El feminismo está de moda y eso no es una buena noticia. La lucha para conseguir una igualdad plena que llevan librando muchas mujeres valientes durante décadas se ha convertido en un maremoto 2.0. Un movimiento político y social de relevancia mundial está siendo reducido a una máquina de conseguir visitas para muchos diarios digitales que consideran que el feminismo es algún algoritmo mágico que les va a llevar a lo más alto. El circo mediático a expensas del ciberfeminismo está en su máximo apogeo.

No se trata sólo de aquéllos diarios de apellido “digital” que, fieles a una línea editorial misógina, lanzan sus proclamas antifeministas para conseguir ser vistos. Estos, al menos, prostituyen el feminismo desde una vomitiva coherencia machista. Hay cosas que al colectivo feminista le escuecen mucho más: diarios que se declaran feministas y que dan cabida a opiniones que no lo son “en aras de fomentar el debate” y conseguir visitas.

No sé hasta qué punto la línea editorial marca el contenido de algunos diarios y entiendo que la opinión forma parte del mantenimiento de la libertad de expresión, que puede traspasar la líneas rojas de la editoriales de algunos medios siempre que no se atenten contra derechos fundamentales, pero hay cosas que en mi limitado conocimiento del feminismo no tienen cabida.

Habilitar como feministas discursos que defienden el sexo por compasión, la prostitución o que consideran innecesario el consentimiento a la hora de mantener relaciones sexuales, haciendo apología de la cultura de la violación en un país en el que una mujer es violada cada ocho horas (y no lo digo yo, lo dice el Ministerio de Interior) y en el que, de cada seis violaciones, solo se denuncia una; permitir que alguien afirme tamaña barbaridad con el fin último de generar debate, es como sentar en una mesa al Ku Klux Klan y a Martin Luther King y es de todo punto inaceptable: no se puede adorar a dios y al diablo y no vale todo para conseguir visitas.

Cuando se ponen en tela de juicio (y lamento ser machacona) derechos fundamentales de las mujeres desde medios que se declaran de izquierdas, progresistas y que quieren llegar a ser feministas, “porque son espacios digitales abiertos al debate”, vamos mal.

Estoy convencida de que no se daría cabida al discurso racista, que nadie publicaría un artículo sobre las ventajas de la esclavitud en Estados Unidos con el fin de generar un debate entre esclavistas y negros porque, cuando los derechos humanos están en tela de juicio, el debate no es viable. Porque nadie querría visibilidad y visitas dando voz a esclavistas, o a nazis. O a personas que defienden parafilias como la pedofilia y la zoofilia solo para conseguir clicks. ¿No?

A ver, repitan conmigo: “el feminismo es un movimiento político, cultural, económico y social que pelea sin descanso por igualdad de derechos entre hombres y mujeres, por eliminar la dominación y violencia de los hombres sobre las mujeres y que es abolicionista de género, no una herramienta para generar vistas”. Otra vez…

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