Todos conocemos la trayectoria de Shangay Lily pero quizás lo que no todos saben fue cómo “nació”, cómo llegó de ese país bautizado por él mismo como Uterolandia. Esta es una pequeña historia que dio paso a un gran personaje.

Madrid, 30 de octubre de 1993. Era sábado y hacía calor. Acababa de comer y estaba a punto de entrar en coma siestil cuando sonó el teléfono (el fijo, claro, en aquellos días todavía los usábamos) y al otro lado oigo su voz, esa voz entre estridente y melódica, que me llama contándome no sé qué de una fiesta…, que va a ser el domingo…,

– “¿Cómo? ¿mañana?, pero si es domingo

– Que sí, que necesitan un pincha, y que vas a ser tú… (lo de DJ vino después).  Yo voy a ir de drag queen,

– Será de travesti, ¿no?

A lo que Shangay me suelta:

– ¿Qué pasa, que no conoces a RuPaul? Es una drag queen que acaba de sacar un disco, es totalmente distinta, no va vestida de mujer, lo que hace es exaltar a la mujer (tal vez aquí estaba el germen de lo que vino después), ya verás, van a alucinar.

La conversación continuó y el que alucinaba era yo, porque mira que éramos modernos pero la idea era que teníamos que irnos al China Club, un garito que estaba en Huertas, para organizar una fiesta el domingo, donde nos esperaba Alfonso.

Yo no hacía más que decirle que quién coño iba a ir allí, que la gente estaría de resaca, que era domingo por la tarde, que era todo muy raro, en fin, me costaba entender el concepto, la verdad. El caso es que entonces me centré en la palabra “Drag” y ahí fue cuando me dejó estupefacto al decirme que iba a salir vestido desde casa.

– ¿De travesti? – le dije de nuevo

– ¡Qué coño de travesti, maricón, DE DRAG QUEEEEEEEEEEEEN!

Nosotros vivíamos en La Latina y me soltó que nos íbamos a ir andando hasta Huertas, ¡¡el domingo por la tarde!!

La primera imagen que me vino a la cabeza fue la de un matrimonio dando un paseo para tomar un helado, él con la radio pequeña escuchando el partido y ella enhebrada al brazo vestida de domingo mirando escaparates, nada más lejos de la realidad, por supuesto.

Así que con esta visión en la mente se presenta en mi casa diciéndome que necesita algo que le haga pecho y algo de forma, que cómo lo solucionamos. A lo que mi madre, que estaba viendo la tele pero con la oreja puesta, le dice que tiene una faja corsé color carne (de esas de “madre” que después lució Madonna en todo su esplendor), que le puede quedar bien, pero que tendremos que rellenar

– …sólo un poquito en el pecho, que yo lo tengo grande, de cuando tuve a mi Jose Antonio.

Hay que decir que mi madre tenía en aquella época una 110 (…). Pero el propio Shangay nos lo cuenta en su libro “Adiós, Chueca”:

“El nacimiento está lleno de anécdotas divertidas. Por ejemplo, el cuerpo que construimos con recortes de un cojín de gomaespuma estaba contenido por una faja y un sujetador de la madre de José Antonio, que se unió al equipo creador con enorme entusiasmo. Su sujetador relleno de dos bolas duras de corcho definió el retador busto de Shangay.”

Total, que llega el domingo y nos bajamos a casa de nuestros amigos Ángel y Justo con la faja corsé color carne a ver qué hacemos. Y lo hicimos. Shangay nació esa tarde de domingo, con la faja corsé color carne de mi madre, unas medias negras tupidas, un maillot negro de manga larga, unos tacones que no sé de donde coño salieron, una boa de plumas rojas que tenía yo guardada de algún disfraz del que no quiero acordarme y unas telas a modo de cola que Angel y Justo le colocaron.

“Y así nació Shangay Lily El nombre vino de la película de mi ídolo Marlene Dietrich Shanghai Express. Yo, al igual que el nombre del tea dance, cambiaría el nombre de la ciudad por un mordaz Shangay que sonaba a «San Gay, santa patrona de todos los maricones», como luego muchos me dirían.” (Shangay Lily, Adiós, Chueca)

Y así Shangay y yo nos tiramos a la calle un domingo por la tarde, recorriendo la calle Toledo hasta coger Duque de Alba hasta Tirso de Molina y desde allí la calle Magdalena hasta Antón Martín.

Sólo recuerdo de aquella tarde que eran las 5 y media, el calor que hacía era tremendo (recuerdo que pensé que “domingo / tarde / calor” era una ecuación perfecta que daba como resultado poco jaleo de gente). Íbamos por la calle cogidos del brazo y la gente nos saludaba, incluso algunos nos hicieron fotos, como si fuéramos la publicidad de un circo que acaba de llegar al pueblo y sus integrantes salen a pasear para publicitar su espectáculo. A la gente le causaba curiosidad, pero en ningún momento provocaba risa o era motivo de mofa. Era difícil no verla, 1,95 cm de Drag a las 5 de la tarde no pasa desapercibida. En palabras del propio Shangay:

“Nadie se animaba a insultarme, como era habitual en esos años ante cualquier figura que insinuase el ambiente homosexual, porque no sabían muy bien cómo categorizarme. ¿Era una travesti? ¿Era una alienígena? ¿Era un monstruo de camino a un rodaje de ciencia ficción? Aunque pronto empezaron a sentirse amenazados y a gritar improperios de lejos, el estupor era la norma.” (Shangay Lily, Adiós, Chueca)

He de decir que antes de salir le confesé mis temores, tenía cierto miedo a que la gente rechazara lo que estaba viendo y de alguna manera le hicieran sentir mal, pero Shangay me tranquilizó bromeando:

Oh, my God, soy la amante de Kennedy, soy americana, y adoro España. Soy una estrella.

Y vaya si lo fue.

Puede parecer una tontuna lo que acabo de contaros y en ese momento no tenía perspectiva para entender lo que iba a llegar a ser y a significar en una lucha en la que fue abanderada, pero ese fue el principio de algo que empezó a crecer y que llegó a ser lo que hoy conocemos. Una estrella que en estos momentos sigue iluminando una lucha que no cesa y cuyo brillo no es más que el comienzo de lo que estamos viendo.

Mi amigo, ese que se fue a Londres en 1990 y me trajo mi primer CD de Celine Dion, ese con el que cantaba canciones de Mariah Carey mientras comíamos su riquísimo arroz con curry, ese que siempre me abrazaba como si fuera un gran oso, ese que me cogía la cara entre las manos y me sonreía… pasó a ser una estrella que hoy descansa y al que echo de menos.

Pero Shangay no ha hecho más que empezar a brillar.

 

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