A esas horas, no había mucha gente en El Espolón. Un domingo a las cuatro y media en el que el Burgos juega en el Plantío, el personal se decanta más por el fútbol que por el paseo del brazo de su señora a través del escaparate de la ciudad. Aun así, como sitio de quedada de chavales y chavalas quinceañeros que flirtean para calmar esos cientos de mariposas que les han estado impidiendo el sueño toda la semana, y como lugar elegido por los mayores para tomar café en sus terrazas mientras departen animadamente de la cotidianidad, nunca faltaban paseantes. Y más en una ciudad en la que, en los cortos días de primavera, el sol juega al escondite en unas pocas centenas de minutos.

Algunas parejas de adultos, entrados ya en la cuarentena, disfrutan del café sentados unos frente a otros mientras un camarero, muy estirado, plantado junto a la puerta como un «Guardsman» en Buckingham Palace, con uniforme impoluto, en el que resalta el blanco radiante de su camisa, detrás de un chaleco negro, vigila que a ninguno de sus clientes les falte nada. Tres chavales bisoños esperan nerviosos sentados en un banco. Miran el reloj. Parece que sus citas se retrasan. Uno de ellos sonríe. Todos se levantan y dan tímidos besos en las mejillas a cada una de las tres chicas que acaban de llegar. 

De pronto, se oyen voces. Todos dirigen sus miradas hacia el lugar de dónde provienen. Dos chavales, éstos ya creciditos, parece que están discutiendo. Levantan cada vez más la voz. Se insultan mutuamente. Un caballero que viene de la Plaza Mayor, se para a observarles. Siguen los gritos con los insultos. Ahora se han parado unas señoras que con sus abrigos de cuello de astracán y sus bolsos de charol negro que llevan colgando del codo, parece que vinieran del rosario. Miran el bochornoso espectáculo, aunque no intervienen. Sólo hablan entre ellas para decir: “¡Qué vergüenza! Esta juventud. ¡Qué mal educados, por dios!” A los gritos y los insultos, ahora han añadido pequeños toques en el hombro. Primero uno, luego el otro responde. Los espectadores ya han hecho corro alrededor de lo que todo el mundo sabe que es una pelea y cómo va a acabar. Todos, si les preguntasen, dirían que no merece la pena pegarse en plena calle y montar el espectáculo, sea cual sea el problema que tengan ambos mozos, pero ninguno de ellos interviene para poner paz y separarlos.

Uno de ellos le ha agarrado por el cuello al otro de forma que su cabeza ha quedado delante de su pecho. Con los nudillos de su mano izquierda, frota la cabeza de su contrincante que se revuelve, le pone la zancadilla y ambos caen al suelo. Es una pelea rara porque aún no ha habido ni un solo puñetazo. Pero nadie se ha dado cuenta de ello. Todos están esperando el primer remoquete que le rompa la nariz a su destinatario. La mayor parte de los accidentales espectadores ya ha tomado partido por uno de ellos. Y espera que sea su «candidato» el primero en partirle una ceja a su oponente.

Pero nada de eso sucede. De pronto y en una reacción extraña, ambos se levantan del suelo, como si una alarma hubiera sonado. Esperan unos segundos uno frente al otro jadeantes. Ahora se estiran los jerséis, se limpian el polen de los plataneros que se les ha quedado pegado en los pantalones, se agarran cada uno del hombro de su contrario y se alejan abrazados partiéndose de risa.

Los componentes del círculo que rodeaba la supuesta pelea se han quedado con cara de bobos. Todos piensan que han sido engañados por dos idiotas que no se les ha ocurrido nada mejor para pasar la tarde, que montar un espectáculo en plena calle para reírse de los asistentes.

Y así ha sido. Aunque lo que no saben es que detrás del circo, había otra razón además de la mofa. 

Llegados al Arco de Santamaría, los amigos se separan del abrazo, se giran y miran para atrás. Aún siguen la mayor parte de sus espectadores en círculo. Un tercer amigo se les une. Empiezan las carcajadas de los tres.

Uno de ellos pregunta al recién incorporado:

-¿Cuánto?

-Tres mil, responde el interrogado.

– Ya tenemos para las entradas de la disco, los cubatas y el tabaco.

 

Los tres se alejan introduciéndose en el Arco de Santa María.

 


 

Necionalismos

 

Confieso que estoy saturado del tema catalán. Quizá por eso, y porque la elección de Torrá como candidato a la presidencia de la Generalitat, me pareció, en principio, un despropósito, después de leer algunos artículos escritos por este señor y las decenas de falsas noticias emitidas por las cloacas de la información, he llegado al convencimiento que la saturación sobre Catalunya, es una de las estrategias del nacionalismo español para imponer sus opresivas medidas.

Tuve la santa paciencia de, aun no estando de acuerdo con las ideas políticas de Quim Torra, leerme sus artículos en los que la mafia de la intoxicación periodística ha basado su propaganda para desacreditar al President de la Generalitat.

Dejo aquí los enlaces a los artículos por si alguien quiere hacerse una opinión propia y no fiarse ni de mi criterio, ni del de la Prensa Trol. En ElMón: el 19·DIC·12, “La llengua i les bèsties”. El 8·SEP·15 “El PSC i la cabra catalana”. En El Matí Digital el 2·ENE·2012: “Llanos de Luna o la «normalitat» de parlar en espanyol a Catalunya”. El 23·NOV·2009: “Quin deteriorament!”. En ElMón Edición Terrassa el 19·DIC·2012 “L’últim Nadal (sense papers de Salamanca) de Teresa Rovira”. En el Singular Digital (periódico ya extinto) el 13·NOV·2008: “Gabancho, Sostres i Joel Joan: l’orgull de ser català”. Se entienden bien, pero si alguno de ustedes tiene cierta «fobia » a leer en un idioma que no domina, el traductor de Google, les dará una versión con la que seguir la trama perfectamente.

He de decir que, una vez leídos, no puedo estar de acuerdo con la mayoría de las cosas que dice este hombre en ellos. Aunque ni mucho menos calificaría a Torrá de Supremacista o Xenófobo sino de catalanista convencido. Incluso en algunas cosas como llamar al PSC por su nombre, se ha acercado mucho a mi pensamiento. Aunque no me gusta Quim Torrá, no es por todas esas calificaciones que le han dado desde la mafia intoxicadora de la prensa del régimen, sino porque no me identifico con las ideas de la gente que se cree diferente a los demás por haber nacido en un lugar en vez de en otro. Igual que no me gusta Rajoy porque opina que los de su clase, tienen más derecho que nadie a ocupar cargos de responsabilidad en la política. Como tampoco me puedo fiar, por humanidad y coherencia del partido del señor Torrá cuyo líder, Puigdemont, establece que Israel es el referente de Catalunya.

Una persona que renuncia a 200.000 euros al año, por no trasladarse a vivir a Madrid, tiene claro unos principios morales, aunque no sean de nuestro agrado. Y Joaquim Torrá, parece que renunció a un alto puesto de responsabilidad en una compañía de seguros, que llevaba una asignación salarial de esa cantidad. No sabemos si por no venir a vivir a la capital del estado, o por no dejar Suiza, el lugar en el que residía entonces. Él contó en un libro titulado “Ganivetades suïsses. Viatge (d’anada i tornada) al cor del management i del capitalisme salvatge” (Navajazos suizos. Viaje (de ida y vuelta) al corazón del ‘management’ y del capitalismo salvaje) sus experiencias en la compañía y cómo ésta, después de dieciocho años, había prescindido de sus servicios. Las malas lenguas dicen que no fue así, pero conociendo cómo se comporta el hijoputismo liberal (del que, por cierto, el partido en el que milita Torrá es un máximo exponente) no me extrañaría que hubiera sido como él contaba en el libro.

Pero volviendo a la saturación del conflicto creado por el Gobierno español y sus partidos mariachis que sobreviven en un estatus de lujo y perversión en un régimen que desprotege a los trabajadores, que maltrata a las mujeres, que ignora a los ancianos y que encarcela a los disidentes, la situación de eterno conflicto sólo beneficia la estrategia del opresor. Más que nada porque es más grande y cuenta con más medios (los más eficaces la justicia y la prensa del régimen).

Los que estamos, como yo, a favor de una solución a este problema que no sea la de encarcelar políticos, crear malestar en la población y eternizar el conflicto, haciendo que cada día más personas estén a favor de la independencia incluso fuera de Catalunya, estamos más cercanos a las posiciones del pueblo catalán que a los de Tabarnia. Porque no nos creemos todas esas mentiras sobre adoctrinamiento. No podemos creérnoslas cunado es el propio Ministerio de Educación el que dictamina que Catalunya obtiene la mejor calificación en el ranking de selectividad en Lengua Castellana de todo el estado.

Tampoco podemos creernos todas las manipulaciones informativas sobre el supuesto golpe de estado. Lo único que podemos dar como certero es que en Europa, dónde se han tenido que exiliar algunos de los acusados, desde Bélgica a Alemania, pasando por Suiza y el Reino Unido, han rechazado las acusaciones de rebelión y, como en el caso de Bélgica, les han dado un monumental repaso a la judicatura española. ¿Cómo se puede solicitar una orden de extradición y sin embargo no haber orden de detención dentro del territorio nacional?

Tampoco podemos creer a un estado que se salta la ley a la torera y le quita los derechos civiles a personas que, aun estando en prisión preventiva, los conservan íntegramente. Como no podemos entender que se paralice el nombramiento de Consejeros, con la excusa de que están huidos o en prisión, con el único fin de seguir aplicando, yo diría que ilegalmente, el artículo 155 de la Constitución.

En este y en otros, como los chavales de Altsasu o el incumplimiento incesante de las sentencias a favor de los trabajadores de la multinacional de la cola, estamos convencidos del servilismo de la judicatura española hacia las decisiones políticas de un grupo en particular. Un grupo caracterizado por impedir sistemáticamente la condena del franquismo, que impide desenterrar a los muertos y que toma decisiones fascistas contra la población disidente. Desde el Consejo de Europa hasta la ONU han condenado la injerencia política en la judicatura española. ¿Cómo vamos a creer que en Cataluña ha habido un golpe de estado? ¿Cómo vamos a creer que en Cataluña hay un ambiente guerracivilista? Es evidente que cada uno cuenta la feria como le va. Pero si tienes la suerte de hablar con personas que viven en Catalunya (y una de ellas es guardia civil) te haces una idea concreta de cómo son las cosas. Porque ni los castellano-parlantes son asediados, apartados o agredidos, ni los catalanes son unos monstruos que solo buscan su beneficio. Gran parte de los partidarios de la independencia son hijos o nietos de inmigrantes. Pero gracias a las nefastas medidas tomadas por los partidos vividores del setentayochismo español, se han convencido que es mejor vivir fuera de un estado que los reprime. Aunque sepan perfectamente quiénes son los del PDECAT y lo que representan. Su único objetivo es poder vivir sin el miedo a ser detenidos y sin el miedo a ser apaleados.

Mi única duda, que cada día me ronda más, es que todo esto no sea un montaje, una pelea ficticia entre dos colegas, mientras un tercero (el hijoputismo liberal) nos roba la cartera a todos los espectadores. Si esto fuera así sería terrible, aunque nunca podríamos culpar a los catalanes de ello, sino a sus dirigentes.

Sólo espero de corazón, que mi intuición, sea completamente falsa.

 

Salud, república y más escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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