Guilles Muller es un jugador de tenis, nacido en Luxemburgo, para más señas. Del que ni ustedes ni yo, seguro, tenían noticias de su existencia. Hasta ayer, cuando nos metió el miedo en el cuerpo en Wimbledon.

Muller es zurdo, como Nadal. Quizás la única coincidencia entre ellos. Jugando en pista de tierra, el luxemburgués perdería cien de cien partidos ante nuestro compatriota. Tampoco le ganaría muchos sets. Pero es un especialista en hierba.

Y eso se notó en los dos primeros sets (3-6) (4-6), cuando a base de un juego más efectista que atractivo consiguió convertir a Rafa casi en un desaparecido sobre la pista. No había, por entonces, partido. Todo seguía un guion escrito por Muller. Simple pero que dejaba al balear en una situación muy complicada.

Si bueno es el saque de su rival, en este partido el brillante servicio que mostró le mantenía a Nadal con vida. Innumerables aces por ambos lados y con un juego que sin mejorar mucho ya iba decantándose del lado de nuestro tenista.

Hasta que el balear logró que se debiera llegar a la quinta manga, tras otros 6-3 y 6-4. Quedaba jugárselo todo a una carta. Muller, después de un evidente bajón, volvió a mejorar sus prestaciones. Ante un Rafa que seguía ganando con solvencia sus juegos sirviendo él. Sin que fuera para tirar cohetes, este último set fue el más igualado. El luxemburgués no estaba dispuesto a rendirse y complicó el partido a nuestro tenista. Tanto como hasta ponerse 0-30 a su favor con un 4-5. Y tras una doble falta, la segunda, de Nadal dispuso de dos bolas de partido.

Pero el balear es mucho balear. Continúa creciéndose ante las adversidades  y dio la vuelta al juego. Aunque la disputa seguía dura porque Guilles había vuelto al nivel del comienzo. Lo que se traducía en que esta quinta manga superaba la hora de disputa.

Muller, a sus 34 años, demostró tanta frialdad como resistencia. Y no estaba ante un cualquiera. En el décimo noveno juego, Rafa dispuso de cuatro bolas para romper el servicio del rival, pero no pudo aprovechar ninguna. Sobrepasadas ya las cuatro horas de partido.

Otras tantas bolas de partido llevaba el luxemburgués que en este último y extensísimo tramo mejoró sensiblemente su juego. Y al final  Muller se llevó la victoria tras casi cinco horas sobre la pista con un 13-15 que pocas veces se ve.

Después de una primera semana sensacional en Londres, no fue este el lunes  perfecto de Rafa. Y entre eso y que ante jugadores como el luxemburgués resulta difícil jugar, nuestro tenista tuerce una temporada hasta ahora brillante. Nadal tuvo un mal  día en la oficina y pierde un agónico partido ante  Muller en la hierba londinense.

 

 

 

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