Esta película lo tiene todo para ser un taquillazo y en bien del cine español espero que lo sea. Tiene una actriz maravillosa, maravillosa, maravillosa Verónica Echegui. Una actriz  que tiene un abanico enorme de registros de interpretación  y ante la que una se queda embobada. Tiene un plantel de actores que la rodean también excepcionalmente buenos. Todos ellos. Muy especialmente Elvira Minguez, que nunca sale mal en una película, y que además en ésta aparece particularmente guapa. Tiene una realización exquisita (María Ripoll ha demostrado con creces que sabe dirigir, desde hace años) y una banda sonora divina.

Y en fin, a mí esta película me pareció un horror. A mí, personalmente. Sin embargo, a mi hija de trece años le encantó. Y supongo que mi hija de trece años es precisamente el target  al que se dirige la película.

En fin, explico de qué va el tema. Tenemos una pija con unos padres millonarios, dueños de un chalet con un jardín de infarto. La pija habita en una casa heredada de su abuela en pleno centro de Madrid. Una casa que, calculando a ojo de buen cubero, cuesta así como dos millones de euros tirando por lo bajo, porque la casa tiene unos 130 metros en planta y además local incorporado en planta baja y abierto a la calle. La pija además conduce un Smart y lleva ropa de diseño francamente cara. (Que le sienta fatal, por cierto, y eso que la lleva Verónica Echegui que es una de las actrices más guapas de este país)

Una pija cuyos problemas en la vida, por lo tanto, no son los del resto de los mortales. O sea, saber de qué va a vivir en el futuro y tal. Sus problemas son realizarse artísticamente, como pija que es, y buscarse un novio

Para mí es una pena muy grande que en el 2016 el mensaje que le transmiten a mis hijas es que lo más importante en la vida de una mujer es el amor. La pija podía haber centrado todos sus esfuerzos en muchas cosas. Por ejemplo: La pija tiene una tienda de plumas que va de puto culo. Si tienes dos dedos de frente y un local tan maravilloso, haces un pacto con la vida y además de vender cosas de plumas, vendes bisutería para pijas y de paso diseñas tus cositas. No se te caen los anillos por renunciar a ser la más hípster del barrio, vaya, y vender bisutería normal amén de tus cuqui creaciones.

La pija podía haber centrado sus esfuerzos en ser una buena empresaria, o en empoderar a otras mujeres, o en cambiar un poco el mundo en el que vive, o en llegar a ser presidenta de la nación, o en gestionar los problemas de su barrio…La pija también podría preocuparse de gestionar el IBI de su local, la tasa de basuras, las cuentas de luz y agua, las relaciones con la asociación de comerciantes del barrio. Pero no. La pija solo cree en el Amor con mayúscula, y no busca hacer algo con su vida, sino vivirla a través de otros. Y lo mismo su hermana. Y a mí me da pena que éste sea el ideal que se le transmite a mi hija de trece años

Me da pena que lo que se le transmite a mi hija de trece años es que una mujer de treinta (que es la edad que se le calcula a la protagonista de la película) en lugar de pensar en cosas útiles como negocios, política, medio ambiente, feminismo, empoderamiento, solo piensa en Amor y Arte. Me da pena que la pija que  tiene un local en el centro de Madrid, no esté intentado gestionarlo, reunirse con otros empresarios, sacarle el máximo rendimiento. Que se aferre a toda esa  esa palabrería, juego de conceptos y frases vacías estilo “siempre te querré”, “eres la mujer de mi vida”, “sólo tengo ojos para ti” alimentados hasta la saciedad por el fuego a discreción de una artillería de películas made in Hollywood.

Me da pena que se siga transmitiendo ese concepto  de “Amor”, ése  que cuando nos llega, nos hace mujeres de verdad, nos dignifica, da sentido a nuestras vidas, nos da un status, y nos eleva por encima del resto de los mortales. Este “amor” no es solo amor: también es redención.

Las princesas de los cuentos no trabajan: el príncipe las mantiene. La pija de la película tampoco trabaja (no trabaja como lo hacemos las demás, vaya, ella hace tonterías con plumas y suponemos que recibe dinero de sus papás)  y del final de la película podemos deducir que la va a mantener su novio o sus padres.

En nuestra sociedad, que te amen es sinónimo de éxito social, que un hombre te elija te da valor, te hace especial, te hace madre, te hace señora. La pija, por supuesto, acaba siendo madre. No se casa, porque ella es muy hípster.

Este “amor”  que es más importante que todo lo demás nos convierte en seres dependientes, tan dependientes y pueriles como la pija retratada en la película.

Este “amor” nos lleva a los infiernos cuando no somos correspondidas, o cuando nos son infieles, o cuando nos abandonan: porque cuando nos hemos dado cuenta, estamos solas en el mundo, alejadas de amigas y amigos, familiares o vecinos, pendientes de un tipo que se cree con derecho a decidir por nosotras.

Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es una utopía colectiva y es un producto de los medios de comunicación, pero no es amor.

En fin, que la película, a nivel técnico, es impecable. No tengo nada malo que decir de la realización, de los actores (repito: buenos todos, el cine español cuenta con unos actorazos, eso es así), de la banda sonora. Pero es como un bombón envenenado.

Mi hija de trece años lloró cuando ganó Trump. Mi hija de trece años lee The Guardian, sabe lo que es el índice Dow Jones y ya es feminista. No hay muchas como ella, no, y por eso Trump ha ganado, y por eso la derecha triunfa aquí. Porque si a las mujeres nos siguen anestesiando con comedia romántica desde la adolescencia no vamos a crear generaciones futuras que quieran ser políticas, empresarias, ecologistas, periodistas médicas, arquitectas… constructoras de futuro hacia un mundo mejor.

Y yo sé que en el cine español hay talento y medios de sobra para hacer otro tipo de películas. Con otro tipo de mujeres. Con otro tipo de chicas jóvenes. Con otro tipo de concepto del amor. Lo están demostrando Iciar Bollaín,  Gracia Querejeta, Isabel Coixet, Leticia Dolera, tantas otras.

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Escritora. Premio Nadal, Premio Primavera, Premio Planeta, Premio de los lectores de la Feria de Bilbao, premio Barcarola de Poesía, premio a la visibilidad de la Federación Española LGTB, premio Lazio del Ministerio de Cultura Italiano ... Y premio redacción de Coca Cola obtenido a los diez años

2 Comentarios

  1. Voy a hacer una reflexión que espero se entienda desapasionada.

    Si la hija de la autora lee el Guardian (Creo que esto es fantástico) sabe lo que es el Dow Jones y es feminista y esto le ha hecho llorar la victoria de Trump porque, como la autora bien señala, somos menos… quizá sea el momento de entender que somos menos porque nos hemos hecho una poca elitistas y pelmazos, tan pelmazos que nosotros mismos empezamos a utilizar conceptos tan obscenos como white trash con incómodo desparpajo. Quizá la hija de la autora ha hecho bien en disfrutar de una peli y la autora debiera relajar sus expectativas morales ante el consumo de algo mainstream y celebrar que una mujer pueda batirse el cobre en el universo de las grandes taquillas de tú a tú con Ruiz caldera o el propio Bayona (que tampoco ha dirigido el séptimo sello, seguramente gracias a dios) ¿Quiere empoderamiento? pues ahí lo tiene, Lucía.
    Al final habrá que dar la razón a ese del PP que decía con retranca “A cubierto que vienen los nuestros…”

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