De diez en diez, así va la temporada de Rafa Nadal en tierra batida. Hace una semana ganó su décimo torneo en Monte-Carlo, este domingo también el décimo en el Conde de Godó. Donde hasta la pista central lleva su nombre.

Fue una gran final, por lo menos en el primer set. Cuando al austriaco Dominic Thiem todavía tenía fuerzas para aguantar el altísimo ritmo impuesto desde el comienzo por el manacorí. Pero me quedo como imagen de este torneo con lo que ocurrió al finalizar el sábado la semifinal. El argentino Zeballos no quiso abandonar la pista sin antes hacerse un shelfie con nuestro tenista. Así de grande es Nadal.

Algunos dirán que era un triunfo previsible, pero que nadie se olvide que por el camino se quedó Murray, actual número uno de la ATP. Si el británico hubiera llegado a la final es más que probable que también hubiera caído derrotado. Porque el nivel que está mostrando Rafa le convierte en intratable.

Está tan habituado a ganar en tierra batida que no nos extrañaría que en su jardín en lugar de hierba tuviera este tipo de arena. Porque es difícil de entender el dominio que tiene sobre estas pistas. El número uno de la historia.

Dijo el propio Nadal que Thiem puede estar llamado a ser su sucesor. Será dentro de muchos años. Algunos le quisieron dar por acabado el pasado año, pero Rafa nunca se fue. Pasó, simplemente, una mala racha por las lesiones. Nadal, sigues ganando torneos, te queda un largo recorrido y ya empezamos a echarte de menos.

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