Hace un tiempo, en ocasión de uno de los mundiales de fútbol, uno de los auspiciantes hizo una publicidad afirmando que ‘en julio todos los argentinos somos DT’, y radiografió de una manera clarísima nuestra forma de ser.

No logramos decir no sé, porque sabemos de todo sobre todo. Desde una mesa de café sabemos que pasó con el submarino en las aguas del Mar Argentino y desde una sobremesa familiar qué ocurrió con Santiago Maldonado; sabemos qué medidas económicas debe tomar (y cuáles no tomar) el gobierno, y por qué pasa lo que pasa. Somos verdaderos todólogos.

Y aunque la opción no es una postura de especificidad que deje sólo en manos de un selecto grupo la toma de decisiones y las acciones a encarar, tampoco es viable la irresponsabilidad con la que se asumen públicamente ciertas posiciones, más aún en quienes tienen un cierto grado de representatividad y que poseen predicamento sobre un sector de la población que asume estas posturas como la forma indubitable de explicar lo que acontece.

El denominado ‘Caso Maldonado’ y la desaparición del submarino ARA San Juan son dos buenos ejemplos de esto. Respecto a la desaparición del joven en el sur, fueron numerosos los que hablaron de la responsabilidad del Estado en la desaparición y hubo hasta quienes se aventuraron a hablar de crímenes de lesa humanidad, acusando directamente al Estado por la desaparición y muerte de Santiago, otros opinaron que podría encontrarse en Chile, otros que podría estar escondido en la reserva mapuche, etc. etc. y cuando se demostró que esto no había sido así no tuvieron la honestidad de pedir las disculpas del caso, por haber aventurado opiniones tan temibles como desacertadas y todo producto de nuestra forma de actuar. Lo ocurrido con el submarino sigue el mismo curso, puesto que hay escasa información entonces se aventuran las teorías más diversas.

De un día para el otro nos enteramos que Argentina estaba llena de submarinistas y especialistas en navegación militar de alta mar. Ahora resulta que todos sabemos las probabilidades de supervivencia en un submarino presuntamente siniestrado y cómo se debe hacer para su rescate; es más, hay quienes hasta saben dónde está… y por si fuera poco, se elaboran las más variadas elucubraciones sobre el porqué de la desaparición del submarino. Que si fue un problema eléctrico, que si en cambio fue una explosión, que si fue chocado por otro submarino o si otro sumergible lo torpedeó y lo hundió, incluso hay quienes sostienen la presencia de un ‘lobo solitario’ en el batiscafo.

Yo no sé lo que pasó, para decirlo de manera llana, no tengo la menor idea de lo que pasó, y no quiero sumarme al coro de quienes lanzan teorías al aire sin sustento, cuya fuente de información no es más que lo que se escucha en los medios de información, y por ende una verdad segmentada, que a su vez también recoge lo que la Armada dijo… o quiso decir.

Pero sin embargo cuesta asumir que uno no sabe, y llamarse a silencio, y no contribuir al ruido generalizado. Cuando no hay nada importante para decir, lo importante es no decir nada. Resulta muy saludable.

En julio todos somos DT decía la publicidad, y seguramente en julio del próximo año volveremos a serlo, pero más importante que eso sería que los 365 días del año (366 los años bisiestos) seamos responsables de lo que hacemos y decimos y no nos dejemos llevar de las narices por los opinólogos, para volcarnos en favor de tal o cual explicación de sucesos sobre los cuáles no tenemos real conocimiento de lo ocurrido y sólo basamos nuestro argumento en lo que otros intentan mostrarnos y convencernos de qué y cómo ocurrió.

Platón le hace decir a Sócrates que ‘Yo solo sé que no sé nada’, yo más cercano a Ismael Serrano ‘apenas sé alguna cosa de la vida’, pero de muchas otras no sé nada, y no tengo empacho en asumirlo.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

5 × 4 =