, fue capaz de reunir en él lo mejor de la humanidad en ciencia, tecnología, medicina, historia, sociedad y arte en el momento. Algo que seguramente no volverá a repetirse en la historia, debido al crecimiento exponencial que el conocimiento humano está experimentando en los últimos años. Por lo que se hace impensable que ningún ser humano, como individuo, vuelva a ser capaz de liderar, en una única vida, múltiples disciplinas como sucedió en el pasado.

Pero quizá desde el Renacimiento, pocos momentos más hemos vivido en los que se haya producido un cambio tan esencial para la humanidad. Y es ahora, en los días de la incipiente revolución digital, en los que algunos llegamos a atisbar un nuevo re-renacimeinto del “homo sapiens”. La tecnología está aupando a la ciencia, a la sociedad y al espíritu a la constitución de un nuevo mundo a una velocidad digital de vértigo. La revolución digital va a facilitar el que podría llegar a ser un nuevo momento histórico para la humanidad, un momento en el que el conocimiento humano va a cambiar mucho y drásticamente.

Pero todo Renacimiento es previamente precedido por una Edad Media, una época oscura que de alguna forma, y sin ser consciente, lo engendra y provoca. Y me atrevería a decir que estamos aun viviendo el final de un momento oscuro de nuestra historia que pronto dará paso a ese nuevo y brillante re-renacimiento. Claro, visto desde dentro y sin perspectiva histórica, parece que estemos viviendo ahora nuestro mejor momento histórico, pero me atrevería a decir que es mucho lo que queda aún por venir.

Sin embargo, como en todo periodo de oscurantismo y transición, los cambios nunca son bienvenidos y más, si estos se producen de una forma fulgurante debido a una revolución tecnológica que deja obsoleta cualquier cosa al poco tiempo de ser creada. Pues esta revolución digital ya está haciendo que muchas posiciones consolidadas por años en nuestra sociedad actual comiencen a tambalearse con demasiada fragilidad e incluso comiencen a desaparecer. Vemos ejemplos a diario en el mundo de la economía y los negocios donde compañías con años de historia están desapareciendo por no haber sido capaces de adaptarse a esta revolución digital. En el aspecto tecnológico donde ya observamos una brecha imparable de analfabetismo digital incapaz de asimilar la disociación entre mundo físico y virtual. En los actuales países desarrollados a los que tanto les está costando asumir y gestionar las nuevas corrientes migratorias. O en el mundo espiritual donde las religiones tradicionales pierden aceptos a pasos agigantados incapaces de atraer a las nuevas generaciones…

Y es que estamos ante el mayor de los cambios en el conocimiento humano, estamos ante “el ocaso de los dioses analógicos”. Estamos contemplando como los grandes profesionales y creadores del siglo XX no tienen mucho que aportar al siglo XXI porque su mente analógica se muestra bisoña ante este nuevo momento digital. Su conocimiento tiene ya poco que aportar a este mundo nuevo salvo la experiencia del conocimiento pasado, la del recuerdo, la del museo. Y es triste, muy triste ver como grandes mentes maduras que han trabajado durante años liderando vanguardias hoy se encuentran aturdidas ante un mundo que las hace cada vez más obsoletas.

Pero ¿cómo crear en un mundo digital desde una mente analógica?

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