En muchas familias, se producen pequeñas discusiones cuando uno de los niños dice, con cara angelical y voz cándida, ¿Puedo coger el Ipad? O cuando ya lo está utilizando, y la madre o el padre le pregunta ¿Cuánto tiempo llevas?, y le indican “déjalo ya”. Estas escenas, que se han vuelto cotidianas en muchos hogares, constatan una inquietud ante el uso de las nuevas tecnologías.

Existe una preocupación creciente por el impacto que las nuevas tecnologías pueden tener en la infancia, ya que el acceso a internet se produce cada vez a edades más tempranas. Un dato, los niños y adolescentes menores de 18 años representan aproximadamente uno de cada tres usuarios de internet en el mundo. La sociedad se alarma, las madres y padres se inquietan. Pero, al mismo tiempo, existe tanto un bombardeo comercial creciente para inducir al consumo, como cierta permisibilidad familiar ante la “tranquilidad que se compra” enchufando al niño a la Tablet o al teléfono móvil.

Oportunidades, problemas, límites. Todo ello, ha llevado a Unicef, en su informe sobre el Estado Mundial de la Infancia, Niños en un mundo digital”, a analizar como la tecnología ha cambiado las vidas de los niños y sus oportunidades, y que puede ocurrir en un futuro cercano.

Antes de entrar en algunas de las consideraciones del informe, es importante recordar algo que amplias capas de la población pasan por alto. Me refiero a lo que afirma la primera ley de Kranzberg: la tecnología no es ni buena, ni mala ni neutral.

Partiendo de esta tesis, es evidente que todo depende de lo que se decida. La tecnología digital puede servir para reducir desigualdades, romper el ciclo de pobreza que encierra a millones de seres humanos, y dar nuevas oportunidades a las niñas y a los niños que más problemas de exclusión social tienen, al dotarles de aptitudes y herramientas para poder integrarse en un mundo tecnológicamente cada vez más avanzado.

O por el contrario, la tecnología digital puede agudizar la brecha digital que ya existe impidiendo que millones de niños puedan llegar a su máximo potencial, y favoreciendo que sean a la vez más susceptibles de sufrir explotación, abusos y falta de equidad. Es decir, una sociedad digital divida y rota.

En su informe, Unicef:

  • Aboga en favor de una acción más rápida, de inversiones específicas, principalmente en oportunidades de aprendizaje y educación a los niños, para que entre otras cuestiones puedan acceder a información sobre asuntos que afectan a sus comunidades y pueden ayudarles a resolverlos.
  • Propone una mayor cooperación para proteger a los niños de los daños que pueden sufrir tanto en su seguridad, su privacidad y su bienestar. Estar conectado aumenta las amenazas y los daños que muchos niños ya sufren fuera de red y hacen que los niños ya vulnerables lo sean más aún. Estar conectado intensifica riesgos tradicionales de la niñez, como la intimidación, nuevas formas de abuso y explotación infantil, como el material con un contenido de abuso sexual infantil hecho a medida de los usuarios y la transmisión en vivo de actos de abuso sexual infantil. Estar conectado en exceso puede contribuir a la depresión y a la ansiedad infantil. Por el contrario, conectarse también puede ayudar a niños con problemas a entablar las amistades y recibir el apoyo social que no están recibiendo en otros lugares.
  • Insta al sector privado, a que utilice su poder e influencia para promover normas éticas a la industria en materia de datos y privacidad, así como otras prácticas que beneficien y protejan a los niños. En este sentido, las empresas de tecnología e internet deberían tomar medidas para evitar que sus redes y servicios sean utilizados por delincuentes para recopilar y distribuir imágenes de abuso sexual infantil o cometer otras violaciones contra los niños.
  • Señala a los gobiernos que pueden promover incentivos para fomentar la competencia para reducir el costo de conectarse a internet, ampliando así el acceso para los niños y las familias desfavorecidos.

Unicef pide que se aprovechen las oportunidades de la era digital para beneficiar a todos los niños. Es preciso, resaltar y hacer hincapié en la expresión “beneficiar a todos los niños”. Por dos cuestiones. La primera, es que los jóvenes, entre 15 y 24 años son el grupo de edad que más utiliza internet. Un 71 por ciento a nivel mundial frente al 48 por ciento de la población total. La segunda, porque alrededor del 29 por ciento de los jóvenes, unos 346 millones de personas, no están conectados. Con brechas geográficas tan agudas como la existente entre los jóvenes africanos, donde el 60 por ciento no están conectando frente al 4 por ciento en Europa que no lo está.

Poner a los niños en el centro de la política digital es la clave. Pero mientras lo vamos consiguiendo, me permito destacar una afirmación del informe que puede servirnos ya, ahora, a muchas familias: “CONCENTRARSE MÁS EN LO QUE HACEN LOS NIÑOS EN LÍNEA Y MENOS EN EL TIEMPO QUE PASAN EN LÍNEA, PUEDE PROTEGERLOS MEJOR Y AYUDARLOS A APROVECHAR AL MÁXIMO SU TIEMPO EN LÍNEA.”

Oscar Iglesias

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