Mirta Drago: el compromiso social con los refugiados desde la Comunicación

“Un refugiado es solo una persona que temporalmente está sufriendo, y si se lo asiste, será alguien eternamente agradecido y comprometido con su sociedad de acogida”

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Es la mano derecha de Paolo Vasile y sabe de periodismo, comunicación y televisión tanto que podría escribir más de un buen libro. Sin embargo, su mirada siempre en rojo -como el piloto de una cámara encendida-, había callado una historia familiar que la hace más admirable y que explica su obsesión por las causas sociales. En los años 70, tras el golpe de estado de Pinochet, ella junto a su familia, cambiaron una vida estable en Chile por una como refugiados.

Un pasado, que como una caja de pandora se ha abierto a raíz del documental en el que acaba de participar: La niña bonita (producido por 12 Meses y el Comité Español de ACNUR) #LaNiñaBonitaDocumental  sobre la situación de los refugiados sirios y que lejos de cerrarse la ha liberado de sensaciones guardadas en su alma. “Es un proyecto precioso que quiere dar voz a los refugiados, en el que he tenido la suerte de que mi hija Julieta Cherep sea su realizadora, y que me ha puesto frente a Hala, una joven siria que ha huido de Siria buscando una vida mejor”, cuenta.


 

¿La desesperación de un refugiado es siempre la misma?

Una parte de la desesperación es idéntica, porque la incertidumbre y el miedo son universales. Durante la estancia en el campo de refugiados de Grecia pude identificar un sentimiento que había quedado oculto dentro de mí, la desazón que sientes cuando todo lo que eras ha quedado atrás, ya no existe, y sin embargo no sabes nada de lo que serás en el futuro. Pero mi caso fue una pequeña tragedia, si se compara con la situación actual de refugiados sirios y de otras nacionalidades en todo el mundo. Después del golpe de estado contra Salvador Allende yo volví a mi país de origen, Argentina, con la misma lengua y el apoyo incondicional de la familia, que nos recibió con los brazos abiertos.

 

En ese viaje (a veces a ninguna parte) ¿se llevan siempre las mujeres y las niñas la peor parte?

Seguro que sí, a las calamidades que debe superar un refugiado se suman, casi siempre, las agresiones sexuales características de periodos de guerra o violencia. La protagonista de “La niña bonita” y sus amigas, recibieron en el campo de refugiados una charla especial sobre seguridad en este sentido, justo mientras estábamos allí se les explicó cómo reaccionar y a quién acudir si se veían acosadas sexualmente.

 

El refugiado es estigmatizado desde la sociedad que vive cómoda y ajena a su triste realidad. Nadie le mira a los ojos. ¿Qué reflejan los ojos de Hala?

Hala ha crecido y sigue madurando a una velocidad inusual para un joven en nuestras sociedades. Sus ojos reflejan miedo al futuro, estado de alerta, pero también una valentía y una decisión imparables. Con el inglés que aprendió en el colegio, y fue perfeccionando después en los dos campos en los que estuvo refugiada, ha sido el vínculo de su madre y sus hermanos fuera de la familia. Lo dice en el documental, continuar con su educación interrumpida por más de un año por la guerra, era su principal preocupación.

 

¿Cómo es estar en tierra de nadie cuando nadie te quiere?

No puedo hablar por mi experiencia personal, porque desde Chile volví a mi país de origen y de Argentina llegué tres años después a una España que me recibió como a una igual. Pero Hala habla árabe, usa vestimenta musulmana, sus costumbres de vida son diferentes en algunos aspectos, como el tipo de comida que consume. Hala vivió perfectamente insertada en su sociedad hasta que estalló la guerra en Siria, siente que la miran con desprecio en Europa y no consigue entenderlo. En este punto, diría que no es nada diferente de lo que puede sentir cualquier persona con alguna singularidad, diferente orientación sexual, diferente región del país, lengua, ideología política, religión. Me atrevo a afirmar que cada uno de nosotros es diferente en algo en la vida, y haríamos todos muy bien en bucear en nuestras propias diferencias para ser capaces de ponernos en el lugar de quienes lo han perdido todo por la violencia o la guerra.

 

¿Exponerte a una cámara y contar tu pasado más allá de las paredes de tu casa ha sido un ejercicio sanador o doloroso?

Sobre todo sanador, ha sido inevitable echar la vista atrás y valorar la maravillosa vida que he podido construir en España. Tantos años después, la angustia y la tristeza de los momentos de desazón han resultado al menos útiles para otros, o al menos así lo espero. Es la idea de partida de “La niña bonita”, hacer ver a los europeos que un refugiado es solo una persona que temporalmente está sufriendo, que si se lo asiste, salvo casos excepcionales, será el día de mañana alguien eternamente agradecido y comprometido con su sociedad de acogida.

 

¿Qué crees ha aprendido tu hija de ti con este cortometraje? ¿Y tú de ella?

Julieta buscó y encontró material documental sobre nuestra salida forzosa de Chile, todo un proceso que me ayudó a descubrir las emociones que quedaron ocultas detrás de las anécdotas familiares. Fue una cálida compañía en el reencuentro con el miedo, la tristeza, hasta la furia por haberlo perdido todo y no poder protestar ante nadie. Sin duda ella aprendió mucho sobre su historia familiar, sobre el modo en el que su madre se sobrepuso a las dificultades. Y yo, que llevo una vida dedicada a la comunicación, al cine, al periodismo, y en especial a la televisión, lo aprendí todo sobre la actual creación de contenidos audiovisuales. Fue impresionante ver como Julieta, Maxi, Raúl, Látigo, Tomio, Quirós y el resto del generoso equipo que trabajó ad honorem para esta producción destinada al Comité Español de ACNUR desplegaban su sabiduría para conseguir un objetivo de comunicación solidario.

 

¿Has llorado durante la grabación?

Un poco, desde luego más que cuando me vi forzada de joven a dejar mi vida en suspenso. Mis padres nos inculcaron una dureza extrema, creyendo que así podríamos superar mejor las dificultades, por eso agradezco que hayan llegado las lágrimas, aunque haya sido por sorpresa, tantos años después y de la mano de mi hija.

 

¿El reencuentro en Madrid para la presentación del documental con Hala cómo fue?

Conmovedor, en el documental se ve cómo Hala de manera espontánea me dice: “ahora eres mi madre”. Le dije que no su madre, porque la que tiene es extraordinaria e insustituible, pero que si seré para siempre su madrina. Tanto Julieta como yo estamos en contacto con la familia Alaji, nos escribimos por wasap, nos enviamos fotos del día a día, inshala (ojalá en árabe) pueda acompañar a Hala en sus estudios y su vida profesional, transmitirle algo de mi experiencia vital y profesional.

 

Es brutal que cada 27 minutos (lo que dura el documental) 649 personas habrán tenido que huir de sus países.

Es brutal que en este momento haya más de 65 millones de refugiados en todo el mundo, más todavía que toda la población de España y Portugal juntos, de los que casi 50 reciben asistencia y protección de ACNUR. Y los que parten por la guerra suponen la cara más visible de esta tragedia mundial, pero entre esos millones también se cuentan personas que han huido por discriminación política, de orientación sexual o religiosa, en definitiva por la intolerancia.

 

Dejan sin palabras tus palabras: “en el corazón del valiente no hay fronteras”.

Son palabras puestas por el equipo con el que creamos y producimos 12 meses, el proyecto de comunicación social de Mediaset España que depende de mí como directora de Comunicación. Ellas tuvieron la idea de vincular la campaña contra el acoso escolar, que busca convertir en valientes a los que miran para otro lado cuando se producen agresiones. El rap creado por 12 meses con El langui ha tenido ya más de 10 millones de visualizaciones, y de mi equipo surgió la idea de llegar al corazón de toda esa gente con una llamada de atención sobre los refugiados. Al final, una cuarta parte de los casos de acoso tienen que ver con la discriminación, también por ideas políticas, religiosas o por orientación sexual. Nuestro rap dice que “la fuerza del valiente está en el corazón”.

 

¿Qué le dirías a quien no tiene ni idea de lo que supone irse de su casa con una mano adelante y otra atrás en busca de un futuro?

Que busque un momento tranquilo, a solas, y haga el ejercicio de imaginarse obligado a dejar todo lo que hoy forma su vida: una casa a la que probablemente no podrá volver más, los muebles, los recuerdos, la ropa, los vecinos, los amigos, su escuela o la de sus hijos. Y que a eso le añada en su imaginación el miedo a perder la vida o a no poder volver a reunirse nunca con los suyos.

 

¿Y al Gobierno de España que ha traído una cifra irrisoria de refugiados pese a su compromiso de acoger a más?

En España bastaría con cumplir los convenios internacionales a los que ya está adherido nuestro país. Alemania, que ha acogido casi un millón de refugiados en los últimos años, ha podido comprobar como las ayudas que reciben se han traducido en crecimiento para su economía.

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