Le caben muchos análisis a lo que está ocurriendo en Occidente. Estudios que, marcados por diferentes posturas, pueden dar variados matices a una situación que es, sin duda, el desencadenante de acciones que anteceden a los sucesos que vienen ocurriendo. Pero pese a todo aquello que podamos cuestionar, hay algo que debe darnos pánico por encima de todo, el miedo y el racismo.

Los radicalismos que nacen de entre las minorías conducen con facilidad al éxito de la xenofobia, sin pararse a diferenciar entre quienes son aliados de la paz, la tolerancia y la convivencia.

Los fundamentalistas representan a la inmensísima minoría de los creyentes en la religión que predicara Mahoma. Esta obviedad no parece serlo cuando por las redes sociales no paro de leer comentarios como: “pena de muerte para quienes matan” – este es el más absurdo de todos –, “que se vayan”, “todos son iguales”. Otros son un poco más elegantes y exigen a la comunidad islámica española que se retracten de los hechos acaecidos, no obstante, cuando aparecen los comunicados oficiales de estos colectivos rechazando el terrorismo responden sin demasiada elegancia: “no me fio de lo que dicen”. En este marco me produce el mismo temor el terrorista que el que discrimina, porque me recuerda, salvando distancia y diferencias, a los más oscuros episodios vividos en Europa en el siglo XX.

Del mismo modo que debemos rechazar la simpleza del racismo, es deber obligado de todos los ciudadanos rechazar el miedo, tengamos miedo al miedo, porque si le cerramos la puerta de nuestras vidas, también le decimos no a esa xenofobia de la que hablo, puesto que nace de la cobardía intrínseca en el ser humano cuando se siente amenazado.

Que no nos gane el pánico, porque pretenden que sea su instrumento para controlar a los que habitamos Occidente. Pidamos paz y justicia y que no pierdan las calles de Cataluña ni un solo peatón. Confiemos en nuestras fuerzas de seguridad y no concedamos a los terroristas el gusto de ver cumplido su deseo, la victoria del miedo. Deseemos la paz y el fin de la exclusión que, en la mayoría de los casos, conduce a este tipo de situaciones.

 

 

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