“Money Monster”, el retorno de Jodie Foster

La película, dirigida por Jodie Foster, llegará en julio a los cines españoles

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La recordamos, apenas una chiquilla, en “Bugsy Malone”, de Alan Parker, una película de gánsteres y mafiosos protagonizada por niños. Su papel como una prostituta adolescente, de cuyo infierno la liberaba Robert de Niro, se convirtió en una de las piezas fundamentales de “Taxi  Driver”, que acaba de cumplir 40 años de su realización. Más adelante, Jodie Foster, una de las más cotizadas e inteligentes actrices norteamericanas, obtuvo el Óscar primero por “Acusados” y luego por “El silencio de los inocentes”, en la cual lució magistral y aportó al filme su carácter de clásico.

Pero Jodie también tenía entre sus planes, desde hace unos años, convertirse en directora, ponerse detrás de la cámara y preparar puestas en escena que, discutibles o no, llamativas o imperfectas, confirmaban su larga y sólida relación con el arte de las imágenes animadas. Desde esa posición, la de cineasta, al menos se consideran dos cintas, “Mentes que brillan” y “El castor”, siendo la primera la más lograda.

Ahora Foster vuelve a la dirección con dos “stars” muy populares, Julia Roberts y George Clooney. El asunto que trata “Money Monster” es, básicamente, el de la corrupción que produce el dinero, provocando que unos cuantos amasen fortunas sin importarles cuánto daño hacen con su delincuencial comportamiento. Y estamos hablando de empresarios, financistas, mediadores o ejecutivos de Wall Street. Clooney encarna a Lee Gates, quien dirige un programa de televisión  en el cual anuncia lo que ofrece la bolsa de valores y “aconseja” a sus seguidores a hacer o rechazar inversiones. En pleno programa en vivo, ingresa al set un hombre armado, dispuesto a todo, a matar y a morir, porque ha sido una víctima, como tantos, de los actos ilícitos a los que aludimos.

La tensión, entonces, se concentra en ese set que es reproducido en televisores, computadoras y seguido “en tiempo real” por neoyorquinos en bares, cafés y calles. Ante la gravedad del asunto, Julia Roberts, como siempre muy profesional, intenta que el incidente no derive en tragedia y es cuando se ponen en marcha los mecanismos que, hoy en día, han convertido a la televisión en el omnipresente portavoz de verdades y mentiras. La policía de Nueva York prepara ya una negociación y un rescate y esto debería aumentar, aún más, la tensión que se deja sentir en el escenario.

Sin embargo, “Money Monster”, que tiene sus indudables referentes en “Tarde de perros” y “Network”, ambas del maestro Sidney Lumet, no logra el objetivo solamente de producir más intensidad sino que se va desarmando hacia la media hora final de proyección, cuando ya se han mostrado -o disuelto- los deberes o límites éticos y morales. Como esto ocurre, Jodie Foster se queda en la idea de graficar cómo intereses globales se valen de poblaciones enteras para vulnerar sus derechos y el gran capital ajusta sus tenazas a partir de turbios negocios. En ese sentido, Jodie Foster hace una crítica a un sistema injusto que hace mucho ha demostrado su ineficiencia, pero al mismo tiempo no pone el énfasis necesario en la cuestión moral, precisamente aquella que caracterizó a Lumet, además, en otras grandes películas como “Doce hombres en pugna”, “Serpico” o “Príncipe de la ciudad”.

Entonces, “Money Monster” se convierte en reflejo, a veces fiel, de la forma cómo se maneja el mundo y cómo la tecnología cumple un rol perverso. Julia Roberts, desde la sala de control de la emisora de TV, se vale de uno y mil artilugios, ordenando buscar documentos a sus empleados, decidir qué puede lanzar en pantalla o hablándole a Clooney para relajarlo. Obviamente, son impactantes todas estas escenas que alternan la transmisión, con hábiles golpes de efecto, producto de una edición más bien acelerada. A pesar que “Money Monster” no es, ni pretende serlo, una “fábula moral”,  hay un material suficiente que muy bien la podrían llevar en esa línea. Mejor es considerar esta nueva cinta de Jodie Foster, lograda a medias, como un intento por tomar conciencia y desvelar asuntos que ya la prensa y la propia TV a diario propalan. Así, el resultado imperfecto y desigual, no desmerece, sin embargo esta crónica, a ratos muy urgida, sobre la sociedad poscapitalista y posmoderna y sus corruptos seudolíderes y sus víctimas.

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