En la izquierda se encuentran en el debate entre socialistas y socialdemócratas. Estar o no en la Tercera Vía de Blair. En nuestra pobre España ser de esencia republicana pero actuando con el fervor monárquico de la Transición. De aquellas contradicciones a estos desconciertos. Se hace necesaria esa distinción. Ser socialista no necesariamente supone ser socialdemócrata. Tal como están las cosas, hay que diferenciarlos finalmente. Las marchas y contramarchas del Gobierno de Pedro Sánchez confirman esta hipótesis. En este mundo hipercomunicado, en especial para los nuevos votantes, estas contradicciones se amplifican aunque los medios cómplices sean fieles a las servidumbres.

Por su parte, los comunistas siempre se hallan en conflictos de identidad. Tal vez desde la aparición del eurocomunismo dejaron de ser extremo, me atrevo a plantearlo como otra confusa manera de intentar sobrevivir en la Europa de los bloques de la Guerra Fría. En España, por su parte, permitieron su legalización a cambio de la aceptación del statu quo. Este desorden se mantuvo así, mientras se aceptaban las servidumbres y se proseguía con el plan del postfranquismo.

Esto se mantuvo así hasta la eclosión del 15M. Por ello, estas contradicciones las evidenció la propuesta de Podemos. Con más o menos matices. Con más o menos corrientes anti sistema, nadie duda que este movimiento sería la instrumentalización del 15M. Lo que muchos le reclamaron a aquella experiencia. Su cabeza visible, Pablo Iglesias sigue manteniendo esa posición. Su equipo pensante ha sido brillante en la concepción política. Todos supieron interpretar los sentimientos a pie de calle. Pero, la evolución de la historia reciente ha llevado a esa opción política, siempre dinámica en su debate interno, a regenerarse en medio del pragmatismo político. La idea de “movimiento” desconcierta a quién espera comportamientos monolíticos de la idea de “partido”.

En clave europea las perspectivas son dramáticas. Con los partidos xenófobos y ultraderechistas en plena expansión y con participación en los gobiernos de la Europa Central, los resquicios para las consideraciones superficiales han quedado superados. Excepto, claro, que con la anuencia de las más altas instancias del Estado se vea con buenos ojos la aparición de un vigoroso movimiento franquista. Que los ciudadanos tomen nota. La historia de España para algunos es una oprobiosa mentira, indicador de ello podría ser la prolongación de los secretos oficiales más allá de esta década. Lo acuerdan los partidos prisioneros de las servidumbres de la Transición

También la elusión vergonzosa de la responsabilidad de miembros de la Casa Real en las diversas transgresiones cometidas, desnuda un sistema político que parece albergar la impunidad, el enriquecimiento ilícito o la manipulación del sistema de justicia. Una monarquía diseñada por Franco y apoyada por los centros de poder está terminando por autoinflingirse daños que pueden ser irreparables para su existencia. Como la desafortunada intervención del monarca en la cuestión catalana. A un antepasado de este monarca, Luis XVI, le atribuyen estas palabras: cuando se conoció en Versalles la toma de la Bastilla aquel borbón preguntó: “¿Es un motín?”, y el duque de La Rochefoucauld-Liancourt le respondió: “¡No, Majestad, es una revolución”

Paradójicamente, la Iglesia Católica se halla sometida a otras profundas contradicciones que pueden minar aún más su credibilidad. La menciono en razón de ser, tanto como sus organizaciones ultracatólicas, uno de los sostenes de esta monarquía que soportamos. Ambas disfrutaron de los beneficios del Régimen. La Ley de Secretos oficiales de España es la única ley franquista que, a diferencia de otros Estados, no contempla la desclasificación automática por el paso del tiempo. La opacidad sigue prevaleciendo.

En el Diario.es, Javier Pérez Royo nos ilumina:

“Sin un referéndum sobre la Monarquía no es posible salir de la situación a la que hemos llegado. Una democracia no puede operar con ambigüedades sobre el principio de legitimidad en el que descansa su sistema político. Las dudas tienen que ser despejadas y solamente hay una forma de hacerlo. Argumentar que, puesto que la Constitución de 1978 fue sometida a referéndum y en ella figuraba la Monarquía definida como parlamentaria, la Monarquía ya se ha sometido a referéndum, es una parte de esa verdad a medias en que nos hemos instalado.”

En el fondo… siempre nos han mentido… a cambio de unas migas de pan y mucho circo… y una gran cantidad de cómplices pasivos que se dejan engañar una y otra vez. Tal vez seamos nosotros los siguientes.

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Analista político, experto en comunicación institucional y economista

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