En la actualidad, sin importar el tipo de país en el que una persona se encuentre, siempre que conviva o sea ciudadano o partícipe de un gobierno democrático va a tener que hacer frente a amenazas concretas en contra del mismo. Por otro lado, también es cierto que nos encontramos en un mundo de información, donde la cantidad qué persiste en los espacios online es infinita y apabullante, teniendo como consecuencia que la gente sea cada vez más influenciable a ésta, siempre que se le presenten con argumentos fluidos y convincentes, basados en hechos reales o que sean de manera ficticia.

Tomando en cuenta la información falsa dentro de los gobiernos democráticos (quiénes tienen como política la libertad de todo tipo de información) es impensable lo que puede provocar la difusión de fake news de manera rápida y por los principales medios, siendo esto muy difícil de controlar por su fluidez o por el alcance que puede llegar a tener (las redes sociales por ejemplo).

Por esto, la información falsa puede resultar ser peligrosa y engañosa, más aún si hablamos de esto en períodos de elecciones generales, donde se muestran claras señales de asceleración (principalmente en hechos desinformativos). Entonces, ¿Qué podemos hacer?

La desinformación o la falta de información es un componente muy perjudicial para una gestión democrática. El aplicar políticas de regulación sobre la misma, solo significaría atentar contra los principios del propio estado en el ejercicio, resultando inútil o ineficaz. Simplemente, no podemos disfrutar de este estilo de gobierno sin soportar los peligros de este componente, es decir, o vivimos en democracia con desinformación o no vivimos en ella.

Uno de los principales problemas de esto, radica en que la gente no participa en los procesos de una democracia sencillamente por estar mal informado o estar completamente desinfromado, causando desastres por la falta de acceso a la información física (como ocurre en varios países del continente africano o en países en vías de desarrollo).

Es necesario recordar que la opinión de las personas se forma según lo que ellas crean real o falso, tomando decisiones importantes en base a la información recibida o por las fuentes de información locales, tales como los medios de comunicación tradicionales (como canales de televisión, periódicos, etc) o los nuevos (redes sociales, internet, etc). Por ende, es necesario el promover información en pro de la misma y no en contra, debido a que los medios anteriores no solo sirven para generar una opinión certera, sino que pueden buscar la manipulación de las masas.

Retomando el tema de períodos electorales, se puede imponer la idea de una propaganda sesgada con el objetivo de conseguir la reelección, imponiendo ideas interesadas para satisfacer a los puestos de poder actuales, teniendo como consecuencia que personas inocentes puedan quedar en situaciones difíciles o denotar opiniones sin conocimiento certero de las propuestas.

En definitiva, es necesario que los actores democráticos trabajen en la fina línea de censura de información y el acceso a noticias fidedignas, a partir de normativas regionales aplicadas al contexto nacional específico ya que, sin esto, estamos dejando que la sociedad avance en términos desinformativos, tema no viable para ningún Estado democrático.

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