15 y 87. Nunca dos números han definido mejor lo que iba a ser un partido de tenis. Esos dígitos marcan la posición en el ranquin mundial de Garbiñe Muguruza y Magdalena Rybarikova respectivamente.

Para definir su enfrentamiento con una palabra nos sirve: paliza. Nuestra tenista fue inmensamente superior desde que saltó a la central de Wimbledon hasta que salió de ella. Con un 6-1 y 6-0 que no ofrece ninguna duda.

Muguruza  no dio la oportunidad de saber con qué cartas contaba la eslovaca. Porque con su tenis agresivo, sólido y, sobre todo, muy eficaz, domino todos y cada uno de los sesenta y seis minutos que duró esta semifinal.

Todo un lujo ver a la hispano-venezolana, quien nos asustó al verle una aparatoso vendaje en su pierna izquierda. Pero, a las pruebas me remito, ninguna dolencia grave tenía porque en caso contrario era imposible que jugara al nivel que nos mostró.

Una aplastante victoria que por momentos hasta fue humillante para Rybarikova. Y que permite a Garbine reservar fuerzas por doquier. Imagino que fuerzas gastó, pero no fue esa la imagen que se vio desde Londres.

Nadie sabe cuáles son sus límites pero nuestra tenista permite ver en ella un futuro más que prometedor. Veremos que ocurre el sábado. Muguruza se tomó la semifinal como un entrenamiento para su gran día en Wimbledon.

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