Estimadas lectoras, estimados lectores: No se equivocan sus ojos. Leen bien. En la España peninsular se atesoran activos para el viajero sin envidiar a los del Caribe. Motril, la urbe más poblada y extensa de la Costa Tropical, es el destino viajero de hoy. Tiene, como veremos buenas playas, ron excelente y un trópico en su privilegiado clima. Esta es la crónica que reivindica un lugar que no pasa desapercibido. Atrapa al viajero sin billete de vuelta, sin prisas. El que disfruta temporadas o echa raíces.

Situada en el extremo meridional del litoral granadino, Motril limita con la Axarquía malagueña, la Alpujarra y el Poniente almeriense. Al sur tiene un Mediterráneo entregado a su puerto, calas y playas que hacen soñar un pasado de historia, tenacidad y la aventura que termina bien. Penosamente, también desembarcan allí demasiados inmigrantes, con la mirada perdida, que ansían un futuro que África no les dará.

Motril añade a sus atributos su estratégica situación. Está frente a las islas y el Mar de Alborán, por donde navega el 38% del tráfico naval mundial. También, disfruta de óptimas comunicaciones con carreteras y autovías que la conectan con Almería, Granada y Málaga, capitales que tienen aeropuertos internacionales. Autobuses y trenes llegan con regularidad a éste ‘paraíso tropical’. Además, su puerto tiene líneas regulares de ferry con Melilla y Alhucemas (Marruecos), un galopante tráfico de mercancías, pesca más la escala de incontables cruceros, veleros y yates.

Llegar a Motril alerta los sentidos porque dosifica sus excelencias al sentir humano. Carece de hoteles-hormiguero donde se amontonan los turistas y de bloques donde antenas y cables molestan la vista. Sus poblaciones vecinas (Almuñécar, Salobreña, Nerja, Adra, Calahonda…) no obvian esos atractivos. Los paisajes de la zona trasmiten tranquilidad, paz. Las montañas que circundan a Motril reparten casas, apartamentos, hotelitos y urbanizaciones donde el bienestar tiene el aval de un clima en el que luce el sol más de 320 días al año. No constatamos en Motril la crudeza del frío invernal; las lluvias no son torrenciales como en Levante o Málaga. El clima es un tesoro. Es una inyección que resucita cualquier tristeza.

Disfruta de óptimas comunicaciones, con carreteras y autovías que conectan con Almería, Granada y Málaga, capitales con aeropuertos internacionales

Y esa bondad también contagia a cualquiera, por mucha sangre azul que se tenga. El Rey de Bélgica Balduino (1930-1993) y su esposa, la española Fabiola de Mora (1928-2014), eligieron esta capital granadina como segunda residencia. Balduino hasta murió en su paraíso de relax que ya congregó a belgas, centroeuropeos, británicos y escandinavos con inversiones, veraneos y vecindad vitalicia. La comunidad foránea, desde hace décadas, creció con inmigrantes latinos y africanos. Añade, ese cosmopolitismo, un maridaje armonioso con las gentes de bien local.

 

Historia de coraje

La idónea situación de Motril es la atalaya que otea su puerto de abrigo y playas. Está rodeado de montañas nevadas, fértiles valles y torrentes de agua cristalina. Nada de esto pasó de largo a los fenicios. Localizaron allí un punto en su red comercial mediterránea. Los romanos apostaron por atracar allí naves, siglos después, cuyo destino era la metrópolis. Hasta el puerto de Ostia llegaban, desde Motril, las excelencias de la Hispania apreciada en una Roma que lo fue todo (vino, aceite, garum, minerales..).

Iglesia Encarnación.

Pero fue el período musulmán cuando Motril fue la puerta costera del Reino de Granada. La gloria de Al Ándalus dejó allí cuatro mezquitas, baños, murallas y sublevaciones moriscas antes y después de conquistar los cristianos la ciudad. En 1492, al capitular Granada, acabó la etapa árabe. Los musulmanes implantaron acequias de riego, el cultivo de caña, técnicas pesqueras y una cultura que sacó lo mejor del intelecto, la tierra y el mar.

La estirpe de los Reyes Católicos cristianizó lo que pudo construyendo iglesias e implantó nuevas formas sociales. Motril comenzó a diseminarse por su extensa llanura que coronan las montañas. Creó un microcosmos por su deficiente comunicación Alpujarra arriba, de un lado. De otro, gracias a los obstáculos de la montaña del litoral para trazar vías. El coraje popular rechazó la ocupación francesa en 1808. Se instauró una efímera República que duró tres días (Cantón Independiente) en 1873. Aquel ‘golpe’ antimonárquico fue reivindicarse ante la incomunicación que siempre tuvo Motril con el poder de Madrid. Reclamaba un pueblo harto del ninguneo con activos poblacionales y de corajudos vecinos.

La ‘República de Motril’ generó en sus líderes Ruperto Vidaurrieta y Francisco Trujillo una empatía compartida que se basaba en la tenacidad que supera cualquier adversidad. Los motrileños se reinventan, como veremos, desde la caña de azúcar a los cultivos tropicales. Le sacan partido a la naturaleza sin vulnerar las esencias del emprendimiento.

En 1908, pocos años después de tan curiosa ‘asonada’ contra el Madrid que ignoró siempre a Andalucía, el puerto de Motril se renueva para el atraque de buques de más tonelaje y esloras. Se mejoraron, también, las comunicaciones por carretera con su provincia (Granada) y las limítrofes (Málaga y Almería). El Motril del siglo XX no se queda ahí.

Hoy refleja el crisol de sus pobladores. La política municipal del posfranquismo alternó en la alcaldía al bipartidismo (PP y PSOE) aunque en ocasiones tuvieron que precisar apoyos de grupos independientes más los ya extintos andalucistas y de otras formaciones de izquierda.

 

Oro dulce

La quintaesencia de Motril se liga a la caña de azúcar. Su cultivo está datado desde el siglo X; se finiquitó prácticamente con el siglo XX. La excepción está en las producciones familiares que abastecen el hogar. Parte de la prosperidad motrileña está basada en los productos que genera la caña de azúcar cuando fue rentable su cultivo. La zafra y los ingenios se repartieron por la comarca dejando huella en un recomendable Museo temático y otro reconvertido en sala de exposiciones (Fábrica del Pilar).

Museo Preindustrial Azúcar.

La historia deja, al santoral y vírgenes, identificar las antiguas fábricas de azúcar (Nuestra Señora del Pilar, Almudena, Angustias, de la Cabeza, Lourdes y San José, Luis y Fernando). El dulce recuerdo de una industria que lo dio todo a la economía local no pereció. Si el precio del cambiante mercado no hizo rentable las plantaciones, ahora la prosperidad lo suplen tenaces agricultores con cultivos de especies tropicales (chirimoya, aguacate, mango, plátano). Ellos hacen que Motril regrese al podio del emprendimiento ante retos en los que la madre tierra guarda respuestas. Lo tropical no es un apodo en cuanto a frutas sabrosos

La caña de azúcar dejó una huella en Motril que es una marca palpitante. Su mejor jugo se sigue destilando en Motril. Como su nutritiva miel se sigue envasando en Frigiliana (Málaga). Ron Pálido es un orgullo, un tesoro según los expertos. El tesón de Francisco Montero (1929-2012), hijo del Alcalde, catador y sabio de la caña azucarera, en 1963 creó en Motril un destilado que hoy disfrutan en los cinco continentes. Basado en el sistema de soleras, el ron de Montero envejece en barricas de roble y se elabora con tiempo, sin esencias ni secretos. Esta es la fórmula del mago.

Quien suscribe constató su oficio hace lustros. Una inolvidable mañana de charla, tras atravesar cañaverales, admirar el histórico alambique y degustar del enigmático sabio el mejor Ron confirmó que el ‘Pálido’ no envidia al mejor Ron caribeño, donde se destilan y envejecen los mejores. La fábrica del ‘Montero’, como cariñosamente llaman al Ron Pálido, puede visitarse. Hay tour que explican los procesos de elaboración y es gratis. Es una experiencia recomendable donde se mezcla sólo el paladar con el destilado. Las emociones y sensaciones de sentir el Ron sin salir de la península ibérica. Para hacer Justicia al buen Ron español, debe aclararse que se destila otro Ron, El Mondero, en Salobreña y qué decir de los que se destilan en las Islas Canarias. Pero el Pálido es el Pálido.

Fábrica Ron Montero.

 

Visitas recomendables

Nuestro destino tiene más joyas que admirar. Recorrer sus calles es confirmar el relax que conoce el lugareño. La pausa del refrigerio, café o buen yantar es obligada, pero se hacen imprescindibles algunas visitas. El Museo de Motril y su historia tienen en la antigua Casa Garcés sede. Muy interesante las etapas por las que recorre el Motril de ayer hasta el de hoy. Junto al Mercado Municipal es sugerente visitar el Museo del pintor granadino José Hernández Quero, que también acoge exposiciones temporales de otros artistas.

El monumental e impresionante Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza se erige sobre un castillo árabe que alojó a la madre de Boabdil, el que lloró ‘como mujer lo que no supo defender como hombre’, refiriéndonos a la entrega de Granada a los cristianos. Pero, cuidado, esto es ahora ‘incorrecto’, es decir, sexista, machista, etc…. La historia literal, tal cual, no vale. Sigamos el recorrido motrileño.

La Iglesia de los ‘Capuchinos’ (Divina Pastora), de la Encarnación, de la Victoria, de las Nazarenas y ermitas de Nuestra Señora de las Angustias, San Nicolás, Antonio de Padua y Señor de Junes atesoran arte, historia y muchas leyendas religiosas, milagros bajo la devoción católica que olvidó las raíces musulmanas de Motril. Lo bautizaron ‘lugar de Mirtos’ (Murtetu) sus primeros pobladores hasta llegar a la actual denominación: Motril.

Playa Poniente.

El Mercado municipal exige visita. El viajero más inteligente suele escurrirse, silente y observador, entre puestos desgranando la idiosincrasia local a través de los frutos de mar y la tierra, que en Motril son excelentes. El Ayuntamiento, el teatro Calderón de la Barca y la Casa de la Condesa de Torre-Isabel son visitas culturales que corresponde cuando hay obras o exposiciones. Los plenos municipales tampoco son aburridos, cosa de ir. La Casa de los Bates, con sus aconsejables jardines y el Candelón, antiguo acueducto del siglo XVIII, merecen la vista y los sentidos.

Motril aconseja ajustas el calendario del viajero a sus citas más notables y relevantes. El carnaval local coincide con el puente del 28F, Día de Andalucía. Su sentida Semana Santa, las fiestas primaverales de Las Cruces y las que honran a San Isidro Labrador valen la pena. A principios y mediados de Julio se honra a la Virgen de los Llanos (Carchuna) y del Carmen, como en tantos pueblos pesqueros españoles. El verano honra con fiestas y devoción a más iconos: La patrona, Nª Sª Cabeza, Santa Adela y San Joaquín. La Taramela, un burro que transporta caña de azúcar que impulsa Ron Montero, es un pasacalle digno de ser vivido en primera persona. Todo no va a ser beber y beber. Por último, en los barrios de las Angustias y Capuchinos -en Octubre- hay fiestas que comparten gozos populares.

Playas distintas

El litoral motrileño es absolutamente recomendable visitarlo en cualquier época del año. Casi nunca precisaremos chubasquero para que resbale la lluvia. La bondad climática de la que escribíamos se concentra en unas playas donde el sol alegra cualquier pena vital. No esperemos la arena blanca y fina de Maspalomas, Coto Doñana o El Saler. Los casi 2500 metros de la Playa de Poniente reparten carril bici, chiringuitos, jóvenes disfrutando de su edad y puestas de sol inolvidables. El paseo se rebautizó honrando a Balduino, habitual en vida de la zona y de ‘Playa Granada’ donde vivía en ‘Villa Astrida’. Las neblinas y pertinaces lloviznas de Bruselas y Laeken no invitan a otra cosa. Hoy Playa Granada concentra el lujo que está cerca de los tronos.

La nudista Playa de la Joya no emula su homóloga californiana, No hay tanto surfero pero sí un ambiente ‘cool’. Entre el faro de Sacratif y el Farillo se extiende la Playa de Carchuna, donde sí hay surferos y aficionados a la modalidad kite, depende del viento. Sus 4 kms dan para todo entre urbanizaciones, un hotel y un camping vigilados por un antiguo castillo morisco que defendía el litoral de atraques berberiscos.

Más grava, en vez de arena, encontramos en la Playa de Calahonda. A 13 kms del casco urbano de Motril los buzos, bañistas y desencantados de centros de bronceado artificial encuentran aquí mucho que hacer porque además su oferta hotelera, residencial y de gastronomía ex excelsa. Es una de las playas que cuenta con bandera azul y distintivo ‘Q’ que asocia la calidad y activos dotacionales que encontramos en estas playas de ensueño.

El denominado ‘turismo activo’ nos lleva por los mejores senderos de Motril y alrededores, deportes náuticos, el buceo sobre fondos inigualables, jugar al Golf en Club Los Moriscos, pasear en helicóptero la costa y excelsa panorámica de montaña y naturaleza plena de los alrededores de Motril o volar, osadamente, en parapente son propuestas que jamás debe descartar el viajero más atrevido.

Playa Granada.

 

Mesa y fonda

La gastronomía motrileña es de nota, supera cualquier expectativa del mejor gourmet. Marida huerta, fruta, carne y pescado. Damos pistas: pulpo seco, quisquillas (variedad de gambas de pequeño tamaño), guisos de choto, espetos de sardinas, migas, ‘espichás’ (frito de ajo y boquerón seco con huevos), puchero pascual (garbanzos, patatas, perejil y bacalao). El fruterío patrio de Motril hace que el aguacate, mango, chirimoya, plátano haga tropical la experiencia granadino-andaluza de Motril. Varios restaurantes y bares compiten por crear recetas con tanta sabrosura que, repetimos, nada envidia lo producido en América o el mismísimo Caribe.

Vayamos al bebercio. Ron Pálido, el reserva o el que honra a Francisco Montero es polivalente. De aperitivo, con jugo de limón o en buena compañía tras la francachela de la buena mesa. La cerveza artesana Vega, elaborada con caña de azúcar, sirve para acompañar platos, es aperitivo excelente o alegra cualquier momento.

Quisquilla Motril.

Qué decir de los postres. La Torta Real, con secreto de fórmula que trasciende siglos y San Marcos son delicias imperativas para el paladar más goloso. La leche rizada, famosa por doquier en Motril. Es inevitable probarla, disfrutarla y repetir pedido. Es un helado que sólo la familia Perandrés sabe descifrar. Desayunar churros con chocolate o café cerca del Mercado es otra experiencia sensorial que excita el alma. Recuérdenlo.

Cuando hemos disfrutado del todo Motril, degustado sus riquezas para alojarse hay oferta para todos los bolsillos. En Playa Poniente, el Hotel Elba y Playa Granada, Club Resort, son dos excelentes 4* que encontramos. En Carchuna La Perla es un 3* que está bien. En Calahonda, Torrenueva y Motril los hay de inferior rango más hostales y tres campings que se reparten entre Playa Poniente, Granada y Carchuna. Además, los últimos años proliferaron apartamentos privados y mediante central de reservas y hoteles rurales próximos a Motril que redondean las propuestas para descansar y dormitar un viaje tan denso como el que hicimos a Motril.

¡Apúntense!

Francisco Montero.

 

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