A día de hoy en Catalunya es imposible hacer política porque del pacto entre la Moncloa y el gobierno catalán saldrán unos perdedores y unos victoriosos. Me pregunto por qué la Moncloa ya habla de la luz al final del túnel.

Estamos en una guerra (moderna) y estamos ganando. No hay un limbo donde no se esté haciendo nada, la verdad es que se está haciendo muchísimo.

Parece que la propuesta de algunos políticos es rendirse, que liberen a los rehenes, y de ahí a construir la república… ¿Con otro referéndum, esta vez, legal? Es decir, ¿tenemos que convencer a 2/3 de la cámara que representa al pueblo español, a 2/3 del Senado, que éstos dimitan y se vuelvan a constituir y 2/3 de cada cámara aprueben la reforma de la Constitución? ¿Es éste el camino? Esperemos que no, porque sabemos que con los distintos Gobiernos que ha habido hasta ahora es imposible negociar eso. Además, primero debería haber un referéndum para aceptar reformar la Constitución. ¿Y si sale que no? 20 años más de “prucés”.

Entonces, ¿qué proponen? ¿Que, en 10 años, cuando tengamos más mayoría independentista totalmente clara, intentemos de nuevo todo esto de la desobediencia? Para que exista una verdadera revolución, en un cambio de paradigma, hay que romper con el estatus previo. Ni con un 100% de apoyo a la República de Catalunya, el Gobierno de España aceptaría un referéndum, porque justificaría que para ello habría que cambiar la Constitución.

En el limbo hemos estado estos 40 años de Constitución post dictadura en los que no se ha hecho absolutamente nada por cambiar la forma política del Estado español. Porque la mayoría de la población no quiere hacer nada y se conforman con vivir en el limbo convertidos en esclavos del sistema.

El caso catalán

De repente, debido a unos acontecimientos X, la gente empieza a despertar de esta hibernación. Intentan negociar leyes con el Estado: un Estatuto, mejor financiación, educación, sanidad, etc. Resultado: todo tumbado en un tribunal. No se respetan las preferencias y voluntades del pueblo catalán. (Punto “A”)

Partiendo de A, tenemos dos opciones: o seguir como siempre e intentar cambiar España desde dentro, lo cual es imposible por las reglas de juego (Constitución, y otras normas que estén dispuestos a inventarse), o romper con el paradigma. El “Prucés” decide romper con la estrategia de “a la larga, mostrar que esta España es un país gobernado todavía por una élite aún franquista y que nuestro movimiento es legítimo. Resultado: se decide celebrar un referéndum.

Punto B. “Un ataque terrorista se supera, la disolución de España es irreversible” (José Manuel García-Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores). Resultado: Se celebra el referéndum y España se convierte en un monstruo autoritario.

Nos pegan. El mundo flipa. China dice que, si España puede hacer esto, ellos también. Encarcelan a hombres de paz. Saludos fascistas por todos sitios. Puigdemont suspende la declaración de independencia para abrir la puerta al diálogo con el Estado español. El mundo respira, esperando que el Gobierno de España se relaje.

Pero no se relaja. Al contrario, empieza a desatar su furia judicial. Salen informes, España en la cola de independencia judicial, Dastis hace el ridículo, Zoido hace el ridículo, la Guardia Civil y la Policía hacen el ridículo. España ha implosionado.

Punto C. Puigdemont declara la independencia. Se impone el 155, totalmente ilegal por ir contra los derechos humanos y su propia Constitución. Junqueras, Forn, Turull, Rull, Mundó, Romeva, Bassa, Borràs, Vila, Forcadell y los Jordis a prisión. Violación de derechos básicos. Fianzas astronómicas para los que puedan salir. Busca y captura a Puigdemont, Comín, Puig, Ponsatí y Serret (exiliados en Bélgica). Puigdemont se entrega a la justicia belga con su tropa. El Tribunal Supremo retira la euroorden haciendo el ridículo y siendo criticado por Europa.

Se acercan elecciones. La prensa española hace campaña en favor de Arrimadas, la candidata de Ciudadanos. Los partidos republicanos salen vencedores con mayoría absoluta y con Puigdemont al frente. A Rajoy y Soraya les entra el pánico. Puigdemont ya ha dicho que, si vuelve a ser investido, se implementará la República. Ése es su plan. Todo el mundo lo quiere, tanto dentro de Catalunya como fuera, ¡es la figura del año tras Donald Trump! Los periódicos internacionales dicen que huelen la derrota en los despachos de la Moncloa. Dastis es comparado con dictadores. La Marca España está por los suelos. España es Turquía. Puigdemont, por las nubes.

El Gobierno español tiene un problema gigantesco porque tiene a gente inocente en prisión, mayoría independentista en Catalunya y Puigdemont, un líder que hace lo que le da la gana. ¿El fin de España?

Punto D. Parece el fin de España, porque a Puigdemont le van a hacer presidente y entonces se implementará la República. En Catalunya aparecen, de forma inesperada voces discordantes dentro del movimiento independentista (Roger Torrent, “tiene dos hijos, ya sabe a qué se atiene”, Pablo Casado, portavoz de comunicación del PP). Se ponen sobre la mesa alternativas para que se retire el 155 y se obtengan ciertas prerrogativas a cambio de sacrificar a Puigdemont. Todo para volver al punto A.

¿Esto es salir del limbo?

Es decir, ¿volver al punto A y cambiar de estrategia, a una que no sea de choque de trenes, es la solución propuesta por algunos? Espero que esto sea una broma para intentar despistar a España, porque es totalmente aberrante. La única forma de conseguir la independencia pasa por mostrar al mundo que las más altas instituciones de España se comportan como un país franquista, sobre todo porque no podemos cambiar su Constitución.

De lo que se desprende, para que quede claro:

1) Tener a Junqueras e inocentes (como tuiteros y raperos) en la cárcel, enseña al mundo y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos que España es un país franquista. Es decir, ayuda a que la Comunidad Internacional nos reconozca como Estado. Porque la única forma de ir en contra de un país tan poderoso en cuotas internacionales como España es que España se muestre como el monstruo que es.

2) Entregar a Puigdemont a cambio de los rehenes, ayuda a España y derrota a Catalunya, ambas cosas a la vez y en una sola jugada. La Comunidad Internacional no nos va a dar legitimidad a los catalanes (no nos va a dar ningún reconocimiento) porque España no estaría haciendo nada malo (dejar de tener presos políticos significaría que el estado español dejaría de ser el monstruo que pone en jaque toda la moral europea para volver a situarse dentro de los “límites aceptables” de una democracia europea) y el argumento de “nos pegaron el 1-O” es historia. Y si encima Alemania y Francia nos prefieren unidos, el tema se enfría. Si no hay presos políticos, no se está cometiendo ninguna barbarie, harán ver que no pasa nada en Catalunya.

Ejemplo: A los judíos les ayudaron a tener propiedad sobre las tierras de Israel después de la Segunda guerra mundial. Evidentemente, sin una tierra que respetara sus preferencias (leyes, normas de un pueblo, costumbres), no podían estar protegidos. La Comunidad Internacional, después del Holocausto (y otros acontecimientos) vio que la única forma de que el pueblo judío realmente podía ser respetado era otorgándole su propia tierra. Y eso es lo que sucedió.

¿Y qué piensa la Comunidad Internacional cuando ven manifestaciones unionistas donde siempre hay gente haciendo el saludo fascista? Piensan: “el monstruo (España) se nos está descontrolando, y el Gobierno de España está animando a esta gente. ¿Están locos?”. Piensan que el resto del mundo hará chantaje a Europa con estos hechos. Nadie podrá recriminar nada a China por sus acciones en el Tíbet, o a los rusos por encarcelar adversarios políticos, si la moralmente perfecta Europa es igual de mala.

Nos queremos ir de España porque es un país seudo-democrático con hábitos franquistas. Evidentemente, mientras la Comunidad Internacional no vea el problema, apoyará a España (como pasó en Sudáfrica con el Apartheid). Hasta que el problema no es visible, no existe.

Pero volvamos a la actualidad. Parece que el plan de algunos, es llegar a un acuerdo con el Gobierno de España, traicionando la voluntad del pueblo, porque es mejor evitar el choque de trenes y volver al punto A antes que utilizar todo este impulso (momentum) que hemos creado y que nos ha dejado delante de las puertas de una República.

Estamos a 100 metros de la República Catalana

¿Estos políticos que quieren volver a empezar creen que su método es mejor? Sinceramente, esperamos que lo reconsideren, de lo contrario habrán entregado a Soraya la República que teníamos a tocar. Tenemos varios países apoyándonos implícitamente y algunos son increíblemente poderosos.

España se parece cada día más al monstruo del fascismo que Europa, hace 75 años, dejó atrás. Una actitud dictatorial que avergüenza a una gran mayoría de ciudadanos europeos y a una decepcionante minoría de ciudadanos españoles. Y Catalunya está a punto de conseguir el milagro de vencer el coloso. Estamos literalmente a 100 metros de la cima. Países democráticos nos están apoyando implícitamente y nos piden resistencia. Porque ya hemos ganado.

Los 100 metros antes de la cima son siempre los más difíciles, cuando más dudas salen, cuando más traidores atacan, y cuando parece que la oscuridad será permanente. Pero esta oscuridad, la maldad que viene de España, pasará.

Y llegará el día en que los catalanes tendremos el coraje de hacer los últimos 100 metros y vivir en plena libertad. Sí, estos 100 últimos metros vale la pena sufrirlos, porque la libertad es el único destino posible. Por favor, políticos, seriedad, que no estamos en ningún limbo. Estamos haciendo historia y sólo se vislumbran dos salidas: República o que la historia nos termine juzgando con la dureza de lo que dejamos escapar de forma ridícula y temerosa: un futuro lleno de dignidad y oportunidades.

 

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3 Comentarios

  1. 100% de acuerdo, gran análisis y poco que añadir. Eso si, espero que los asesinos que activaron el 17A acaben con sus huesos en la cárcel de por vida. El 17A fue para frenar la voluntad libre de un pueblo.

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