Como si fuera una partida de Risk, el clásico juego de mesa sobre geopolítica, Estados Unidos y su Presidente han amenazado con acciones militares a uno y otro lado del mundo. Por un lado dando una vuelta más al interminable, al menos por ahora, espiral dialéctico con el líder norcoreano Kim Jong-un, y por el otro inmiscuyéndose en dónde no había sido invitado, en la crisis que enfrenta Venezuela.

La cuestión coreana es de más larga data y ha llegado más lejos, puesto que como parte de la guerra discursiva mantenida entre ambos mandatarios y tras la amenaza del jerarca norcoreano de atacar la isla de Guam, Donald Trump respondió afirmando que ‘las soluciones militares están listas para ser desplegadas si Corea del Norte actúa de forma imprudente. Espero que Kim Jong-un encuentre otra vía’ puesto que ‘si hace algo respecto a Guam o a otro lugar que sea territorio estadounidense o contra algún aliado de EEUU, lo lamentará verdaderamente y lo lamentará rápido’. Al menos hasta el momento no ha decidido seguir la Doctrina Bush de guerras preventivas para imponer sus criterios y sus negocios, y con todo lo dramático y grave de la situación, no es menor que la amenaza militar es en respuesta a una amenaza militar recibida, sin embargo el caso venezolano es muy diferente.

Sin una amenaza venezolana de acción militar en su contra, el Presidente estadounidense afirmó que ‘tenemos tropas en todo el mundo en lugares muy lejanos, Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo y se está muriendo’ y que entonces en función de ello hay que considerar que ‘tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo una posible opción militar si es necesario’. Recuperando aquella vieja Doctrina Monroe de 1823 que auguraba una ‘América para los americanos’, sin precisar que hablaba de todo el continente americano y sólo para algunos americanos, más precisamente, para algunos norteamericanos.

Cree Trump que América Latina sigue viviendo en el siglo XX donde se sucedieron numerosísimas intervenciones militares estadounidenses (http://www.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2015/03/Intervenciones-de-Estados-Unidos-en-Am%C3%A9rica-Latina.pdf) con las que pretendían imponer sus criterios, sus principios (fundamentalmente económicos) y sus criterios por encima de la voluntad de la ciudadanía local. Muy a su pesar, y a decir verdad también de muchos latinoamericanos que hacen culto a aquel dicho de ‘los enemigos de mis enemigos son mis amigos’, América Latina ya no es la misma que unos años atrás y no toleraría ni explícita (como pocas veces) ni implícitamente (como la mayoría de las oportunidades) una injerencia armada en la región.

Cierto es que muchos de los países latinoamericanos, con Argentina y Brasil al frente, han procurado aislar al régimen de Maduro por entender que ha virado a una dictadura que viola derechos humanos básicos, y así procedieron en las principales organizaciones regionales, en las cuales Venezuela ha sido suspendido, pero la intervención militar extranjera es una cuestión que ninguno de los países de la región estaría dispuesto a aceptar y ni se debe analizar, puesto que si hay algo que ha caracterizado a la región es el constituirse en una zona de paz en donde los conflictos se resuelven de manera racional.

Bravuconadas como las expresadas por Donald Trump respecto a creerse el guardián del mundo con derecho a ir de sheriff imponiendo su voluntad en cada sitio donde las cosas no se realizan como él quisiera que ocurran, lo que logra es que en lugar de aislar más a quienes dice combatir termina generando para con ellos empatía, porque el fin no justifica los medios. 

Es cierto que Venezuela debe recuperar la senda democrática, pero ésto no se puede lograr por cualquier vía ni a cualquier precio, la intervención militar no es una opción válida en ningún caso y mucho menos si se provoca de manera arbitraria y ficticia a partir de argumentar que se debe a que en el país en cuestión, en este caso Venezuela, no se respetan valores fundamentales.

Es momento de recuperar aquella vieja poesía de Ismael Serrano  y gritar bien fuerte aquellas estrofas que enunciaban…

¿Y por qué no te quedas en casa,

a ver si solucionas lo que en tus suburbios pasa?

Vigila tu bonita ciudad americana,

que el Harlem puede ser Vietnam mañana.

No lo pido yo sólo,

lo piden miles de gargantas. Escúchalas.

¿Por qué no te quedas en casa?

 

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