No hay derecho. No tiene derecho. No, no lo tiene, a tanta crueldad, a tanta verdad, a tanta disección sin contemplaciones. El desamor no se merece una novela tan brutal, tan buena, tan certera y tan visceral, sin aditamentos ni florituras. Tal cual. Hiperrealismo de la ruptura en estado puro, sin adjetivos que edulcoren lo que realmente es: el profundo dolor en lo más hondo de una pareja que deja atrás el torbellino de lo que un buen día fue amor y pasión.

No necesita mucho para abofetear nuestras conciencias y colocarnos desnudos ante el espejo

Tomando como apoyo el título de otra magnífica novela suya de hace una década, ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, la nueva propuesta de Isaac Rosa (Sevilla, 1974) no es ni de lejos ¡otra maldita novela sobre el desamor! ¡Quia! ¡Es desamor en estado primigenio! Más que novelista, el autor de obras como El vano ayer o La habitación oscura está a medio camino de ser un ejemplar entomólogo que coloca sobre el cristal del microscopio el cuerpo fenecido, listo para su pormenorizado examen, o también un desorientado Indiana Jones que busca entre escombros de otra época las causas del derrumbe de una civilización entera.

Final feliz compartimenta con precisión milimétrica todos y cada uno de los vericuetos que atraviesa, paso a paso, una pareja cualquiera –usted o yo mismo podemos formar parte perfectamente de ella como ejemplos arquetípicos– hasta llegar al derrumbe definitivo y sin paliativos, a ese final feliz al que alude el título.

El descarnado estilo de Rosa huye de efectismos requeteutilizados en incontables novelas que tratan la desafección amorosa de forma más o menos afortunada. No necesita mucho para abofetear nuestras conciencias y colocarnos desnudos ante el espejo. Aunque para ello tenga que pisotear por terrenos ya consabidos en este duro tránsito del amor y el desamor. Mientras, lo que vemos en él, en ese espejo que nos coloca delante de nuestras propias narices de pequeñoburgueses rendidos ante la evidencia de que cualquier tiempo pasado parece que ya sí fue mejor, evidentemente causa pavor, como no podía ser de otro modo.

Los protagonistas de su novela –periodista freelance él, profesora ella– son productos de la sociedad del derrumbe del bienestar que ha tocado vivir en esta última década y Rosa, como ya ha llevado a cabo en anteriores novelas, toma nota a modo de notario del reino de las vísceras esparcidas por doquier de una de las peores sensaciones que el ser humano puede experimentar en su corto paso por este valle de lágrimas.

Aquí cabe especificar que Rosa no se regodea en la sangre del desamor, no; expone tal cual la realidad de una sociedad descarnada y deshumanizada en la que el reproche mutuo de las víctimas sirve para lucir el desconchado pero no para ocultar en el anonimato a los verdaderos culpables del desaguisado amoroso, que por supuesto se encuentran muy por encima de ellos y mueven los hilos de sus designios como los dioses griegos hacían de las suyas con sus héroes de leyenda.

Expone tal cual la realidad de una sociedad descarnada y deshumanizada en la que el reproche mutuo de las víctimas sirve para lucir el desconchado pero no para ocultar en el anonimato a los verdaderos culpables

Nos queremos mal, viene a decir de forma sincopada el autor de Final feliz, pero nos queremos mal porque en este escenario, con este estilo de vida, estos clichés asumidos y estos objetivos interiorizados como inexcusables, el resultante final no puede ser otro que un premonitorio derrumbe generalizado de cualquier relación amorosa. Así nos va. Así lo ha contado Isaac Rosa en una espeluznante novela de desamor, una obra que quedará de referencia indudable durante muchos años en la literatura española.

 

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