'Performance' en honor a las víctimas de violencia de género. Foto de Maya Balanya.

Mientras la ignorancia de la justicia lenta y la cobarde falta de toma de postura de partidos políticos acontece, nos están matando. Asesinando a sangre fría en nuestras casas, en las calles y plazas a vista de todo el mundo, en el páramo desolado de la soledad de la muerte que a cada momento asalta el noticiario para informar de la muerte a manos de los sicarios del machismo con palabras huecas y eufemismos baratos que escoden la cruel realidad de la muerte que, en forma de cuchillo o bala, escopeta o martillo asesta dentelladas asesinas a decenas de mujeres cada año en nuestro país.

Mujeres, víctimas de un sistema incapaz de poner freno y dar seguridad real a quienes esconden bajo la mirada la calumnia y el micromachismo atroz , bajo la ropa los testigos mudos del silencio, del moratón y del golpe que conforman las pinturas de un cuadro de pesadilla denominado en nuestro país violencia de género. Feminicidio , sería más bien la definición a una lacra que en nuestro país ha significado el asesinato de más de 885 personas, mujeres que superan en estadísticas a todas las víctimas mortales causadas por ETA o el terrorismo islámico. Datos, que deberían llevarnos a una reflexión profunda sobre los grandes errores que como sociedad estamos teniendo para que la democracia sea incapaz de frenar esta locura de sinrazón y odio que deja cifras de espanto que esconden una realidad invisible y no palpable sobre el calado de este grave problema que hoy sufrimos, mientras nos están matando.

Y todo ello, pese a que las cifras arrojadas por el Ministerio del Interior aportan datos demoledores ,con cifras de más de un millón de denuncias por violencia de género. Vivimos así una victoria permanente de la sinrazón que avanza en todos los estratos de población y con cada vez mayor presencia en la población joven de nuestro país, ámbito en el que violencia de género ha crecido en más de un 40% y en el cual las violencias de control junto con los micromachismos aparecen aceptadas en la cotidianeidad de esa relación tóxica cada vez más permanente.

En definitiva, toca llevar a cabo medidas urgentes y necesarias que fijen como cuestión de estado la lucha contra la violencia de género y el freno al feminicidio que llena de sangre y oscuridad una democracia demostrada de baja intensidad si no es capaz de hacer frente con garantías a este reto que hoy tenemos ante nosotros. Son así varias las líneas de actuación que partiendo del acuerdo de los diferentes grupos políticos en el congreso deberían servir para hacer frente a esta realidad, actuaciones como el aumento de la inversión pública destinada a la lucha contra la violencia de género en todos los niveles preventivos, educativos y de atención a las víctimas, la necesaria puesta en marcha de una cobertura y seguridad que permitan la inserción sociolaboral y la no dependencia de las víctimas de sus maltratadores, la puesta en marcha de manera urgente de un nuevo modelo de sistema de protección y seguridad para las víctimas a través incluso de un sistema de escoltas o la puesta en marcha de una nueva legislación en materia de violencia de género que permita la pérdida de la patria potestad para los maltratadores, el endurecimiento y cumplimiento de las penas son sólo algunas de las recetas urgentes que hoy se necesitan.

Pero mientras todo eso llega, nos siguen matando frente a los paredones de la ignominia y de la memoria quebradiza que sólo aguanta el titular de la semana que impregna de sangre la cotidianidad del feminicidio que se abre paso con mayor fuerza cada día.

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