Los niños españoles le piden regalos a los Reyes Magos, los americanos a Santa Claus, en Suiza se los piden al niño Jesús y los franceses a Papa Noël. Algunos, como mis hijos, haciendo gala de su multiculturalidad mandan cartas a diestro y siniestro para ver si el Jesús suizo y el alemán no están coordinados con los Reyes Magos españoles y cuela el regalo doble, a veces creo que hasta le piden un anticipo de regalo al conejito de pascual. En general el CCR (Centro de Coordinación de Regalos), una institución muy vinculada a mi monedero, no suele caer en la trampa y coordina y dosifica los regalos con prudencia y moderación.

En épocas de campaña electoral se echa en falta una institución al estilo del CCR, para crear un inventario de los regalos que nos ofrecen nuestros políticos, cuando durante unas semanas, por arte de magia, son capaces de estar en tres platós de televisión a la vez, mientras saludan desde una plaza de toros y reparten besitos en las calles de mi pueblo.

En las últimas semanas de post-, pre- y semi-campaña hemos oído de todo, bajada de impuestos, subida de prestaciones, creación de millones de puestos de trabajo, lluvia para Almería y sol para Asturias. No cabe duda que los meses antes del cheque en blanco son de inesperado rendimiento imaginativo, pero cabría pensar que los votantes se pueden llegar sentir ofendidos. No nos ofende que no cumplan las promesas fantásticas, porque eso se da por hecho, nos insulta el que crean que queremos oír eso.

Con la que está cayendo los candidatos de los partidos, no solo los cabezas de lista, deberían de recorrer el país calladitos, escuchando y debatiendo con los que les pagan el sueldo. En estos días de modestia y fracaso deberían de hablar de la gran reforma constitucional que puede hacer que el sistema se actualice, adapte a las circunstancias y quizás vuelva a funcionar, aunque de otra forma. Ante todo deberían de olvidar a sus adversarios y dejar de contarnos quien es más corrupto, más bolivariano, más IBEX35 y peor patriota. No nos den más pistas, los culpables ya los definiremos nosotros, cada uno desde nuestra prespectiva. Todos sabemos que nadie va a ganar las las elecciones del 26 de junio, y eso es bueno, alguno tendrá más voto o escaños que otro, pero ganar no va a ganar nadie.

Los cuatro grandes partidos van a tener que gestionar juntos el país; 2 desde el gobierno, 1 otorgando y 1 desde una oposición leal y constructiva. Me importa poco cuál de ellos asuma que papel. Las cartas para los próximos años vienen dadas, las cajas están vacías, las reglas las dictan Europa y los mercados, la política internacional no da tregua y pinta fea y para colmo los ciudadanos están hastos, crispados y enfrentados tras 2 años de polémicas campañas continuas. En el mejor de los casos los resultados del 26J les impondrán a nuestros dirigentes una cura de humildad y forzarán a la segunda plana de políticos nacionales a dialogar para cerrar las brechas que las maquinarias de los partidos han ido abriendo en el intento de satisfacer las expectativas de sus cada vez más escasos hooligans. El 80% de los votantes no comulga con ninguna forma de fanatismo partidista y simplemente vota por descarte o sentido de la responsabilidad, pero las campañas siguen dirigidas al enfrentamiento y la discordia. Desde hace meses han desaparecido los debates políticos que puedan llegar un poco más allá de la suma de insultos y reproches. Espero que en los debates televisivos que consumiremos estas semanas, los periodistas estén a la altura y logren imponer a los guerreros de campaña un dialogo sobre propuestas concretas, que se debata sobre la posibilidad de conciliar ideas que en general no difieren tanto como nos quieren hacer creer. Ante todo espero que los cuatro grandes partidos se molesten en presentar propuestas concretas para cambiar las reglas del juego en esta previsiblemente corta legislatura que tenemos por delante. Ya el 20 de diciembre dejó claro que el modelo de cheque en blanco y bronca cada 4 años no tiene futuro.

¿Qué les impide a Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera dedicar un debate monotemático a la reforma constitucional, más allá de los eslóganes?

Es el momento adecuado para poner sobre la mesa cuestiones como la introducción de elementos de control democrático y participación ciudadana que permitan involucrar durante la legislatura a los votantes en el proceso legislativo. Solo en un sistema en el que los políticos sepan que los jefes podemos pasar revista en cualquier momento se sienten forzados a dialogar, explicar y templar sus propuestas. El fantasma de unas nuevas elecciones en noviembre debería de ser motivación suficiente para someter a debate desde ya las propuestas de reforma constitucional que cada partido crea oportunas, para poder compararlas y acercarlas en la medida de lo posible. Corremos el riesgo de perder otra oportunidad más. Aprovecho estas líneas para hacer algunas preguntas concretas a los 4 partidos que tendrán que gestionar el país y le ofrezco a cambio mi voto al que me conteste con claridad, si su respuesta me convence.

¿Apoyará su partido una reforma constitucional que incluya la posibilidad de solicitar mediante iniciativa popular la modificación, abolición o introducción de leyes y que estas se sometan a votación popular?

¿Apoyará su partido una reforma constitucional que incluya la posibilidad de recoger firmas contra una ley aprobada por el parlamento y que esta se someta a votación popular si se consigue el cuórum oportuno de firmas?

En definitiva ¿Quiere Usted que los ciudadanos podamos seguir involucrados, cómplices y responsables durante la legislatura, aportando propuestas y ejerciendo control, o considera que después del 26 de junio basta con que haga política Usted?

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