Qué gran ironía. Ni las mujeres forman parte de un edificio al que se le ven las costuras, ni deben pedir perdón por intentar conseguir la plena igualdad de género. Lo que pretende este título teñido de oxímoron es incitar el debate, atraer la indignación por sus palabras con aristas o incluso la aversión por la semántica descontrolada o poco certera. En todo caso, este libro es el tránsito natural del libro de las treinta mujeres fascinantes que tantas satisfacciones nos han dado. En este trabajo, treinta autoras nos regalan solidariamente treinta relatos emocionantes acompañados de treinta ilustraciones, en los que hay escondida alguna injusticia en forma de enigma o de declaración obvia que nos aleja del deber ser social. Nuestro reto: detectarlas. Nuestra obligación: tomar conciencia de ellas.

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