Charlamos con Camilo Parada sobre Memoria histórica, la política chilena, pero también sobre la española, Cataluña, tecnologías, capitalismo, y en resumen libertad vs. represión.

Camilo trabaja como productor en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, espacio cultural creado en el año 2010 con el fin de difundir las violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura de Pinochet. Como encargado de producción, gestiona todos los eventos culturales que se realizan en el museo.

Su vínculo con la memoria histórica es, además de profesional, personal. Nacido en el 75, en medio de la dictadura, es nieto del entonces Secretario General del Partido Comunista en la clandestinidad Fernando Ortiz, desaparecido en el 76 e hijo de José Manuel Parada, asesinado ejecutado en el 85, lo que se conoció como el Caso Degollados. Al hablar del tema define su infancia como una época feliz a pesar de la dureza de la situación.


 

Desde su experiencia, ¿Qué papel juega la memoria histórica en superar una dictadura y una represión tan brutales y de cara a las garantías de no repetición?

Bueno, hay varias dimensiones en memoria histórica: primero hay una dimensión institucional, que es el reconocimiento por parte de los estados de las violaciones de derechos humanos que han existido en los países, en España en relación a la guerra civil, en Chile en relación al golpe de estado cívico-militar. Tiene que haber una responsabilidad institucional de asumir los hechos, una necesidad de verdad que en ese sentido es importante como gesto de no-repetición y como reconocimiento por parte de los estados de que éstos en algún momento han quebrantado los pactos de convivencia mínimos y han violado los derechos fundamentales de las personas.

También hay otra dimensión más personal y subjetiva de las víctimas, y en ese sentido no puede haber una obligación moral a recordar. Si hay gente que su estrategia de defensa es olvidar también es respetable.

Desde una perspectiva más contemporánea también se puede hablar del derecho al olvido. En internet hoy en día está el rastro de todo lo que hacemos. Eso va dejando perfiles y los ciudadanos tienen derecho a que esos perfiles no sean públicos, es lo que conocemos como el Habeas Data. Tiene que haber posibilidad del trabajo de la no memoria en relación a las nuevas tecnologías. ¿Se entiende?

 

Si, pero igual eso tiene más que ver con el tema de la privacidad.

Sí, pero filosóficamente hay nuevas temáticas, trabajos más contemporáneos que hablan del derecho al olvido o la autodeterminación informativa de no tener una trazabilidad. Por ejemplo hay empresas y particulares que pagan para borrar sus registros en internet. El concepto memoria en sentido amplio es muy complejo.

 

Y a nivel personal, como víctima, ¿qué manera considera que es la mejor para encontrar la paz, para resolver los conflictos que se hayan podido generar por sufrir esa represión?

Es muy difícil dar una fórmula para encontrar la paz. Yo convivo con esto a diario, quizás no tanto desde la rabia o el odio, pero como un elemento, dentro de muchos elementos, que marca mi personalidad. Yo creo que el reconciliarse con uno mismo y tratar de tener una vida pacífica en mi caso, tiene que ver con el entorno, con un entorno de mucha solidaridad, de mucho cariño, un entorno colectivo que ayuda a tener herramientas para ser resiliente. Y en ese sentido creo que todas las estrategias son subjetivas y válidas, cada persona que le tocó vivir violaciones a los derechos humanos ha buscado mecanismos propios para armarse frente a la vida. En mi caso particular soy un hedonista convencido, me gusta la vida, la fiesta, e intento no definir mi vida solo en torno a los hechos trágicos. Si bien mi padre fue asesinado, mi vida no gira en torno a eso. También el hecho de poder aportar desde la cultura a una sociedad que respete los derechos humanos ayuda. Pero es algo subjetivo, no hay una única estrategia al respecto.

 

Y para consolidar esa sociedad de los derechos humanos, ¿cual es la mejor estrategia? Porque aquí es una cuestión colectiva y social y lo personal igual no es tan importante, entran otras dinámicas.

Yo creo que básicamente, desde el punto de vista colectivo, para promocionar una cultura de derechos humanos, la primera piedra es la educación, que desde muy temprana edad exista dentro de las mallas curriculares de la educación, materias que traten del respeto entre las personas, el respeto a la diferencia, de aunar la educación cívica con educación en derechos humanos. Sobre todo en un país que está viviendo el fenómeno migratorio y que recibe personas que vienen de otros lugares para tener mejor vida, es muy importante de cara al futuro próximo que se eduque a los niños con esos otros niños que vienen de otra cultura y pueden aportar para el enriquecimiento de la cultura chilena, pero también en relación a nuestras propias diversidades internas, los pueblos originarios, por ejemplo el Mapuche, que lucha hoy en día por mayor autonomía. Creo que la aceptación de la diversidad es un punto esencial para crear cultura en derechos humanos, en este sentido me parecen muy interesantes las temáticas cruzadas de feminismo, migraciones, diversidad y disidencia sexual, teorías queer, etc.

La cultura en su definición mas amplia ayuda a tener una relación armónica y respetuosa entre todas las personas. Las diferentes expresiones culturales y artísticas son una buena herramienta para poder promover los derechos humanos.

 

Hablando de las migraciones parece que vuelven a salir los errores del pasado, como que hay un auge de los movimientos xenófobos y neonazis. ¿Como se vive eso aquí?

En chile hay expresiones de racismo bastante minoritarias. Es preocupante que muchas de esas se dan entre las clases mas populares. Lo que pasa también en Europa, eso de que el inmigrante viene a quitarte el trabajo. Es un discurso muy populista que hay que atajar. Al mismo tiempo en el museo de la memoria, que está en un barrio muy popular del centro de Santiago, vienen colegios donde hay muchos inmigrantes y ves que conviven con los chilenos, con los peruanos y ves muy claro que el racismo en ese sentido es un prejuicio de adulto. Los niños no tienen ese problema, la discriminación por razas se ve con más edad. Lo que todavía no se ve en chile es ese tipo de manifestaciones como la que hubo en España tras los atentados de Barcelona por parte de falangistas.

 

También le quería preguntar sobre eso, porque en España hay todavía mucha veneración por el franquismo. ¿Es concebible aquí en Chile que existan calles dedicadas a Pinochet u homenajes de ese tipo?

Yo creo que el pinochetismo duro en chile es muy minoritario, sin embargo hay una derecha que también es heredera de la dictadura, de donde posiblemente saldrá el próximo presidente del país, tienen una fuerza bastante grande en el congreso y donde se mezcla un liberalismo económico con un conservadurismo ético. Y sí, de alguna manera están presentes. Por algo hablamos de dictadura cívico militar, no fueron solamente los militares, también hubo civiles que promovieron y participaron de la dictadura. Y uno de los grandes triunfos del pinochetismo fue arrebatar la conciencia política y social y de clases que había en los segmentos trabajadores de Chile. Pero la derecha chilena tiene buenos días por delante todavía.

 

¿Sigue siendo tabú el tema de la dictadura?

Chile y Latinoamérica por lo general son sociedades bien segregacionistas donde la gente no se mezcla, se mezcla mucho menos que en España. En cualquier barrio de Madrid, en Lavapiés la gente se mezcla, distintos estratos sociales. Aquí hay poca movilidad social, entonces depende mucho del medio en que te muevas si es tabú o no. Yo creo que para los medios más de derechas y también aquellos medios con fuerte poder adquisitivo, sí es tabú porque claro tienen que asumir que apoyaron un régimen que vulneró los derechos humanos, que hizo desaparecer personas, fusiló, torturo, cometió violaciones, exilió, utilizó todo el poder del Estado para reprimir a un grupo especifico de personas. Pero en la clase media y baja sí se habla bastante. Yo lo veo aquí en el museo que vienen colegios a ver la museografía sobre la dictadura y son temas que se conversan, que están cada vez más presentes. Además veo en las nuevas generaciones una cierta curiosidad, unas ganas por tratar de aprender lo que pasó en chile. Creo que hay una generación que sí quedó marcada por el miedo, pero las nuevas generaciones ya nacidas en democracia sí que tienen curiosidad y conversan las cosas.

 

¿Y ahí tiene que ver el hecho de que hayáis tenido un proceso de memoria o resarcimiento?

No sé, yo creo que falta mucho por desarrollar procesos de memoria. Desde el punto de vista urbano, si tú vas a todo el barrio que entorna el palacio de la moneda que fue bombardeado, las huellas y marcas de las balas han sido borradas de los edificios aledaños. Recuerdo que en Barcelona hay una plaza muy bonita en el barrio gótico donde estaban marcas de los fusilamientos en el muro. No son huellas que hayan sido borradas. En chile, si bien hay un museo de la memoria y en España no, hemos intentado borrar las marcas urbanas de la violencia que se vivió con el golpe de estado. No sé si la memoria histórica institucionalmente, yo creo que sí, no tengo referente, pero sí ayuda a que esté presente en la juventud, pero creo que el estado tiene la responsabilidad de poner sobre la palestra estos hechos para que sepamos lo que ocurrió y para intentar que no se repitan.

 

A nivel institucional ¿ha habido un apoyo unánime para superarlo?

Sí, y el museo es prueba de ello, pero todavía falta mucho por hacer.

 

¿Qué medidas cree que faltarían? Igual es una cosa que no se termina de superar nunca…

Yo creo que se han tomado algunas medidas bien positivas como son la recuperación de centros de detención y tortura. Quedan muchos centros por ser recuperados. Ahora recién se está intentando recuperar Colonia Dignidad, que fue realmente un estado dentro del estado. Existía un grupo de gente de Baviera, muchos de ellos ex nazis, que crearon una especie de secta que sirvió de centro de reclusión, tortura y exterminio, y donde además hubo victimas entre ellos mismos, el líder era un pedófilo reconocido. Eso está en manos de los colonos. Entonces queda por recuperar todos los lugares que fueron centro de exterminio y tortura para que sean memoriales o simplemente para que haya un mapa de la memoria histórica a través de la geografía de chile. Y de eso falta mucho. Pero sí se ha hecho.

 

¿Y qué limites identificaría de que no se haya avanzado más? ¿Desde la derecha, desde la propia sociedad?

Desde luego tiene que ver con los equilibrios políticos en el parlamento. A mi parecer la sociedad está mas adelante que el gobierno en algunos pasos en ese sentido. Más allá de las temáticas institucionales de memoria histórica donde se tiene que avanzar es en el tema de justicia, en el esclarecimiento de muchos actos de violaciones de derechos humanos no esclarecidos. Hay un pacto de silencio por parte de los perpetradores que no han entregado la información, y es lo que más tiene pendiente Chile. También creo, que debe haber una reforma profunda de los distintos cuerpos uniformados de las fuerzas armadas, donde existe una continuidad patente con las fuerzas armadas que cometieron el quiebre institucional, en ese sentido, creo que debiéramos ir hacia un acuerdo regional de disminución progresiva de dichos estamentos militares, que en nada aportan a las sociedades.

 

¿Se ha procesado a los responsables? En una entrevista anterior hacía referencia a los privilegios de los presos por crímenes de lesa humanidad.

Hay dos cosas. En mi caso particular soy un afortunado, partimos de un porcentaje mínimo de crímenes que se hayan investigado. A los responsables del asesinato de mi padre los condenaron a cadena perpetua pero accedieron a beneficios carcelarios para presos comunes. Ahí hay un problema del ordenamiento jurídico chileno que, si bien es firmante de los tratados internacionales de Roma, en la práctica no está diferenciando entre los criminales comunes y los responsables de crímenes de lesa humanidad. Yo no me niego a que los criminales de lesa humanidad puedan acceder a beneficios carcelarios, pero creo que deberían tener más restricciones, que hubiera un contracambio de información. En estos momentos se está dando beneficios por buena conducta, por hacer el taller de tenis… y en ese sentido lo encuentro bastante escandaloso. El esclarecimiento en relación a las desapariciones forzadas es menos del 10%. y en ese sentido de cara a rearmar un país donde los derechos humanos estén en el centro, darle la tranquilidad a muchas familias que no saben qué pasó, dónde están los cuerpos de sus familiares, dónde los mataron… Muchos de ellos seguramente estén en el Pacífico, pero no tenemos toda la información y en ese sentido el primer paso para que se reconcilie una sociedad es la verdad de qué ocurrió. Sobre todo para los familiares, es muy difícil cerrar el ciclo, hacer un duelo. Es una permanencia del dolor al no saber que pasó con sus seres queridos.

Los inculpados por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, tienen condiciones carcelarias bastante mejores que los presos comunes, y eso no es tolerable en una sociedad que pretende la igualdad frente a la ley.

 

Después de vivir en España, ¿Como ve el caso de España de avanzado en comparación al caso chileno?

Hay similitudes y diferencias. Similitudes en el sentido de que las salidas hacia la democracia han sido salidas pactadas. También hay diferencias enormes. En España fueron 40 años de dictadura y hubo una guerra civil. Es difícil dar lecciones desde otro país, pero encuentro que España ha tardado mucho en reconocer el tema de las fosas comunes y los desaparecidos y que todo el avance que se ha producido ha sido más bien gracias a los familiares de víctimas del franquismo. En ese sentido el estado español está muy al debe. Igual que en Chile, una vez que vuelve el PP a gobernar en esa coalición que agrupa toda la derecha hay una desfachatez de poner a Fraga como ministro, habiendo sido ministro franquista, y en ese sentido también hay similitudes con Chile porque aquí también han participado personeros que estuvieron relacionados con la dictadura. Hace poco desaforaron a un diputado, Rosauro Martínez, por estar involucrado en violaciones a los derechos humanos. Y era un civil que estaba en la cámara de los diputados. También tenemos a una serie de políticos que fueron la juventud pinochetista durante la dictadura y que hoy detentan cargos en el senado y en la cámara de diputados o que formaron parte del ejecutivo durante el último gobierno de Piñera, son los “jóvenes de Chacarilla”, Longuerira, Chadwik, Lavín, jóvenes pinochetistas de la época, que conforman hoy la autodenominada centro derecha. En España falta política de crear institucionalidad como es el museo de la memoria en chile. Pero creo sobre todo que es una problemática de los españoles, no vamos a dar lecciones.

 

Sí, pero la cooperación entre países también ha sido útil en temas de crímenes de lesa humanidad. Es crimen de lesa humanidad por algo, porque afecta a toda la humanidad.

Sí, por supuesto. En la relación España-Chile el Juez Garzón fue fundamental para perseguir al dictador. Los crímenes deben ser investigables en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento.

También la gente es fundamental, nosotros desde el museo hemos tenido aquí artistas españoles que hablan de problemáticas más allá de España, de las migraciones, de la guerra de la ex Yugoslavia. Hay un artista plástico español, llamado Eduardo Gómez Ballesteros, que tuvimos la oportunidad de ver su obra en el Museo, una obra basada en imágenes de archivo sobre países que han vivido experiencias de violencia extrema, y donde, desde la obra misma, se propone un mix de historia, arte visual y pedagogía en derechos humnaos. En ese sentido sí funciona. Desde la cultura es más fácil y vamos más avanzados que el estado. Pero los estados tienen que asumir su parte de responsabilidad.

Aquí lo que pasa es que más allá de asumir el estado históricamente el hecho de que cometieron hechos de terrorismo de estado, lo que no se habla es que ese terrorismo fue contra un proyecto político, social, cultural, que proponía otro ordenamiento económico, otro tipo de reparto y acceso a la igualdad de oportunidades. Y eso se deja de lado hoy en día. En chile la dictadura vino a echar abajo un proyecto socialista y muy democrático de unidad popular, y no fue una dictadura fascista. Lo fue en las formas represivas, pero era una dictadura neoliberal donde se importó metodología económica de la Escuela de Chicago, donde economistas chilenos antes del golpe fueron a estudiar con Friedman, y se intentó aplicar lo que hoy en día es el neoliberalismo, lo que hoy hay en el mundo entero. De hecho, este grupo de economistas, se les conoce como lso Chicago Boys, discípulos de Friedman y Harberger, son las mentes detrás de las reformas económicas capitalistas que se aplicaron a punta de fúsil en Chile, apoyados por cierto por la CIA y Kissinger. Aquí fue el laboratorio donde se aplicó unido a la Doctrina del Shock un monetarismo extremo. Ese es el gran triunfo social y psicológico de la dictadura. En Chile la gente está muy amarrada por los créditos, por la deuda, entonces es muy difícil tener movimientos políticos masivos porque se pone en riesgo el puesto laboral y si lo pierdes no puedes pagar las deudas y te va a comer el sistema. Chile se transformó en pocos años, en una especia de centro comercial de histeria consumista, donde los deseos fueron remplazados, de forma magistral por la codicia.

La dictadura triunfó y sigue, en ese sentido. Es el sistema en el que estamos, un estado subsidiario. Por ejemplo recién desde el 2011 gracias a los movimientos estudiantiles se vuelve a hablar de la educación como derecho. Hasta entonces era un bien de consumo.

 

Y en ese sentido es paradójica la celebración del 11-s. Porque se habla de las Torres Gemelas pero aquí se conmemora un golpe donde Estados Unidos era responsable.

Claro, Estados Unidos está de manera clara con la CIA, Kisinguer … Pero también es una visión de mundo. En ese momento son los últimos coletazos de la guerra fría donde claramente triunfa el bando capitalista y ahí está el tema económico.

También en tema de derechos humanos la izquierda chilena y cierta izquierda comunista le cuesta asumir la universalidad de los derechos humanos. Es escandaloso que no se asuman los crímenes de los gulags, la violación sistemática de derechos en la URSS o en Corea del Norte. Y ahí la izquierda, sobretodo latinoamericana, tiene que aprender. No hay dictadura buena.

 

¿Qué piensa del caso Santiago Maldonado?

Es terrible, nos remite a casos de desapariciones que han existido en Chile durante la democracia y también es una problemática donde el Estado de Derecho está al debe, donde vemos que pueden existir desapariciones en plena democracia. Hay una oscuridad que permite la impunidad.

En Chile está el caso de José Huenante, que era un joven mapuche de un estrato pobre que desapareció hace 12 años en plena democracia y lo único que se sabe es que desapareció en Puerto Montt a manos de los carabineros. Eso nos solidariza enormemente con el pueblo argentino. Es un escándalo que no debiera ser tolerado.

 

También evidencia todo el camino que falta por recorrer. ¿Y oíste lo del Winnipeg, que te parece?

Escandaloso también, ¿qué quieres que te diga? Ahí hay un tema institucional. Hablábamos antes de la migración y ahí hay otra memoria histórica de que Chile, gracias a Pablo Neruda, que compartió en España con esa generación republicana de artistas, fletó un barco para que pudieran salvarse esos republicanos después del triunfo de los nacionales en España. Y el estado español debería reconocer esa solidaridad. Además que aportaron mucho a la sociedad chilena, artistas que fueron parte de la sociedad chilena como José Balmes, Gracia Barrios… son parte de nuestra historia pictórica chilena y son españoles.

 

También imagino que alguno viviría la dictadura…

Sí, vivieron lo que se llamó el doble exilio. Imagina, llegan a un país que les acoge se hace de ellos y llega otra dictadura y tienen que volver a salir nuevamente. La historia de la humanidad…

 

Y ¿cómo influye el museo y la memoria histórica en los jóvenes y los niños que vienen al museo?

Es precioso, desde hace unos años se estudia lo que ocurrió y entonces los profesores los traen para tener herramientas y conversar de lo que ocurrió. Es muy importante, y llamativo ver en una sociedad tan segregacionista gente de todos los estratos. Y ves la reacción de gente que le habían contado que eso no pasó y se impactan de ver en el Museo como se torturaba, porque en esas familias sí que era un tema tabú y el Museo cumple una labor educativa para intercambiar elementos. Parece que está instalado un discurso de que las nuevas generaciones no se interesan por estos temas, que están despolitizadas… y esto es relativo porque uno ve acá a muchos, hay muchos que no les interesa pero también ves muchos que sí preguntan, se interesan, y cuentan sus historias de lado y lado de sus papás, sus abuelos… y hay una labor preciosa del museo.

También tenemos mucha visita de turistas extranjeros, sobre todo de la región latinoamericana que vivieron en la misma época procesos muy similares a lo que pasó en Chile. De hecho estaba coordinado lo que pasó en Chile desde lo que se llamó el Operación Cóndor, cuyo punta pie inicial lo da el siniestro jefe de la DINA Manuel Contreras en el 75 en Chile, invitando a sus pares de Argentina, Bolivia, Uruguay y Paraguay para coordinar lo que ellos llamaban acciones antisubversivas.

Recibimos muchas felicitaciones de personas que vienen de otros países porque existen pocas experiencias o poco compromiso por la memoria en sus estados. Lo más conocido son los diferentes museos del holocausto tanto en Alemania como en Israel. Pero en Argentina, si bien hay sitios de memoria como es la ESMA que tienen una vocación museográfica, no hay museo de memoria propiamente tal, se está haciendo ahora uno en Colombia, llamado Museo Nacional de la Memoria, que habla del conflicto armado en dicho país, el conflicto armado más largo de nuestro continente, y nosotros como Museo de la Memoria tenemos relación con esas diferentes instancias museográficas en derechos humanos que hay en el mundo: Colombia, Argentina, Brasil… hay una red internacional de sitios de memoria y es interesante ver las experiencias mundiales al respecto y ver como se aborda el problema, porque cada uno lo aborda de manera diferente. Y en eso si que tenemos conversaciones con otras instituciones nacionales. Nos falta España la verdad (risas)

 

Como victima ¿cómo se siente frente al estado, la sociedad y los propios perpetradores?

El caso nuestro familiar es, entre comillas, de privilegio en relación a los crímenes que se cometieron en Chile. El caso de mi padre es conocido como el Caso Degollados. Al final de la dictadura secuestran a tres personas, dos de ellas en la puerta de un colegio. Pasan un día entero siendo torturadas y aparecen degolladas cerca del aeropuerto al lado de un camino. Es decir, los cuerpos no se esconden, se muestran, se busca crear una conmoción pública y además que eran personas conocidas: Manuel Guerrero era un militante comunista y del gremio de los profesores que ya había sufrido las cárceles chilenas al principio de la dictadura, partió al exilio y regresó para poder luchar por la democracia desde dentro. En ese contexto es secuestrado en el 85 junto a mi padre. La otra persona es Santiago Nattino, que era un publicista dibujante militante del Partido Comunista también. Y este hecho causó una gran conmoción pública y nuevamente, por el tesón de los familiares (de mi madre Estela Ortiz, de la mujer de Manuel Guerrero Owana Madera y de Santiago Nattino, la señora Elena Reyes, ya fallecida) lograron presión para que se investigara esto en plena dictadura. Estos hechos llegaron a la renuncia de uno de los generales de la Junta Militar, Cesar Mendoza, que era el general Jefe de Carabineros de la policía chilena. Porque rápidamente el juez Cánovas de la Corte Suprema, empieza a dilucidar que el Departamento de Inteligencia de Carabineros está involucrado en este crimen y cómo actuó la inteligencia de carabineros, quiénes son los involucrados… y se hace un juicio. Entonces, cuando se juzgó a las personas aún estaba vigente la pena de muerte en Chile. Nosotros como familiares nos acercamos a tribunales para pedir que no se aplicara la pena de muerte porque creemos profundamente en el valor de la vida. Y estas mismas personas cuando se habla hoy en día en la sociedad chilena el tema del perdón, o sea nosotros les perdonamos la vida de alguna manera porque según la ley tenían que ser condenados a muerte. Y en ese sentido desde el punto de vista judicial, en la práctica todas las personas menos una están libres porque se han acogido a beneficio carcelario. Me parece escandaloso pero igual para mí es mucho más importante en este momento esclarecer lo que no se ha esclarecido. Yo me siento reconciliado porque me he reconciliado conmigo mismo. De niño tuve mucha rabia con mis padres por no haber partido al exilio exponiéndonos a nosotros a lo que vivimos y eso yo lo perdoné y vivo en paz con eso. Te repito de hablo desde el privilegio de un caso que ha sido esclarecido…

 

En ese sentido imagino que el hecho de que se haya esclarecido contribuye a esa paz…

Por su puesto, la verdad histórica y judicial siempre influye en ese proceso. También influye que en el caso nuestro nosotros siempre supimos quien era mi papá, qué hacía, los riesgos que corría… con lo cual éramos conscientes de lo que podía ocurrir. No así otro tipo de personas que tuvieron menos herramientas para canalizar y analizar y tratar de rearmarse ante un echo tan cruel como el asesinato de un familiar. En el tema personal me ayudó mucho la oportunidad de vivir fuera de chile porque mi caso fue conocido y siempre estuve marcado por esa historia y el hecho de poder ser anónimo en el extranjero fue muy bueno sin tener que dar vueltas alrededor de este hecho trágico.

 

Por último, siempre se discute al hablar de la memoria histórica el argumento de no incentivar el odio y mirar hacia el futuro. Claro, hay que respetar si un familiar no quiere saber pero, ¿ha visto que en alguna ocasión este tipo de procesos de memoria haya fomentado el odio de las víctimas?

No, yo creo que el odio, que es válido, está mucho más relacionado con la No-Memoria histórica, el no esclarecimiento que crea una sensación de impunidad e impotencia. El odio tiene mucho más asidero en el olvido y el no asumir las violaciones de los derechos humanos. Sin embargo soy de las personas que creen en las luchas sociales positivas, afirmativas, de asociación libre y autónoma, creo en un horizonte afirmativo, y eso no se puede construir desde la violencia y el odio.

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Inés Moreno (Alcalá de Henares, 1992) Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Derecho Internacional Medioambiental por Háskóli Íslands (Universidad de Islandia). Ha desarrollado su actividad investigadora entorno a la gobernanza global y los derechos humanos de tercera generación. Activista de Amnistía Internacional España de 2011 a 2015. En su actividad literaria colabora con la editorial Playa de Ákaba con la que ha publicado su primer poemario, Akasia.

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