Monumento a los Caídos de Pamplona.

Francisco Franco no quería ganar la Guerra civil. Franco (primero por incompetencia, luego expresamente) dilató la contienda a fin de convertirla en un holocausto(1) que, entre otras cosas, hizo retroceder el nivel de renta del país a niveles preindustriales. Franco no quería ganar la guerra porque la disfrutó demasiado. Disfrutó los actos de violencia. Disfrutó las purgas. Disfrutó el convertir la victoria en una humillación. Y, más importante, cuando se convirtió en dictador no se molestó en cerrar las heridas, que permanecieron abiertas hasta más allá de 1975: no se puede entender el crecimiento del movimiento republicano en nuestro país sin recordar la frase con que se corona al Rey de España tan solo dos días después de su muerte: Desde la emoción en el recuerdo a Franco ¡viva el Rey!.

 

Esta humillación a buena parte de la población se traslada al espacio público en forma de los Monumentos a los Caídos presentes en casi todas las poblaciones. Éstos son de muy diversa índole y tamaño. Muchos de ellos han sido derribados. No todos, porque la Ley de Memoria Histórica se ha ido aplicando con pinzas, a menudo contra el criterio de no pocos alcaldes. Tanto las estas construcciones como, sobre todo, la configuración del espacio público son resilientes, e intentar cambiarlas cuenta a menudo con muchas voces en contra porque eso del cambio, aunque sea a mejor, lo carga el diablo y uno nunca sabe si se empieza derribando un Monumento a los Caídos y se termina con una biblioteca nueva donde puedas leer libros que te hagan pensar.

El tema puede parecer desactualizado hasta que recordamos que sigue habiendo presos políticos en este país. Alguno de ellos por crímenes tan graves como dedicar una canción al Rey.

Un caso particular de los Monumentos a los Caídos españoles es el de la ciudad de Pamplona. Éste es un edificio de buen tamaño con parroquia incluida colocado en un lugar principal de la ciudad. Incluso más: la ciudad se configuró para que este monumento fuese todavía más principal, al alzarse culminando un eje urbano que lo conecta con la Plaza del Castillo, una de las más populares de la ciudad. El Monumento es en realidad un conjunto de tres edificios de planta más o menos central unidos entre ellos por dos galerías porticadas, esquema bastante común en la arquitectura clásica. Sin ir más lejos el edificio histórico de la Universidad de Barcelona o el Museo del Prado tienen una configuración idéntica. La construcción central, que enfrenta un pórtico bastante interesante al eje antes descrito, se transformó en 1961 en uno de los panteones más sagrados del franquismo al trasladarse allí los restos de los generales Mola y Sanjurjo(2), elenco completado con los cuerpos de seis golpistas locales, mártires en la terminología del Movimiento.

El 16 de noviembre de 2016 estos restos fueron retirados del Monumento. Fueron necesarios cuarentaiún años de democracia y una alcaldía de Bildu para ello. La decisión sigue siendo contestada.

Estos días una comisión de expertos de diversos campos se reunirá en Pamplona para decidir el destino del edificio. A esta comisión le seguirá un concurso de ideas para la rehabilitación del espacio.

Consideraciones al respecto:

_Es muy difícil, por no decir imposible, rehabilitar un Monumento a los Caídos como Monumento a TODOS los Caídos. Estos monumentos siempre van a ser monumentos a los muertos del bando golpista. Lo contrario es difícil, casi imposible. Demasiado connotados.

_Es necesario un memorial en este espacio, independientemente de si el edificio se conserva o no. Las víctimas del ejército republicano merecen ser honradas. La memoria del gobierno legítimo de la República merece ser honrada.

_Vuelvo a reivindicar, entonces, el papel del animonumento. Imaginad por un momento que el espacio memorial se encara a alguien como Santiago Sierra o cualquier otro artista comprometido (insisto en la necesidad del concurso de ideas para ello) que trabaje en una actuación sobre un Monumento a los Caídos Golpistas. Lo que de saliese de ahí podría ser más intenso que cualquier intento de rehabilitación del monumento destinado al fracaso de antemano.

_Las piedras son las piedras. Éstas pueden ser usadas de muchas maneras. El Monumento a los Caídos de Pamplona, obra de los arquitectos Yarnoz y Eusa, no es un mal edificio. Su colocación es buena. Lo que la tornaba siniestra no era el encaje urbanístico, sino la simbología asociada a éste. Desaparecido este significado el edificio podía verse fácilmente como una oportunidad. Aunque aquí choco con mi ignorancia de la historia pamplonesa. Ignoro las circunstancias de su construcción. Ignoro el dolor que haya podido causar este edificio, y no me parece que sea un dato a obviar.

… pero es el uso. Los espacios y los edificios se miden por el uso que les damos. Ahora es uno de los momentos en que podemos decir con orgullo que hemos ganado. Las mujeres se reivindicaron el pasado 8 de marzo con un éxito que superó todas las previsiones. Hay bodas homosexuales. Hay divorcio. Y suma y sigue. Falta muchísimo trabajo por hacer. Pero a veces es bueno volver la vista atrás y darnos cuenta de todo lo que hemos conseguido entre todos. Esta sociedad no gustaría los golpistas enterrados en ese monumento.

No sería un mal golpe de gracia poder convertir este espacio grave y siniestro el algo festivo a donde se va a celebrar cualquier cosa que ellos nos prohibieran.

Y que se jodan.

 

(1) La palabra no es mía, sino del hispanista Paul Preston, que recopiló datos y cifras en un estremecedor documento titulado EL Holocausto español. La primera vez que lo afronté no pude terminar de leerlo de lo que dolía.

(2) La muerte de Sanjurjo es la quintaesencia de la tragicomedia al explicar muy bien el modo de hacer fascista: el 20 de julio de 1936 el general, exiliado en Estoril, necesita viajar por avión a España para ponerse al frente del golpe de estado. Lo viene a recoger el aviador Juan Antonio Ansaldo en una avioneta ligera De Havilland. El general quiere viajar con algo así como cuatro o cinco quintales de equipaje (uniformes de gala, condecoraciones y cosas parecidas). Ansaldo le dice que con ese peso el avión nunca volará. Sanjurjo saca su pistola y dice algo así como que el avión volará por sus santos cojones. El avión llegó al final de la pista de equipaje, cayó a plomo, se estrelló y se incendió. Sanjurjo murió quemado. Ansaldo sobrevivió. Esta muerte fue uno de los factores que facilitaron la ascensión al poder de Franco.

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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