Cuando aquel 20 de junio de 2013 Miguel Blesa salía de la prisión madrileña de Soto del Real tras pasar 15 días a la sombra tenía claro dos cosas: que nunca más pisaría una cárcel y que tampoco se arrepentía de “nada” de lo que había hecho durante su larga, fructífera en lo personal y meteórica carrera profesional. Ser amigo íntimo del ex presidente del Gobierno José María Aznar es lo que tiene, que un día estás gestionando desde lo más alto una caja de ahorros como si de un banquero tradicional se tratara sin serlo y poco después estás entre rejas porque un juez kamikaze –creyendo que no tenía nada que perder sin saber que sí lo perdería–, Elpidio José Silva, decide enviarte a prisión incondicional por la al menos irregular y nefasta gestión en la compra del City National Bank de Florida.

Este jueves por la mañana, la autopsia practicada al cadáver del hombre que le gustaba cazar a rececho ha confirmado el suicidio como causa de la muerte de Miguel Blesa de la Parra, nacido en la localidad jiennense de Linares en 1947, donde será enterrado este viernes. Este próximo 8 de agosto habría cumplido 70 años. Un disparo de rifle apuntando directo al corazón ha acabado con su vida después de que la justicia lo hubiera condenado recientemente por apropiación indebida en el caso de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid a seis años de prisión en una condena que aún no es firme y que se encontraba a la espera de cumplir tras recurrirla al Supremo. También le aguardaban otras causas penales pendientes relacionadas con diversos delitos de corrupción.

El primer financiero que durmió entre rejas desde el inicio de la crisis económica también es ya desde ahora también el símbolo metafórico de toda una época de despendole, desmadre, corrupción y abusos desde la oligarquía dominante.

Los forenses que han practicado la autopsia al cadáver en Córdoba han certificado que presenta un único orificio de entrada de proyectil en el lado izquierdo del pecho. También certifican los profesionales médicos que no existen evidencias de lucha o defensa y la posición de la herida apunta a un disparo intencionado. “Autolesión por arma de fuego”. Así lo ha calificado oficialmente el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) a través de un comunicado. Caso cerrado.

Pese al carácter “chulo, arrogante y alejado de la realidad” con que lo ha definido Gonzalo Boye, abogado del ex juez Elpidio Silva, Miguel Blesa no atravesaba sus mejores momentos emocionales –algunos amigos cercanos incluso se aventuraban a decir que sufría un episodio depresivo– y la llegada precipitada y sin equipaje a la finca de Villanueva del Rey, en Córdoba, que eligió para pasar sus últimas horas con vida así lo certifican. Y eso que cuando salió de Soto del Real en 2013, además de no arrepentirse de nada de lo que había hecho en su meteórica carrera profesional, dijo que todo se había debido a la actuación de un juez parcial.

Blesa tocó el cielo con 49 años. Era 1996, su amigo íntimo José María Aznar era el nuevo presidente del Gobierno de España y una varita mágica lo hizo presidente de una caja de ahorros como Caja Madrid sin tener conocimientos de banca. Porque Blesa es licenciado en Derecho por la Universidad de Granada e Inspector Financiero y Tributario del Estado, disciplina para la que sacó la oposición junto con su amigo Aznar.

Desde entonces ya todo le fue rodado. Cuando en 2010 abandonó Caja Madrid, tras el empeño de Esperanza Aguirre y pese al firme apoyo con que contó por parte de Alberto Ruiz-Gallardón al ser reelegido en dos ocasiones como presidente, la entidad de ahorros era ya una caja zombi lastrada por una gestión ruinosa y desnortada, cimentada en créditos alocados al ladrillo y al amiguismo más entregado, sin admitir criterios profesionales solventes que la alejaran del agujero negro al que iba dirigida sin remisión.

Este viernes, el cuerpo de Miguel Blesa vuelve a la tierra que lo vio nacer hace 69 años para recibir sepultura en compañía de sus seres queridos, con un certero disparo de rifle en el pecho, una condena a prisión por apropiación indebida y dejando una herencia incuantificable a sus familiares, que asumen la responsabilidad civil de sus varios temas pendientes con la justicia.

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