El pasado 30 de abril, la revista “Interviu”, publicó un artículo de ocho páginas con el título «El tour de las comisErias», que en su versión web titularon «Comisarías que dan pena». Con titulares tan espectaculares como «Aseos inmundos o ratas en las instalaciones de la policía», la revista nos dibuja un panorama desolador de los inmuebles de la Policía Nacional española, donde el periodista que firma el artículo, Juan José Fernández, nos pincela un ambiente caótico de degradación de los edificios públicos donde se encuadran las comisarías. Vestuarios decrépitos, grietas y humedades en las paredes, aseos apestosos, mobiliario desvencijado, peligro de derrumbes o de inhalación de amianto… Nos dice en uno de las entradillas, añadiendo en el cuerpo de texto que repetidas inspecciones de expertos en seguridad laboral no han tenido consecuencias, pese a los evidentes fallos de seguridad en sistemas contra incendios, techos, instalaciones eléctricas o lugares de retención de detenidos.

El PDF del artículo de la revista y el enlace correspondiente de la página web ha corrido como un río embravecido por los WhatsApp de los policías nacionales que prestan servicio en esas comisarías. Desconozco el estado de la mayoría de las comisarías de España. Ni las he visitado, ni estoy en contacto con los compañeros que trabajan allí, pero sí que puedo contar mi experiencia, aunque supongo que se tendrá como un hecho aislado.

Llevo destinados quince años en la Comisaría Provincial de Huesca. Durante ese tiempo el servicio de limpieza ha sido riguroso, donde un grupo de impagables mujeres acceden a la comisaría a las 05:20 de la mañana y limpian metódicamente todos los rincones; aunque estén limpios. Trabajan a destajo hasta el mediodía y, pueden creerme, nunca las vi descansar, sentarse o hacer un corrillo contando cotilleos. En las instalaciones de la comisaría de Huesca jamás vi una rata, ni un ratón. Un día, un detenido protestó porque había “bichos” en su celda, se lo comuniqué al Jefe de Servicio, y el calabozo se precintó inmediatamente, las mantas se enviaron a la lavandería (algo habitual cada vez que pasa un detenido por ellos) y una empresa fumigó el calabozo en menos de 24 horas. Los bichos eran chinches, y los había introducido en el calabozo otro detenido que los portaba (podíamos hablar de un hecho aislado).

Dos empleados de Riesgos Laborales nos visitaron hace unos meses. Yo mismo estuve hablando con ellos y señalaron alguna deficiencia, pero sin importancia. En mi caso tuve dos objeciones que comentar: una, que el monitor de seguridad era excesivamente grande y estaba muy cerca del policía que tenía que vigilarlo. Y la otra que había un monitor muy antiguo que cansaba la vista cuando se miraba mucho rato. En un par de semanas, a lo sumo, el comisario provincial dispuso que cambiaran de posición el monitor grande, para que estuviera a una distancia adecuada del policía que presta labores de seguridad en la comisaría, instalando para ello un brazo metálico y articulado con el que se puede mover el monitor a conveniencia del policía de seguridad. Y, tras una entrevista personal con él, dispuso que el monitor antiguo fuera reemplazado por otro más moderno que no cansara los ojos al mirarlo. Nos quejamos de que por la noche hacía frío en invierno, a pesar de que hay calefacción central de gasoil, y nos trajeron un radiador eléctrico para reforzar la calefacción nocturna de la fría Huesca. Las duchas funcionan todas y me consta que hay bastantes compañeros que las utilizan a diario. Y recientemente se han reformado los calabozos, donde los detenidos tienen celdas individuales, baños y ducha comunitaria, vigilancia constante a través de videocámaras de vigilancia, calefacción y hasta un interfono donde pueden contactar, cuando así lo deseen, con el personal de seguridad.

No dudo del artículo, pero para el próximo le recomendaría que se pasara por la comisaría de Huesca, u otras similares, donde estoy convencido de que cambiaría su parecer acerca de las comisarías de la Policía Nacional Española. O al menos, para ser justos, podía haber mencionado la cantidad de comisarías que no están en ese estado, ya que no todas las comisarías dan pena.

 

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Escritor conocido por sus novelas de género policíaco. Ha impartido clases en la Escuela Canaria de Creación Literaria, es colaborador del Diario del AltoAragón y del El Periódico de Aragón. Ha sido el organizador de las diferentes ediciones del Concurso literario policía y cultura (España) y colabora en la organización del Festival Aragón Negro en las actividades convocadas en la ciudad de Huesca. Desde el año 2012 es considerado el creador del término Generación Kindle, nomenclatura utilizada para referirse a una serie de escritores surgidos de la edición digital. En el mes de enero del año 2013 fue uno de los seis finalistas preseleccionados para optar al Premio Nadal en su 69º Edición con la novela La noche de los peones.

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