En muchos de mis artículos anteriores he defendido que la postura de Pedro Sánchez de negarse a apoyar o permitir un gobierno en minoría de Mariano Rajoy estaba fundamentada en clave interna y sustentada sobre la supervivencia política del secretario general socialista. Por mantener este argumento, quien les escribe ha recibido insultos de todo el pelaje que se puedan imaginar de parte de los «pedristas» más convencidos, de aquellos que han convertido su lealtad en el PSOE en lealtad a Sánchez. También he defendido que la estrategia del «NO es NO» era la correcta en el fondo pero no en las formas ya que se corría el peligro de convertir al Partido Socialista en el principal responsable del bloqueo político y de la convocatoria de unas terceras elecciones. Si Sánchez hubiera sido un líder inteligente habría presentado una propuesta al PP con una serie de puntos innegociables, unas condiciones que para los conservadores serían inaceptables y, por lo tanto, la responsabilidad de unos terceros comicios habría caído en Rajoy y los suyos. En el caso de que lo hubieran aceptado, el PSOE hubiera sido el responsable de la derogación de las reformas más lesivas para los ciudadanos y habría tenido un punto sobre el que sustentar la recuperación y la regeneración que tanto precisa. Finalmente, también he planteado la posibilidad de permitir —con condiciones— un gobierno en minoría del Partido Popular y gobernar desde la oposición para, en primer lugar, derogar todas las reformas de la legislatura 2011-2015 y, en segundo lugar, poner en marcha las reformas que España tanto necesita. Este sería otro modo de regenerarse tanto desde un punto de vista interno como de cara a la ciudadanía. El tiempo y los hechos me están dando la razón. Detrás del «NO es NO» hay algo más y poco a poco vamos conociendo que no se trataba de una estrategia de cara a buscar soluciones al margen del PP sino que ese «NO» rotundo, ese «¿qué parte del NO no han entendido?», estaba totalmente orientado a garantizar el blindaje en la Secretaría General de Pedro Sánchez.

La gran mayoría de los dirigentes territoriales del Partido Socialista han planteado muchas opciones para afrontar esta legislatura y para evitar que se celebren unas terceras elecciones. Esto les ha generado que se les quisiera «despellejar» por parte de las hordas «pedristas». Lo mismo ha ocurrido con los antiguos dirigentes, a los que, como saben, no les tengo mucho aprecio porque ya no piensan en el partido o en la gente sino en el establishment con la coletilla de que es lo que necesita el Estado. Nos guste mucho o no, Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Rodríguez Zapatero o José Bono, por citar algunos, han sido masacrados por las catervas «pedristas». Sin embargo, en Ferraz tomaban nota a todo lo que decían estos dirigentes, algunos con responsabilidades de poder autonómico, y han esperado para hacerles una propuesta una vez que Sánchez consiguió humillar a Rajoy con la investidura fallida. La proposición de Ferraz, que incluso fue sugerida públicamente por algunos políticos cercanos a Sánchez, es la siguiente: si se garantiza que Pedro Sánchez no va a tener oposición en el 39 Congreso, el actual secretario general cambiaría su posición y permitiría el gobierno en minoría de Rajoy.

Esto es muy grave y confirma todas las sospechas de que lo que se busca es la aclamación de Sánchez para blindarle en la Secretaría General durante otros cuatro años. Es muy grave porque son muchos los militantes socialistas que se han creído lo de que el «NO es NO» es el camino correcto. Es muy grave porque las aspiraciones internas de Sánchez están bloqueando la política nacional. Es muy grave porque demuestra que el PSOE está en manos de un ególatra que primero piensa en él, luego en él, más tarde en él y, finalmente, en él. Ya habrá tontos útiles que piensen en el partido. Esta propuesta de quienes apoyan a Sánchez desmonta cualquier argumentación en favor del «NO es NO» y da la razón a quienes pensamos que los pasos que está dando en estos días el secretario general socialista para buscar una alternativa a Rajoy no son otra cosa que ganar tiempo para seguir retrasando la celebración del 39 Congreso, Congreso que, por cierto, debería haberse celebrado en el mes de febrero.

Evidentemente, Susana Díaz, a quien va dirigida esa propuesta, no la va a aceptar porque sería una verdadera catástrofe que se permitiera a Sánchez liderar cuatro años más un partido que lo que necesita una regeneración a fondo, cuando no una refundación del mismo calibre del de los Congresos de Toulouse o de Suresnes. El PSOE ha perdido el voto urbano y el voto joven. El PSOE ha perdido la confianza de las clases trabajadoras de rentas medias. El PSOE se está sosteniendo con el voto rural y, así, sólo va camino de un nuevo desastre, y el responsable de toda esta situación no es otro que el actual secretario general por buscar alcanzar sus objetivos personales antes que los objetivos del socialismo y de la ciudadanía que no hace tanto tiempo se volcó con el proyecto del Partido Socialista.

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