La tragedia de la inmigración desesperada vuelve a traer a las costas españolas la tragedia. Un total de 20 muertos por naufragio cerca de Melilla. Ha vuelto a ocurrir. Mientras, Europa se protege de la migración.

Los inmigrantes, todos de origen subsahariano, podrían haber naufragado en su intento de llegar a costas españolas en patera durante los últimos días, en los que se había decretado alerta amarilla por fenómenos costeros en aguas de Melilla.

Según han informado fuentes de la Delegación del Gobierno en Melilla, los cadáveres de los inmigrantes fueron avistados ayer por el buque de pasajeros Sorolla, de la compañía Trasmediterránea, poco después de salir del puerto de la ciudad autónoma rumbo a Almería a las tres de la tarde.

 

Aviso de un ferri

Media hora después, el ferri avistó a unas cuatro o cinco millas de navegación una veintena de cuerpos flotando en el mar, por lo que dio aviso a Salvamento Marítimo y se activó un protocolo de actuación, en el que participó el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS).

Una vez en la zona donde fueron localizados los cadáveres, la Guardia Civil prestó colaboración a las patrulleras marroquíes, que se hicieron cargo de los cuerpos al tratarse de aguas de su competencia.

Debido a las corrientes y al estado de la mar, las autoridades de ambos países determinaron la necesidad de rastrear la zona de forma más amplia, por lo que dos embarcaciones del GEAS siguieron cooperando en la localización de los cuerpos en un dispositivo que se alargó hasta entrada la noche.

Cuando el GEAS de la Guardia Civil retornaba ya a su base en Melilla, avistó el cuerpo de otro varón subsahariano flotando en el mar, que los agentes extrajeron del mar y trasladaron hasta la ciudad autónoma.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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